El pasado d=C3=ADa 5 de octubre se ***plieron diez a=C3=B1os del
hist=C3=B3rico y
trascendental discurso que pronunci=C3=B3 Juan Pablo II ante la Asamblea
General extraordinaria de las Naciones Unidas, en Nueva York, con motivo
del 50=C2=BA aniversario de su fundaci=C3=B3n, invitado **** su secretario
general,
a la saz=C3=B3n Boutros-Ghali.
Dejemos que =C3=A9l mismo nos hable de nuevo, retomando algunos de los
rasgos
de su discurso, que se definen como b=C3=A1sicos para la convivencia en
paz de
todas las naciones.
"En el umbral de un nuevo milenio somos testigos de c=C3=B3mo aumenta de
manera
extraordinaria y global la b=C3=BAsqueda de la libertad, que es una de las
grandes din=C3=A1micas de la historia del hombre". (Punto 2).
"Es im****tante para nosotros comprender lo que podr=C3=ADamos llamar la
estructura interior de este movimiento mundial. Una primera y fundamental
=E2=80=98clave=E2=80=99 de la misma nos ofrece precisamente su
car=C3=A1cter planetario,
confirmando que existen realmente unos derechos humanos universales,
enraizados en la naturaleza de la persona, en los cuales se reflejan las
exigencias objetivas e imprescindibles de una ley moral universal... Nos
recuerdan que no vivimos en un mundo irracional o sin sentido, sino que,
**** el contrario, hay una l=C3=B3gica moral que ilumina la existencia
humana y
hace posible el di=C3=A1logo entre los hombres y entre los pueblos. Si
queremos
que un siglo de constricci=C3=B3n deje paso a un siglo de persuasi=C3=B3n,
debemos
encontrar el camino para discutir, con un lenguaje comprensivo y
com=C3=BAn,
acerca del futuro del hombre".
"La Declaraci=C3=B3n Universal de los Derechos del Hombre, adoptada en
1948, ha
tratado de manera elocuente de los derechos de las personas, pero
todav=C3=ADa
no hay un an=C3=A1logo acuerdo internacional que afronte de modo adecuado
los
derechos de las naciones. Se trata de una situaci=C3=B3n que debe ser
considerada atentamente, **** las urgentes cuestiones que conlleva acerca
de
la justicia y la libertad en el mundo contem****=C3=A1neo". (6)
"El problema de las nacionalidades se sit=C3=BAa hoy en un nuevo horizonte
mundial, caracterizado **** una fuerte =E2=80=98movilidad=E2=80=99, que
hace los mismos
confines =C3=A9tnico-culturales de los diversos pueblos cada vez menos
definidos, debido al impulso de m=C3=BAltiples dinamismos como las
migraciones,
los medios de comunicaci=C3=B3n social y la mundializaci=C3=B3n de la
econom=C3=ADa.
Sin embargo, en este horizonte de universalidad vemos precisamente surgir
con fuerza la acci=C3=B3n de los particularismos =C3=A9tnico-culturales,
casi como
una necesidad impetuosa de identidad y de supervivencia, una especie de
contrapeso a las tendencias homologadoras. Es un dato que no se debe
infravalorar, como si fuera un residuo del pasado, =C3=A9ste requiere
m=C3=A1s bien
ser analizado, para una reflexi=C3=B3n profunda a nivel antropol=C3=B3gico
y
=C3=A9tico-jur=C3=ADdico". (7)
"Sobre este fundamento antropol=C3=B3gico se apoyan tambi=C3=A9n los
derechos de
las naciones, que no son sino los derechos humanos, considerados a este
espec=C3=ADfico nivel de la vida comunitaria". (7).
"Presupuesto de los dem=C3=A1s derechos de una naci=C3=B3n es ciertamente
su
derecho a la existencia: nadie, pues -un Estado, otra naci=C3=B3n, o una
organizaci=C3=B3n internacional- puede pensar leg=C3=ADtimamente que una
naci=C3=B3n no
sea digna de existir. Este derecho fundamental a la existencia no exige
necesariamente una soberan=C3=ADa estatal, siendo posibles diversas formas
de
agregaci=C3=B3n jur=C3=ADdica entre diferentes naciones, como sucede ****
ejemplo
con los Estados federales, en las Confederaciones, o en Estados
caracterizados **** amplias autonom=C3=ADas regionales. Puede haber
circunstancias hist=C3=B3ricas en las que las agregaciones distintas de
una
soberan=C3=ADa estatal sean incluso aconsejables, pero con la
condici=C3=B3n de que
esto suceda en un clima de verdadera libertad, garantizada **** el
ejercicio
de la autodeterminaci=C3=B3n de los pueblos... Cada naci=C3=B3n tiene
derecho a
construir su propio futuro, pro****cionando a las generaciones j=C3=B3venes
una
educaci=C3=B3n adecuada". (8)
"La libertad es la medida de la dignidad y de la grandeza del hombre... La
libertad posee una l=C3=B3gica interna que la cualifica y ennoblece:
est=C3=A1
ordenada a la verdad y se realiza en la b=C3=BAsqueda y en el ***plimiento
de
la verdad... Separada de la verdad de la persona humana, la libertad decae
en la vida individual en libertinaje y en la vida pol=C3=ADtica en la
arbitrariedad de los m=C3=A1s fuertes y en la arrogancia del poder". (12).
"Bajo esta perspectiva se entiende que el utilitarismo, doctrina que
define
la moralidad no en base a lo que es bueno sino en base a lo que a****ta una
ventaja, sea una amenaza a la libertad de los individuos y de las
naciones,
e impida la construcci=C3=B3n de una verdadera cultura de la libertad. El
utilitarismo tiene consecuencias pol=C3=ADticas a me****o negativas, ****que
inspira un nacionalismo agresivo, en base al cual el someter a una
naci=C3=B3n
m=C3=A1s peque=C3=B1a o m=C3=A1s d=C3=A9bil es considerado como un bien,
simplemente ****que
responde a los intereses nacionales. No menos graves son las consecuencias
del utilitarismo econ=C3=B3mico, que lleva a los pa=C3=ADses m=C3=A1s
fuertes a
condicionar y aprovecharse de los m=C3=A1s d=C3=A9biles". (13)
Con ser =C3=A9ste un discurso de la m=C3=A1s alta trascendentalidad e
im****tancia
para la feliz soluci=C3=B3n, en concordia y paz, de los conflictos
internos de
las Nacionalidades, apenas tuvo eco en la prensa espa=C3=B1ola, ni en la
medi=C3=A1tica ni en la religiosa, con la notable excepci=C3=B3n de la
revista
"Eclessia", que lo public=C3=B3 =C3=ADntegramente en su n=C3=BAmero 2.759,
de 21.10.95.
En verdad, que ni a las autoridades pol=C3=ADticas ni a las
jerarqu=C3=ADas
espa=C3=B1olas religiosas de entonces, salvo notables y honrosas
excepciones,
les interes=C3=B3 =E2=80=98=E2=80=98de facto=E2=80=99=E2=80=99 la doctrina
del Papa vertida en su
discurso, **** no coincidir ni con su visi=C3=B3n del Estado ni con sus
m=C3=A1s
profundos y enraizados principios pol=C3=ADticos, propios de un modelo
centralista y jacobino. Para confusi=C3=B3n y mal de las gentes de
nuestros
pueblos, una vez m=C3=A1s se sacraliz=C3=B3 el poder pol=C3=ADtico,
politizando la
misi=C3=B3n eclesial.
Ahora, diez a=C3=B1os despu=C3=A9s del discurso de Juan Pablo II en
Naciones
Unidas, parece que ocurre algo similar, dado el silencio que se ha
mantenido en torno a aquel singular discurso. Se nos da a entender que
interesa mantenerlo olvidado y bien archivado, pese a contenerse en
=C3=A9l las
claves para solucionar los inacabables conflictos que el Estado
espa=C3=B1ol
tiene sobre el tapete en relaci=C3=B3n con las nacionalidades subordinadas
a
=C3=A9l y que no acierta c=C3=B3mo resolverlas en Justicia y Verdad.
En aquel hist=C3=B3rico discurso el Papa habl=C3=B3 expresamente de los
derechos de
las Naciones y de las Nacionalidades y abri=C3=B3 caminos para el
entendimiento
interno de los Estados plurinacionales a nivel universal. Y todo ello
dentro de los grandes ideales, principios y prop=C3=B3sitos contenidos en
la
Carta fundacional de las Naciones Unidas de 1945 y en su posterior
desarrollo doctrinal. De modo y manera que los conceptos pol=C3=ADticos de
la
Carta y los conceptos morales y =C3=A9ticos del Papa, en defensa de los
derechos humanos de los pueblos, quedaron fundidos a manera de un solo
discurso de =C3=A1mbito universal.
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