La CGTA, revisitada
30/04/08
Por Oscar Taffetani
(APe).- Rodolfo Walsh es autor de una conocida carta abierta a la Junta
militar que representó, en 1977, un punto claro de oposición y resistencia
a
los planes de exterminio.
Pero tanto o más importante que aquella Carta fue un texto que redactó
Walsh
en 1968, para la flamante CGT de los Argentinos. Hoy se lo conoce, en los
gremios del país, como el Programa del Primero de Mayo.
De modo que ese 1º de mayo del '68, en lugar del asadito festivo y del
saludo ritual al "primer trabajador" que acostumbraban los peronistas,
aquella joven confederación sindical prefirió hundir la pala en la memoria
de las luchas obreras y extraer de allí sus verdades y su pensamiento.
"Los invitamos -decía el Mensaje- a que nos acompañen en un examen de
conciencia, una empresa común y un homenaje a los forjadores, a los héroes
y
los mártires de la clase trabajadora..."
"La situación del país no puede ser otra que un espejo de la nuestra. El
índice de mortalidad infantil es cuatro veces superior al de los países
desarrollados, veinte veces superior en zonas de Jujuy donde un niño de
cada
tres muere antes de cumplir un año de vida. (...) Más de la mitad de la
población está parasitada por la anquilostomiasis en el litoral norteño;
el
cuarenta por ciento de los chicos padecen de bocio en Neuquen; la
tuberculosis y el mal de Chagas causan estragos por doquier..."
"No queda ciudad en la República sin su cortejo de villas miserias donde
el
consumo de agua y energía eléctrica es comparable al de las regiones
interiores del África..."
"Agraviados en nuestra dignidad, heridos en nuestros derechos, despojados
de
nuestras conquistas, venimos a alzar en el punto donde otros las dejaron,
viejas banderas de la lucha..."
"La historia del movimiento obrero, nuestra situación concreta como clase
y
la situación del país nos llevan a cuestionar el fundamento mismo de esta
sociedad: la compraventa del trabajo y la propiedad privada de los medios
de
producción. (...) La propiedad sólo debe existir en función social. (...)
Los trabajadores, auténticos creadores del patrimonio nacional, tenemos
derecho a intervenir no solo en la producción sino en la administración de
las empresas y la distribución de los bienes. (...) Sólo una profunda
reforma agraria, con las expropiaciones que ella requiera, puede
efectivizar
el postulado de que la tierra es de quien la trabaja..."
En otro pasaje, el texto de la CGTA cita a Amado Olmos, un dirigente del
gremio de la Sanidad y militante de la Resistencia: "Hay dirigentes -dijo
Olmos- que han adoptado las formas de vida, los automóviles, las casas,
las
inversiones y los gustos de la oligarquía a la que dicen combatir. Desde
luego con una actitud de ese tipo no pueden encabezar a la clase
obrera..."
"La CGT de los Argentinos -previene- no ofrece a los trabajadores un
camino
fácil, un panorama risueño, una mentira más. Ofrece a cada uno un puesto
de
lucha".
Nunca nos había resultado tan fácil -confesamos- escribir una columna de
opinión sobre el Primero de Mayo. La escribió Walsh por nosotros. O mejor
dicho: la escribieron los compañeros de la CGT de los Argentinos,
herederos
de los que habían redactado, años antes, el primer documento de Huerta
Grande; herederos éstos de los trabajadores socialistas y anarquistas que
trajeron a la Argentina la saludable costumbre de conmemorar el Primero de
Mayo; herederos ellos, por su parte, de los Mártires de Chicago de 1886,
quienes relanzaron, a su modo, el grito imborrable de un esclavo tracio
llamado Espartaco, quien desafió a Roma y al Imperio allá por el siglo X
antes de Cristo.
Con semejante historia y semejante tradición sobre las espaldas, sólo un
necio, un arribista o un traidor podría equivocarse.


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