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«El terrorismo de Estado en Colombia»

by "Shaman" <shaman91@[EMAIL PROTECTED] > May 8, 2008 at 12:48 AM

«El terrorismo de Estado en Colombia»
**** Ignacio Ramonet

A continuación presentamos el prólogo de Ignacio Ramonet que acompaña al 
libro del investigador colombiano en su versión francesa que ha sido 
publicado recientemente bajo el título: Colombia, detrás de la cortina de 
humo, historia del terrorismo de Estado. El libro será presentado hoy 
miércoles 7 de mayo en la ciudad de Ginebra, Suiza.
7 de mayo de 2008

Según la historia, a partir de la segunda mitad del siglo XIX existen en 
Colombia dos partidos políticos, el Liberal y el Conservador. No es falso.

Pero ello no es suficiente. En realidad, desde esa época, el país está 
dividido entre aquellos que lo poseen todo y aquellos que nada tiene.

No entraré en los detalles de la tragedia colombiana, que Hernando Calvo 
Ospina desarrolla aquí ampliamente y con gran talento. A modo de 
introducción, me contentaré con recordar algunos hechos significativos, 
emblemáticos de esta penosa historia.

Elegido al Congreso en 1929, el liberal Jorge Eliécer Gaitán decidió 
combatir a lo que él llamó la oligarquía: los ricos de ambos partidos. Con

el paso del tiempo sus discursos se hacen incendiarios. Desde la tribuna,
en 
mangas de camisa, él remata sus arengas con "¡Contra la oligarquía, a la 
carga!". A pesar de ello, aboga **** un cambio pacífico. Cuando se le daba 
como favorito a la presidencia de la república, el 9 de abril de 1948 es 
asesinado en Bogotá.

Un detalle insólito: La ley estadounidense permite a sus ciudadanos 
examinar, después de ciertos años, los do***entos que poseen organismos 
públicos como la CIA, el FBI, o el Departamento de Estado. La CIA tiene 
información sobre la muerte de Gaitán pero hasta el día de hoy se niega a 
revelarla.

El asesinato de Gaitán provoca una insurrección generalizada -que
Wa****ngton 
atribuye al "comunismo internacional"-, y una guerra civil a la que se ha 
llamado "La época de la violencia" (1948-1957): unos 300 mil muertos
quedan 
tirados en los campos. En ese tiempo de horror y Apocalipsis los liberales
y 
comunistas, señalados como objetivo, son destinados al suplicio.

Como complemento del poder, políticos y terratenientes utilizan a policías

que, en uniforme o en civil, demuestran una crueldad sin límite. Se les 
conoce como chulavitas. También a sueldo de los mismos, los llamados
pájaros 
van "volando" de región en región haciendo del terror su compañera.

Condenados a muerte, casi vencidos, y dispersos en un primer tiempo, los 
opositores entienden que una lucha gigantesca ha empezado. Han sido 
abofeteados, tratados de hez de la sociedad, perseguidos como a vagabundos

im****tunos. Los miles de miserables que no poseen nada, y para quienes el 
respeto a la vida y un pedazo de tierra es suficiente, se suman a otros 
perseguidos que, armados de escopetas y machetes, se están organizando en 
incipientes grupos. Esos, que en realidad sólo tratan de subsistir y 
defender la vida de sus pequeñas comunidades, ahora van a combatir. 
Influidos **** la revolución cubana, varios intelectuales y estudiantes los

apoyan.

En 1964, para acabar con esta revuelta, la de esa guerrilla de campesinos 
insumisos a los cuales se les denominó "moscovitas", Estados Unidos dona
300 
millones de dólares, envía asesores y armamento. Se implementa la
Operación 
Marquetalia. En 1999, Estados Unidos a****tó 1.600 millones de dólares para

impulsar el llamado "Plan Colombia". Hasta el 2006 ya había gastado 4 mil 
millones de dólares en el Plan. Sin más resultados que en 1964.

Se sigue diciendo que la inmensidad de las llanuras, los obstáculos 
naturales, la presencia de selvas inexploradas, hace imposible aniquilar a

los guerrilleros. Pero no a la población civil.

Al año siguiente, 1965, para luchar contra esos "subversivos", los 
consejeros militares estadounidenses sugieren la creación de
organizaciones 
civiles armadas. Ya no se les llama pájaros o chulavitas, sino 
 "autodefensas", legalmente reconocidas.

En una fecha tan lejana como es el 2 de septiembre de 1958, esos
campesinos 
guerrilleros le hacían llegar una carta al presidente Alberto Lleras 
Camargo: « la lucha armada no nos interesa, y estamos dispuestos a
colaborar 
**** todas las vías a nuestro alcance en la empresa pacificadora que
decidió 
llevar este gobierno. » Entre los firmantes, Manuel Marulanda Vélez,
actual 
jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.

En carta al Parlamento, con fecha del 20 de julio de 1984, y mientras 
negociaban con el presidente Belisario Betancur, las FARC anuncian el 
lanzamiento de un movimiento político nacional, la Unión Patriótica, UP.
La 
intención de esa guerrilla era, junto a otros partidos y movimientos 
democráticos, ir ingresando a la vida política legal. Este trabajo de 
Hernando Calvo Ospina cuenta en detalle cual fue su destino. Una tragedia 
para tres mil militantes, simpatizantes y dirigentes de la UP, víctimas de

escuadrones paramilitares... Pocos, realmente, pertenecían a las FARC. Una

intransigencia política total de la clase dirigente.

Se dice que Colombia constituye una excepción notable en América Latina: 
sólo ha vivido cinco golpes de Estado desde su independencia de la Corona 
española. En 1958 se depuso al general Gustavo Rojas Pinilla, y desde 
entonces el gobierno ha estado siempre en manos de civiles. Rige cierto 
modelo democrático. Sin embargo, tan solo en cuatro años fueron asesinados

cuatro candidatos a la presidencia: Jaime Pardo Leal (1987), Luis Carlos 
Galán (1989), Carlos Pizarro y Bernardo Jaramillo (1990). Con sus 
particularidades, todos reclamaban reformas. Extraña concepción de lo que
es 
una democracia...

Es que, sobrealimentados y avaros, incapaces de confrontar la realidad, 
ricos y poderosos piensan que los civilizados dignos de ese nombre pueden,

para reducir y acabar con los "bárbaros", utilizar bárbaros más bárbaros
que 
ellos. Así lanzan las hordas de paramilitares, que son las mismas 
"autodefensas", y les permiten que hagan alianza con los barones de la 
cocaína para que ayuden a financiar "su" guerra. Las Fuerzas Armadas los 
convierte en parte de su cuerpo, corazón y alma. **** eso los equipa, los 
instruye, los informa, los apoya... Con el pláceme de un gran sector de la

clase política y de los gremios económicos.

Los paramilitares se ensañan con la población civil rural. Sistemática y 
calculadamente van acabando con la oposición política legal. Así estos
seudo 
clandestinos, que se hacen llamar Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, 
bajan uno a uno todos los escalones que separan lo humano de la bestia. El

terror tiene que golpear en el corazón de quien pueda ser enemigo en 
potencia. Asesina a uno y asustarás a mil.

En diciembre de 1997, el presidente Ernesto Sámper Pizano anuncia la 
creación de un "bloque especial de búsqueda" para capturar a los jefes 
paramilitares. Promete que esos grupos "serán perseguidos hasta en el 
infierno." Todo queda en intenciones. Tres años después, Phil Chicola,
jefe 
de la oficina de Asuntos Andinos en el Departamento de Estado, estima que 
"según la ley de Estados Unidos, estos grupos deben cometer actos que 
amenazan los intereses nacionales estadounidenses para poder ser incluidos

formalmente en la lista [de grupos terroristas]." [1] En cambio, en 1982
el 
embajador estadounidense en Bogotá, Lewis Tambs, sin pruebas, trató de 
"narcoguerrilla" a las FARC. **** decisión del presidente George W. Bush,
esa 
guerrilla y el otro grupo insurgente, el Ejército de Liberación Nacional, 
ELN, se convierten en "narcoterroristas" después del 11 de septiembre
2001. 
Dos pesos, dos medidas.

¿"Narcoguerrilla"? ¿"Narcoterroristas"? ¿Ex revolucionarios descarriados? 
Provocando el empobrecimiento de im****tantes sectores de la población, los

sucesivos gobiernos han favorecido el cultivo de la coca y las actividades

ligadas al tráfico de cocaína. Pero son muchos los que tienen las manos 
metidas en el "negocio": los militares, bastantes políticos de derecha y
los 
sectores económicos. Bien metidas las tienen los paramilitares. Y aunque
en 
una muy mínima medida, algún sector de la guerrilla también se ha untado
con 
el pretexto de ayudar a financiar la causa.

Me conformaré con citar las palabras de Daniel García Peña, quien en 1997 
dirigió una Comisión exploratoria para definir los términos y condiciones
de 
posibles conversaciones de paz, bajo la presidencia de S

Sámper: "El discurso mil veces repetido sobre una guerrilla sin ideales y 
convertida en organización mafiosa es falso. Se trata de una organización 
político-militar que, como la guerra cuesta caro, impone su impuesto 
revolucionario sobre la cosecha [de coca], pero no tiene ninguna 
participación en el tráfico. Si se tratara de un cartel, no tomaría
pueblos 
ni adelantaría operaciones militares." Un poco más tarde, el 18 de mayo de

2003, el enviado especial del secretario general de Naciones Unidas, James

Lemoyne, afirma: "La columna vertebral de la principal guerrilla del país
se 
compone de personas comprometidas ideológicamente."

Todo conflicto político se termina en una mesa de negociaciones. Y **** qué

no, ya que son necesarias, con reformas sociales. Eso no sucede en
Colombia. 
Con un empecinamiento en extremo sorprendente, cada gobierno le ha
declarado 
la guerra a las guerrillas; ha multiplicado los gastos militares; les ha 
subido el sueldo a las Fuerzas Armadas... Y cada presidente, desde
mediados 
de la década de los sesenta, ha prometido acabar con la guerrilla antes
del 
final de su mandato. Para constatar, al partir, ¡qué la oposición armada
es 
más fuerte que cuatro años antes! La injusticia social la ha nutrido. Y, 
también, sin duda, la represión indiscrimada y ciega.

Nada. Aquí nada se debe al azar. La "limpieza" política realizada **** el 
ejército y los paramilitares ha vaciado de campesinos pobres a muchas 
regiones colombianas. Hombres y mujeres que cometieron uno de estos 
 "errores", o todos juntos: vivieron en territorios inmensamente ricos; se

organizaron para exigir sus derechos; militaron o dieron su voto a 
formaciones políticas de oposición; o quizás -quizás- simpatizaron con las

guerrillas. Sus tierras pasaron a manos de terratenientes, jefes 
paramilitares, y de representantes de poderosos intereses económicos.

El azar no existe. En 1997, evocando el futuro de las relaciones
comerciales 
entre Colombia y Estados Unidos, el embajador estadounidense Myles
Frechette 
declaraba: "Mi gobierno invita con insistencia al gobierno colombiano a
que 
abra lo más ampliamente posible el mercado de las telecomunicaciones en el

marco de la ley colombiana, o de ser necesario que cambie la ley para 
adoptar las reglas adecuadas y efectivas de competencia." [2] Luego
reclamó 
lo mismo para el petróleo, la energía y la agricultura. Dos años más
tarde, 
una de las exigencias de la enmienda al Plan Colombia que imponen algunos 
senadores estadounidenses, es que se les dé la prioridad a las inversiones

extranjeras, y en particular al sector de la industria petrolera. El 
Consortium US Columbia Business Partner****p -Occidental Petroleum Company,

BP, Caterpillar, Bechtel & Pfizer- defendía con toda fuerza la adopción
del 
Plan.

Todo fue aceptado. Y más: las Fuerzas Armadas y sus paramilitares se 
encargaron, con el apoyo del Plan y de los asesores estadounidenses, de 
incrementar el vaciado de campesinos e indígenas en las extensas zonas 
petroleras.

Dando también entera satisfacción a quienes "ordenan", el presidente
Álvaro 
Uribe Vélez, "negocia" desde el 2006 un Tratado de Libre Comercio con 
Wa****ngton. Su firma será como un asesinato a la economía colombiana...

Este mismo presidente le ofrece una reinserción "suave" a los
paramilitares. 
Wa****ngton no se opone, aunque ya los tiene incluidos en su lista de 
organizaciones terroristas. Al contrario, sus diplomáticos participan en 
varios actos públicos con jefes paramilitares, cuya extradición pide su 
gobierno **** narcotráfico. Es que no sólo han masacrado poblaciones: los 
paramilitares se han convertido en el cartel de droga más poderoso de 
Colombia. Wa****ngton se contenta con hacer es****ádicas declaraciones. Los 
paramilitares no han atacado ni el mínimo de sus intereses estratégicos en

Colombia: los han cuidado como si fueran suyos.

Entonces el presidente Uribe Vélez ha tenido manos libres para firmar la
ley 
de Justicia y Paz, 21 de junio de 2005. Esta les otorga a los "paras", 
también acusados de crímenes de lesa humanidad, una casi impunidad, la 
legalización de sus fortunas y una jubilación dorada. A pesar de que en 
cuatro años, desde que firmaron un "cese al fuego" el 15 de julio de 2003,

hayan cometido unos 3 mil asesinatos más.

Pero, ¿este gobierno hubiera podido ser menos bondadoso con el 
paramilitarismo? Fue este gobierno, como los que le precedieron, quien 
derramó esa plaga sobre el pueblo. Fue el Estado quien formó, fomentó,
animó 
y protegió al paramilitarismo. ****que el paramilitarismo es una estrategia

estatal, avalada y apoyada **** Wa****ngton, para el beneficio de los 
poderosos conglomerados económicos. Han sido aliados en la destrucción y
la 
muerte para compartir el botín.

Pero se dejó que los paramilitares se convirtieran en poderosos señores de

la guerra. Y esos jefes mafiosos, que casi ni aceptan el mínimo castigo, y

menos aún ser los únicos en cargar con toda la culpabilidad, lanzan una 
amenaza a quienes los criaron y dirigieron: si la justicia se "encarniza" 
con ellos, podrían revelar sus inmensos secretitos.

A partir de do***entos confiscados a uno de ellos, "Jorge 40", marzo 2006,

se llevó a cabo la detención de varios diputados y senadores de la costa 
atlántica, todos ligados a los partidos que apoyan al presidente Uribe 
Vélez. Desde ese momento el fuego se extendió sobre hierba seca, ****que 
comenzó el escándalo conocido como la "Parapolítica". **** culpa de su
padre 
y hermano, inculpados de relaciones con los paramilitares, la ministra de 
Relaciones Exteriores, Maria Consuelo Araujo, ha debido renunciar. **** las

mismas razones Jorge Noguera, ex jefe de la policía política -Departamento

Administrativo de Seguridad, DAS, que depende de la presidencia de la 
República-, uno de los protegidos del presidente, fue encarcelado.

Son unas muestras. Pero la lista que señala acusadoramente a la clase 
política tradicional colombiana, en especial a los aliados del presidente 
Uribe Vélez, es muy grande. La hecatombe judicial continúa, y toca a 
senadores, diputados y muchos altos funcionarios de Estado. Sin dejar **** 
fuera a mandos militares y de policía.

Cierta cantidad de "personalidades" tiene cada día más dificultad en
tragar 
saliva. Han descubierto que el perro que los cuidaba ayer, los amenaza
hoy. 
Para impedir posibles revelaciones, 59 jefes paramilitares fueron 
trasladados, de repente, del centro vacacional donde habían sido 
concentrados, hacia una prisión de alta seguridad. Entonces anunciaron, el
7 
de diciembre 2006, que consideraban el "proceso de paz" como terminado. El

presidente Uribe dice que debe seguir.

Acorralado **** las constantes revelaciones, el presidente Uribe responde
con 
ataques, y se ensaña en quienes no debe. Acusa a los movimientos de
defensa 
de los derechos humanos y a la izquierda legal, como al Polo Democrático 
Alternativo, de pactar "con los terroristas". Parece que no le im****ta que

con ello haga correr a sus miembros inmensos peligros: Al menos que sea
algo 
deliberado. Desde hace algunos meses nuevos escuadrones de la muerte
surgen 
**** todo el país, que ya amenazan y van asesinando a los opositores...

Sin parar la arremetida, el jefe de Estado se fue contra la Corte Suprema
de 
Justicia. Su presidente, Cesar Julio Valencia, se vio obligado a
reaccionar 
en octubre 2007, rechazando acusaciones de Uribe Vélez. Le dijo al 
presidente que con ellas pretendía obstruir la acción de la justicia, en
el 
cuadro de las investigaciones adelantadas sobre "parapolítica". Es que los

jueces estaban pisando huellas profundas de las relaciones existentes
entre 
jefes narco-paramilitares y demasiados parlamentarios: 17 presos y más de
40 
judicializados, todos pertenecientes a grupos políticos pro-Uribe. Sin 
contar a gobernadores y alcaldes presos "uribistas".

No cabe duda que apenas comienza el forcejeo. ¿Quién sabe si las
im****tantes 
revelaciones hechas en este libro **** Hernando Calvo Ospina, sobre los 
mecanismos del terrorismo de Estado en Colombia, no serán a corto o
mediano 
plazo confirmadas **** los propios implicados? **** tanto este trabajo es 
sumamente valioso. Más aun, su atenta lectura es indispensable para
entender 
la tragedia del pueblo colombiano.

En castellano:
«Colombia, laboratorio de embrujos. Democracia y terrorismo de Estado».
Editorial Akal-Foca. Madrid. «El terrorismo de Estado en Colombia».
Fundación Editorial El Perro y la Rana. Caracas.
En francés:
Colombie, derrière le rideau de fumée, histoire du terrorisme d'État. 
Editeur: Le temps des cerises, París.
Notas:
[1] El Tiempo, Bogota, 1 de mayo 2000.
[2] Apolinar Díaz Callejas, «Colombia bajo doble fuego: crisis interior y 
señorío de EE UU». Papeles de cuestiones internationales, N° 62, Madrid, 
1997.
 




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«El terrorismo de Estado en Colombia»
"Shaman" <sh  2008-05-08 00:48:47 

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