Detrás de las cifras
15/04/08
Por Néstor Sappietro
(APe).- Las cifras cuentan la mitad de la historia.
Uno reproduce guarismos, estadísticas, estudios, y en todos los casos
siente
el desconsuelo de estar escribiendo una y otra vez la misma crónica. Una y
otra vez aparecen números haciendo diagnósticos sobre los índices de
mortalidad infantil, la tasa de desocupación o el porcentaje de jóvenes
que
viven en situación de pobreza. Una y otra vez quien escribe estas crónicas
siente que el futuro se desdibuja y que los números no alcanzan parar
dimensionar el menosprecio.
Esta vez el estudio llega desde el departamento Victoria, en la provincia
de
Entre Ríos; y cuenta que se detectaron más de 200 casos de desnutrición
entre pibes mayores de un mes y menores de 14 años.
Allí están las cifras, alertando sobre el asesinato de la infancia.
Los diagnósticos y las evaluaciones de los profesionales son contundentes,
los niños afectados alcanzan alrededor del 22 por ciento de los pacientes
pediátricos internados y entre el 14 y el 18 por ciento de los menores de
14
años. La situación es más grave aún si tenemos en cuenta que tan sólo se
evaluaron los 234 pibes que hicieron la consulta ambulatoria de manera
espontánea. El número real de desnutridos sería mucho mayor si la
evaluación
se hubiera hecho casa por casa.
Las cifras cuentan la mitad de la historia.
Nada nos dicen acerca de la angustia de los padres de esos 234 pibes. No
nos
cuentan de la impotencia que se siente cuando el trabajo se ausenta,
cuando
la changa no aparece, cuando el futuro no tiene ningún color. Nada dicen
de
la desesperación de la mesa vacía, del llanto ahogado en la obligación de
mostrarse fuerte a pesar de todo.
Las cifras son el frío muestrario del abandono. Está claro que no alcanza
con los planes sociales que en teoría se implementan desde el Estado. Los
pibes precisan que a los padres les devuelvan la dignidad de un trabajo
para
poblar las mesas.
César Etchart, integrante del equipo de profesionales que realizó la
evaluación, señala que "a pesar de los recursos invertidos, la cantidad de
niños desnutridos -muchos de ellos concentrados en familias de alto riesgo
social- no se ha resuelto. Ni siquiera se ha logrado mitigar la critica
situación: el 55,5 por ciento de los niños asistidos por planes y
programas
nutricionales no modificó su estado de desnutrición".
Más cifras y más porcentajes, y esta sensación de escribir una crónica
repetida.
Y es que la cuestión no está en contar el número de pibes desnutridos.
Sabemos que las consecuencias de la desnutrición son irreparables, y más
aún
en los menores de dos años. Sabemos de las secuelas, de los problemas de
desarrollo, de aprendizaje, de estatura, de masa muscular. Sabemos de las
deficiencias inmunológicas. Nosotros lo sabemos, y ellos, los responsables
de que esto siga pasando también lo saben. Tienen diagnósticos de sobra.
Es
tiempo de que empiecen a sanar tanto estómago vacío o mal nutrido.
Por eso, uno siente que las cifras no alcanzan y aparece la necesidad de
ver
cada uno de esos rostros, de conocer cada una de esas historias que no
pueden develar las estadísticas ni las evaluaciones.
Porque los números no saben ni pueden diagnosticar la dimensión de la
soledad, los guarismos de la angustia, el índice de la desidia, ni la
proporción del desamparo.
Fuente de datos:
Diario El Once Digital - Entre Ríos 03-03-08


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