«El terrorismo de Estado en Colombia»
**** Ignacio Ramonet
A continuación presentamos el prólogo de Ignacio Ramonet que acompaña al
libro del investigador colombiano en su versión francesa que ha sido
publicado recientemente bajo el título: Colombia, detrás de la cortina de
humo, historia del terrorismo de Estado. El libro será presentado hoy
miércoles 7 de mayo en la ciudad de Ginebra, Suiza.
7 de mayo de 2008
Según la historia, a partir de la segunda mitad del siglo XIX existen en
Colombia dos partidos políticos, el Liberal y el Conservador. No es falso.
Pero ello no es suficiente. En realidad, desde esa época, el país está
dividido entre aquellos que lo poseen todo y aquellos que nada tiene.
No entraré en los detalles de la tragedia colombiana, que Hernando Calvo
Ospina desarrolla aquí ampliamente y con gran talento. A modo de
introducción, me contentaré con recordar algunos hechos significativos,
emblemáticos de esta penosa historia.
Elegido al Congreso en 1929, el liberal Jorge Eliécer Gaitán decidió
combatir a lo que él llamó la oligarquía: los ricos de ambos partidos. Con
el paso del tiempo sus discursos se hacen incendiarios. Desde la tribuna,
en
mangas de camisa, él remata sus arengas con "¡Contra la oligarquía, a la
carga!". A pesar de ello, aboga **** un cambio pacífico. Cuando se le daba
como favorito a la presidencia de la república, el 9 de abril de 1948 es
asesinado en Bogotá.
Un detalle insólito: La ley estadounidense permite a sus ciudadanos
examinar, después de ciertos años, los do***entos que poseen organismos
públicos como la CIA, el FBI, o el Departamento de Estado. La CIA tiene
información sobre la muerte de Gaitán pero hasta el día de hoy se niega a
revelarla.
El asesinato de Gaitán provoca una insurrección generalizada -que
Wa****ngton
atribuye al "comunismo internacional"-, y una guerra civil a la que se ha
llamado "La época de la violencia" (1948-1957): unos 300 mil muertos
quedan
tirados en los campos. En ese tiempo de horror y Apocalipsis los liberales
y
comunistas, señalados como objetivo, son destinados al suplicio.
Como complemento del poder, políticos y terratenientes utilizan a policías
que, en uniforme o en civil, demuestran una crueldad sin límite. Se les
conoce como chulavitas. También a sueldo de los mismos, los llamados
pájaros
van "volando" de región en región haciendo del terror su compañera.
Condenados a muerte, casi vencidos, y dispersos en un primer tiempo, los
opositores entienden que una lucha gigantesca ha empezado. Han sido
abofeteados, tratados de hez de la sociedad, perseguidos como a vagabundos
im****tunos. Los miles de miserables que no poseen nada, y para quienes el
respeto a la vida y un pedazo de tierra es suficiente, se suman a otros
perseguidos que, armados de escopetas y machetes, se están organizando en
incipientes grupos. Esos, que en realidad sólo tratan de subsistir y
defender la vida de sus pequeñas comunidades, ahora van a combatir.
Influidos **** la revolución cubana, varios intelectuales y estudiantes los
apoyan.
En 1964, para acabar con esta revuelta, la de esa guerrilla de campesinos
insumisos a los cuales se les denominó "moscovitas", Estados Unidos dona
300
millones de dólares, envía asesores y armamento. Se implementa la
Operación
Marquetalia. En 1999, Estados Unidos a****tó 1.600 millones de dólares para
impulsar el llamado "Plan Colombia". Hasta el 2006 ya había gastado 4 mil
millones de dólares en el Plan. Sin más resultados que en 1964.
Se sigue diciendo que la inmensidad de las llanuras, los obstáculos
naturales, la presencia de selvas inexploradas, hace imposible aniquilar a
los guerrilleros. Pero no a la población civil.
Al año siguiente, 1965, para luchar contra esos "subversivos", los
consejeros militares estadounidenses sugieren la creación de
organizaciones
civiles armadas. Ya no se les llama pájaros o chulavitas, sino
"autodefensas", legalmente reconocidas.
En una fecha tan lejana como es el 2 de septiembre de 1958, esos
campesinos
guerrilleros le hacían llegar una carta al presidente Alberto Lleras
Camargo: « la lucha armada no nos interesa, y estamos dispuestos a
colaborar
**** todas las vías a nuestro alcance en la empresa pacificadora que
decidió
llevar este gobierno. » Entre los firmantes, Manuel Marulanda Vélez,
actual
jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.
En carta al Parlamento, con fecha del 20 de julio de 1984, y mientras
negociaban con el presidente Belisario Betancur, las FARC anuncian el
lanzamiento de un movimiento político nacional, la Unión Patriótica, UP.
La
intención de esa guerrilla era, junto a otros partidos y movimientos
democráticos, ir ingresando a la vida política legal. Este trabajo de
Hernando Calvo Ospina cuenta en detalle cual fue su destino. Una tragedia
para tres mil militantes, simpatizantes y dirigentes de la UP, víctimas de
escuadrones paramilitares... Pocos, realmente, pertenecían a las FARC. Una
intransigencia política total de la clase dirigente.
Se dice que Colombia constituye una excepción notable en América Latina:
sólo ha vivido cinco golpes de Estado desde su independencia de la Corona
española. En 1958 se depuso al general Gustavo Rojas Pinilla, y desde
entonces el gobierno ha estado siempre en manos de civiles. Rige cierto
modelo democrático. Sin embargo, tan solo en cuatro años fueron asesinados
cuatro candidatos a la presidencia: Jaime Pardo Leal (1987), Luis Carlos
Galán (1989), Carlos Pizarro y Bernardo Jaramillo (1990). Con sus
particularidades, todos reclamaban reformas. Extraña concepción de lo que
es
una democracia...
Es que, sobrealimentados y avaros, incapaces de confrontar la realidad,
ricos y poderosos piensan que los civilizados dignos de ese nombre pueden,
para reducir y acabar con los "bárbaros", utilizar bárbaros más bárbaros
que
ellos. Así lanzan las hordas de paramilitares, que son las mismas
"autodefensas", y les permiten que hagan alianza con los barones de la
cocaína para que ayuden a financiar "su" guerra. Las Fuerzas Armadas los
convierte en parte de su cuerpo, corazón y alma. **** eso los equipa, los
instruye, los informa, los apoya... Con el pláceme de un gran sector de la
clase política y de los gremios económicos.
Los paramilitares se ensañan con la población civil rural. Sistemática y
calculadamente van acabando con la oposición política legal. Así estos
seudo
clandestinos, que se hacen llamar Autodefensas Unidas de Colombia, AUC,
bajan uno a uno todos los escalones que separan lo humano de la bestia. El
terror tiene que golpear en el corazón de quien pueda ser enemigo en
potencia. Asesina a uno y asustarás a mil.
En diciembre de 1997, el presidente Ernesto Sámper Pizano anuncia la
creación de un "bloque especial de búsqueda" para capturar a los jefes
paramilitares. Promete que esos grupos "serán perseguidos hasta en el
infierno." Todo queda en intenciones. Tres años después, Phil Chicola,
jefe
de la oficina de Asuntos Andinos en el Departamento de Estado, estima que
"según la ley de Estados Unidos, estos grupos deben cometer actos que
amenazan los intereses nacionales estadounidenses para poder ser incluidos
formalmente en la lista [de grupos terroristas]." [1] En cambio, en 1982
el
embajador estadounidense en Bogotá, Lewis Tambs, sin pruebas, trató de
"narcoguerrilla" a las FARC. **** decisión del presidente George W. Bush,
esa
guerrilla y el otro grupo insurgente, el Ejército de Liberación Nacional,
ELN, se convierten en "narcoterroristas" después del 11 de septiembre
2001.
Dos pesos, dos medidas.
¿"Narcoguerrilla"? ¿"Narcoterroristas"? ¿Ex revolucionarios descarriados?
Provocando el empobrecimiento de im****tantes sectores de la población, los
sucesivos gobiernos han favorecido el cultivo de la coca y las actividades
ligadas al tráfico de cocaína. Pero son muchos los que tienen las manos
metidas en el "negocio": los militares, bastantes políticos de derecha y
los
sectores económicos. Bien metidas las tienen los paramilitares. Y aunque
en
una muy mínima medida, algún sector de la guerrilla también se ha untado
con
el pretexto de ayudar a financiar la causa.
Me conformaré con citar las palabras de Daniel García Peña, quien en 1997
dirigió una Comisión exploratoria para definir los términos y condiciones
de
posibles conversaciones de paz, bajo la presidencia de S
Sámper: "El discurso mil veces repetido sobre una guerrilla sin ideales y
convertida en organización mafiosa es falso. Se trata de una organización
político-militar que, como la guerra cuesta caro, impone su impuesto
revolucionario sobre la cosecha [de coca], pero no tiene ninguna
participación en el tráfico. Si se tratara de un cartel, no tomaría
pueblos
ni adelantaría operaciones militares." Un poco más tarde, el 18 de mayo de
2003, el enviado especial del secretario general de Naciones Unidas, James
Lemoyne, afirma: "La columna vertebral de la principal guerrilla del país
se
compone de personas comprometidas ideológicamente."
Todo conflicto político se termina en una mesa de negociaciones. Y **** qué
no, ya que son necesarias, con reformas sociales. Eso no sucede en
Colombia.
Con un empecinamiento en extremo sorprendente, cada gobierno le ha
declarado
la guerra a las guerrillas; ha multiplicado los gastos militares; les ha
subido el sueldo a las Fuerzas Armadas... Y cada presidente, desde
mediados
de la década de los sesenta, ha prometido acabar con la guerrilla antes
del
final de su mandato. Para constatar, al partir, ¡qué la oposición armada
es
más fuerte que cuatro años antes! La injusticia social la ha nutrido. Y,
también, sin duda, la represión indiscrimada y ciega.
Nada. Aquí nada se debe al azar. La "limpieza" política realizada **** el
ejército y los paramilitares ha vaciado de campesinos pobres a muchas
regiones colombianas. Hombres y mujeres que cometieron uno de estos
"errores", o todos juntos: vivieron en territorios inmensamente ricos; se
organizaron para exigir sus derechos; militaron o dieron su voto a
formaciones políticas de oposición; o quizás -quizás- simpatizaron con las
guerrillas. Sus tierras pasaron a manos de terratenientes, jefes
paramilitares, y de representantes de poderosos intereses económicos.
El azar no existe. En 1997, evocando el futuro de las relaciones
comerciales
entre Colombia y Estados Unidos, el embajador estadounidense Myles
Frechette
declaraba: "Mi gobierno invita con insistencia al gobierno colombiano a
que
abra lo más ampliamente posible el mercado de las telecomunicaciones en el
marco de la ley colombiana, o de ser necesario que cambie la ley para
adoptar las reglas adecuadas y efectivas de competencia." [2] Luego
reclamó
lo mismo para el petróleo, la energía y la agricultura. Dos años más
tarde,
una de las exigencias de la enmienda al Plan Colombia que imponen algunos
senadores estadounidenses, es que se les dé la prioridad a las inversiones
extranjeras, y en particular al sector de la industria petrolera. El
Consortium US Columbia Business Partner****p -Occidental Petroleum Company,
BP, Caterpillar, Bechtel & Pfizer- defendía con toda fuerza la adopción
del
Plan.
Todo fue aceptado. Y más: las Fuerzas Armadas y sus paramilitares se
encargaron, con el apoyo del Plan y de los asesores estadounidenses, de
incrementar el vaciado de campesinos e indígenas en las extensas zonas
petroleras.
Dando también entera satisfacción a quienes "ordenan", el presidente
Álvaro
Uribe Vélez, "negocia" desde el 2006 un Tratado de Libre Comercio con
Wa****ngton. Su firma será como un asesinato a la economía colombiana...
Este mismo presidente le ofrece una reinserción "suave" a los
paramilitares.
Wa****ngton no se opone, aunque ya los tiene incluidos en su lista de
organizaciones terroristas. Al contrario, sus diplomáticos participan en
varios actos públicos con jefes paramilitares, cuya extradición pide su
gobierno **** narcotráfico. Es que no sólo han masacrado poblaciones: los
paramilitares se han convertido en el cartel de droga más poderoso de
Colombia. Wa****ngton se contenta con hacer es****ádicas declaraciones. Los
paramilitares no han atacado ni el mínimo de sus intereses estratégicos en
Colombia: los han cuidado como si fueran suyos.
Entonces el presidente Uribe Vélez ha tenido manos libres para firmar la
ley
de Justicia y Paz, 21 de junio de 2005. Esta les otorga a los "paras",
también acusados de crímenes de lesa humanidad, una casi impunidad, la
legalización de sus fortunas y una jubilación dorada. A pesar de que en
cuatro años, desde que firmaron un "cese al fuego" el 15 de julio de 2003,
hayan cometido unos 3 mil asesinatos más.
Pero, ¿este gobierno hubiera podido ser menos bondadoso con el
paramilitarismo? Fue este gobierno, como los que le precedieron, quien
derramó esa plaga sobre el pueblo. Fue el Estado quien formó, fomentó,
animó
y protegió al paramilitarismo. ****que el paramilitarismo es una estrategia
estatal, avalada y apoyada **** Wa****ngton, para el beneficio de los
poderosos conglomerados económicos. Han sido aliados en la destrucción y
la
muerte para compartir el botín.
Pero se dejó que los paramilitares se convirtieran en poderosos señores de
la guerra. Y esos jefes mafiosos, que casi ni aceptan el mínimo castigo, y
menos aún ser los únicos en cargar con toda la culpabilidad, lanzan una
amenaza a quienes los criaron y dirigieron: si la justicia se "encarniza"
con ellos, podrían revelar sus inmensos secretitos.
A partir de do***entos confiscados a uno de ellos, "Jorge 40", marzo 2006,
se llevó a cabo la detención de varios diputados y senadores de la costa
atlántica, todos ligados a los partidos que apoyan al presidente Uribe
Vélez. Desde ese momento el fuego se extendió sobre hierba seca, ****que
comenzó el escándalo conocido como la "Parapolítica". **** culpa de su
padre
y hermano, inculpados de relaciones con los paramilitares, la ministra de
Relaciones Exteriores, Maria Consuelo Araujo, ha debido renunciar. **** las
mismas razones Jorge Noguera, ex jefe de la policía política -Departamento
Administrativo de Seguridad, DAS, que depende de la presidencia de la
República-, uno de los protegidos del presidente, fue encarcelado.
Son unas muestras. Pero la lista que señala acusadoramente a la clase
política tradicional colombiana, en especial a los aliados del presidente
Uribe Vélez, es muy grande. La hecatombe judicial continúa, y toca a
senadores, diputados y muchos altos funcionarios de Estado. Sin dejar ****
fuera a mandos militares y de policía.
Cierta cantidad de "personalidades" tiene cada día más dificultad en
tragar
saliva. Han descubierto que el perro que los cuidaba ayer, los amenaza
hoy.
Para impedir posibles revelaciones, 59 jefes paramilitares fueron
trasladados, de repente, del centro vacacional donde habían sido
concentrados, hacia una prisión de alta seguridad. Entonces anunciaron, el
7
de diciembre 2006, que consideraban el "proceso de paz" como terminado. El
presidente Uribe dice que debe seguir.
Acorralado **** las constantes revelaciones, el presidente Uribe responde
con
ataques, y se ensaña en quienes no debe. Acusa a los movimientos de
defensa
de los derechos humanos y a la izquierda legal, como al Polo Democrático
Alternativo, de pactar "con los terroristas". Parece que no le im****ta que
con ello haga correr a sus miembros inmensos peligros: Al menos que sea
algo
deliberado. Desde hace algunos meses nuevos escuadrones de la muerte
surgen
**** todo el país, que ya amenazan y van asesinando a los opositores...
Sin parar la arremetida, el jefe de Estado se fue contra la Corte Suprema
de
Justicia. Su presidente, Cesar Julio Valencia, se vio obligado a
reaccionar
en octubre 2007, rechazando acusaciones de Uribe Vélez. Le dijo al
presidente que con ellas pretendía obstruir la acción de la justicia, en
el
cuadro de las investigaciones adelantadas sobre "parapolítica". Es que los
jueces estaban pisando huellas profundas de las relaciones existentes
entre
jefes narco-paramilitares y demasiados parlamentarios: 17 presos y más de
40
judicializados, todos pertenecientes a grupos políticos pro-Uribe. Sin
contar a gobernadores y alcaldes presos "uribistas".
No cabe duda que apenas comienza el forcejeo. ¿Quién sabe si las
im****tantes
revelaciones hechas en este libro **** Hernando Calvo Ospina, sobre los
mecanismos del terrorismo de Estado en Colombia, no serán a corto o
mediano
plazo confirmadas **** los propios implicados? **** tanto este trabajo es
sumamente valioso. Más aun, su atenta lectura es indispensable para
entender
la tragedia del pueblo colombiano.
En castellano:
«Colombia, laboratorio de embrujos. Democracia y terrorismo de Estado».
Editorial Akal-Foca. Madrid. «El terrorismo de Estado en Colombia».
Fundación Editorial El Perro y la Rana. Caracas.
En francés:
Colombie, derrière le rideau de fumée, histoire du terrorisme d'État.
Editeur: Le temps des cerises, París.
Notas:
[1] El Tiempo, Bogota, 1 de mayo 2000.
[2] Apolinar Díaz Callejas, «Colombia bajo doble fuego: crisis interior y
señorío de EE UU». Papeles de cuestiones internationales, N° 62, Madrid,
1997.


|