Jauretche cuenta la escuela
El pensamiento y la prosa de Arturo Jauretche (1901-1974), atraviesan la
historia, la cultura, la política y los comportamientos argentinos. De su
vasta obra, repartida entre la crítica, la historiografía y la polémica,
hemos elegido dos pasajes, uno de "Los profetas del odio" y otro de
"Pantalones cortos", en donde señala rasgos de la escuela argentina que
aún
hoy pueden ser observados.
"La campana que llamaba a clase era un cotidiano corte entre dos mundos y
la
formación intelectual tuvo así que andar por dos calles distintas a la
vez,
como la rayuela, con las piernas abiertas entre los cuadros. La escuela no
continuaba la vida sino que abría en ella un paréntesis diario. La empiria
del niño, su conocimiento vital recogido en el hogar y en su contorno,
todo
eso era aporte despreciable. La escuela daba la imagen de lo científico;
todo lo empírico no lo era y no podía ser aceptado por ella; aprender no
era
conocer más y mejor, sino seleccionar los conocimientos, distinguiendo
entre
los que pertenecían a "la cultura" que ella suministraba y los que venían
de
un mundo primario que quedaba más allá de la puerta... Era la preferencia
de
Sarmiento por la montura inglesa, olvidando que el recado era una creación
empírica nacida del medio y las circunstancias. Este desencuentro entre la
escuela y la vida producía un desdoblamiento en la personalidad del niño:
ante los mayores y los maestros, se esmeraba en parecer un escolar cien
por
cien; frente a sus compañeros y fuera de los límites de la escuela,
defendía
su yo en una posición hostil a lo escolar, como un pequeño Frégoli que
estuviera cambiándose constantemente el paquete traje de los domingos y
las
ropitas de entrecasa"
Arturo Jauretche, "Los profetas del odio"
"La escuela nos enseñó una botánica y una zoología técnica con criptógamas
y
fanerógamas, vertebrados e invertebrados, pero nada nos dijo de la
botánica
y la zoología que teníamos por delante. Sabíamos del ornitorrinco, por la
escuela y del baobab por Salgari, pero nada de bagualas ni de vacunos
guampudos e ignorábamos el chañar, que fue la primera designación del
pueblo
hasta que le pusieron el nombre suficientemente culto de Lincoln... ¿Cómo
extrañar entonces que mirásemos despectivamente a las cigüeñas de nuestros
bañados, al compararlas con las muy literarias y europeas que anidan en
las
torres de las iglesias? ¿Cómo comparar al indígena zorro, que acabamos de
trampear, con el respetable 'Maitre Renard' mencionado en la escuela? De
esa
formación han salido luego las navidades con nieve y los Papás Noel de
nuestros niños y las primaveras abrileñas de nuestros poetastros"
"Nunca se nos habó de la laguna del Chancho, donde íbamos a bañarnos y a
pescar en las siestas robadas y en las rabonas, como tampoco de la laguna
de
los Gómez o Mar Chiquita, más allá, cerca de Junín, que nunca supimos que
se
llamó 'Federación' y su pago 'El Petroso'." ... "El pueblo había sido
treinta años antes territorio ranquelino, pero la escuela ignoraba
oficialmente a los ranqueles. Debo a Búfalo Bill y a las primeras
películas
de cowboys mi primera noticia de los indios norteamericanos. Esos eran
indios y no esos ranqueles indignos de la enseñanza normalista."
Arturo Jauretche, "Pantalones cortos"


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