Dos d=EDas despu=E9s del 17 de abril, d=EDa de las elecciones vascas,
Jos=E9 Luis
Rodr=EDguez Zapatero declar=F3 con cierta solemnidad que hab=EDan
"empezado a
correr los plazos para la victoria del di=E1logo ante el enfrentamiento",
lo
que supondr=EDa "la victoria definitiva de la paz y
de la pol=EDtica democr=E1tica frente a la violencia".
El presidente del Gobierno a=F1adi=F3 que estaba dispuesto, respecto de la
desaparici=F3n de ETA, a "llegar hasta el final".
Tres meses antes, el 18 de enero, Le Monde anunciaba en portada que tanto
ETA como Batasuna hab=EDan expresado su voluntad de negociar. La
corresponsal
en Madrid, Martine Silber, recordaba que el 14 de noviembre del 2004,
Arnaldo Otegi --en nombre de la ilegalizada Batasuna-- hab=EDa manifestado
la
conveniencia de abrir "un proceso de
negociaci=F3n, utilizando =FAnicamente las v=EDas pol=EDticas y
democr=E1ticas".
Aun sin condenar expl=EDcitamente la violencia, Otegi exhortaba a los
gobiernos espa=F1ol y franc=E9s a negociar con ETA. M=E1s tarde, Otegi
hab=EDa
enviado una carta p=FAblica a Zapatero aventurando que en el caso de
iniciar
"conversaciones con ETA" podr=EDa "pasar a la historia como el Tony Blair
espa=F1ol".
No menos relevante era el p=E1rrafo en el que el l=EDder de Batasuna
subrayaba
la necesidad de buscar "un acuerdo entre nacionalistas y no nacionalistas"
en un escenario no "independentista".
Por las mismas fechas el plan Ibarretxe desataba los m=E1s sombr=EDos
diagn=F3sticos respecto de la unidad de Espa=F1a
de los componentes del equipo pol=EDtico/medi=E1tico habitual, quienes,
por
cierto, contin=FAan estos d=EDas exhibiendo un sentido de Estado o de
patriotismo --en el m=E1s noble sentido del t=E9rmino-- singularmente
execrable.
En cuanto a ETA, Le Monde destacaba que la banda terrorista
hab=EDa hecho p=FAblica su "disposici=F3n absoluta de di=E1logo".
Todo parece indicar que, a d=EDa de hoy, y salvo acontecimientos
imprevisibles --pero en absoluto descartables, atendida la enorme
complejidad de la situaci=F3n-- los movimientos de fondo siguen
circulando en la buena direcci=F3n: la que podr=EDa conducirnos por fin a
la
paz. Aunque el timing en la pr=E1ctica pueda ser m=E1s lento de lo que
algunos
impacientes imaginan, nos hallamos probablemente a las puertas de una
nueva
negociaci=F3n con ETA por parte del Gobierno espa=F1ol.
Los dos anteriores encuentros, desarrollados bajo el mandato de Felipe
Gonz=E1lez y, a=F1os despu=E9s, de
Jos=E9 Mar=EDa Aznar, se saldaron con la frustraci=F3n del fracaso.
En la pelicula "El hundimiento", que narra los =FAltimos d=EDas de Adolfo
Hitler y sus secuaces, todos refugiados en el b=FAnker, mientras las
tropas
sovi=E9ticas ocupaban gradualmente Berl=EDn, el F=FChrer aparece furioso
cuando
se le pregunta por una posible negociaci=F3n con los aliados para terminar
ya
con una guerra militarmente perdida. Hitler,
bramando, afirma que =E9l ha considerado siempre la palabra negociaci=F3n
como
un concepto maldito.
"=A1Negociar, nunca, nunca!", grita enloquecido.
Hay sectores de la sociedad espa=F1ola --ubicados m=E1s bien
en el espectro conservador, aunque no en exclusiva-- que sufren en
relaci=F3n
con vocablos como conversaciones, di=E1logo o negociaci=F3n una alergia
parecida. La misma o muy semejante alergia debi=F3 de sufrirla el general
Franco al negarse --en las postrimer=EDas de la guerra
civil-- a negociar una paz con condiciones, despreciando as=ED la
propuesta
del coronel Casado y sus seguidores, enfrentados hasta la escisi=F3n o el
golpe de Estado con el Gobierno de Negr=EDn.
Y, sin embargo, dialogar con ETA no s=F3lo no deber=EDa producir rechazos
viscerales, sino que deber=EDa generar un razonable optimismo. ETA ha
perdido
de hecho su guerra por diversas y numerosas causas, entre las
cuales no ha de menospreciarse, sino todo lo contrario, la eficacia de los
cuerpos y fuerzas de la Seguridad del Estado, as=ED como de la polic=EDa
auton=F3mica vasca. Pero el espacio pol=EDtico de ETA, guste o no guste,
cuenta
con m=E1s de 150.000 ciudadanos dispuestos a votar de forma sistem=E1tica
al
partido que --m=E1s all=E1 de sus denominaciones-- consideran que los
representa en cada ocasi=F3n. Es preciso, pues, consolidar la v=EDa de la
pol=EDtica sepultando as=ED la violencia como instrumento pol=EDtico.
=BFHasta donde, sin embargo, la negociaci=F3n? Hasta el final, como
precis=F3
Zapatero. O como ha venido haciendo Blair en el Ulster, aun a sabiendas de
dificultades, contradicciones e inquietantes retrocesos.
Hasta el final, hasta el l=EDmite m=E1s beneficioso en cuestiones como las
de
los presos de ETA y su paulatina liberaci=F3n o la reinserci=F3n de
quienes por
fortuna tendr=E1n que decir adi=F3s a las armas. En este tipo de materias,
cuanto m=E1s generosidad, mejor. M=E1s vale que los presos
salgan a la calle cuando llegue el momento a que corra una sola gota m=E1s
de
sangre provocada por los violentos. El mejor tributo a los muertos, a sus
familiares y a sus amigos no es la venganza --que no resuelve nada ni
resucita a nadie--, sino la definitiva erradicaci=F3n de la violencia.
Nada, en cambio, debe negociarse en el orden pol=EDtico o institucional.
Que combatan en defensa de sus teor=EDas pac=EDficamente y que se sometan
como
el resto de los partidos a la ley suprema de las mayor=EDas y de las
minor=EDas
democr=E1ticamente cuantificadas.
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