El escenario actual de Colombia no anima a pensar que la muerte del
octogenario y m=EDtico Manuel Marulanda V=E9lez, Tirofijo, pueda suponer
que en el horizonte inmediato se vislumbre el final de las FARC, ni
tampoco un debilitamiento de su capacidad estrat=E9gica militar, pero s=ED
es posible vaticinar aires de cambio en los ejes estrat=E9gicos de
intervenci=F3n pol=EDtica de la guerrilla en activo m=E1s antigua de
Am=E9ri=
ca
Latina. El goteo incesante de bajas singulares de la direcci=F3n, unido
a las deserciones de cientos de combatientes --1.300 en lo que va de
a=F1o-- presagian un periodo de reflexi=F3n no exento de intensas
turbulencias que podr=EDan conducir a una fractura interna. Hay
evidencias de vulnerabilidad y desconcierto que nunca antes se hab=EDan
producido.
Las FARC encajan como pueden cada uno de los continuos golpes
recibidos en los =FAltimos meses, ocasionados desde distintos flancos. A
la muerte del l=EDder reverenciado, debe a=F1adirse en la lista de
s=EDmbolos desaparecidos la del n=FAmero dos de la organizaci=F3n, Ra=FAl
Reyes, abatido en una emboscada del Ej=E9rcito colombiano el pasado 1 de
marzo en el interior de la selva ecuatoriana, operaci=F3n que com****t=F3
una escalada de tensiones, todav=EDa no cerrada, entre los gobiernos de
Quito y Bogot=E1. Pero, adem=E1s, el n=FAmero cuatro del secretariado
ejecutivo, Iv=E1n R=EDos, ca=EDa asesinado a manos de su propio jefe de
seguridad y la muy temida, con etiqueta de sanguinaria, Karina,
vi=E9ndose cercada **** las tropas del Ej=E9rcito, prefiri=F3 rendirse
junto
a su novio antes que entrar en combate empu=F1ando las armas que s=ED
us=F3
durante los =FAltimos 20 a=F1os. Karina era una de las m=E1s buscadas,
entre=
otras muchas causas, **** ser la presunta asesina del padre del
presidente =C1lvaro Uribe. Y, antes, la muerte en combate de El Negro
Acacio, junto a otros 16 guerrilleros, considerado uno de los
art=EDfices de la transformaci=F3n y fortalecimiento de las FARC en la
d=E9cada de los 90 a trav=E9s de los ingresos **** narcotr=E1fico que
repercutieron en una renovada capacidad de compra de armamento.
Durante a=F1os, la guerrilla se estuvo preparando para cuando la muerte
de Tirofijo fuera un hecho cierto y no una fabulaci=F3n. Pero, como
ense=F1a la historia, nunca una organizaci=F3n, **** muy leninista que se
defina, puede evitar secuelas traum=E1ticas ante la desaparici=F3n del
l=EDder fundacional. Desde los a=F1os 50, a Tirofijo le hab=EDan dado ****
muerto en m=E1s de 15 ocasiones, confundiendo deseos con realidad. En
una de sus muertes, en 1951, la prensa lleg=F3 a publicar detalles de su
entierro, con fotos incluidas. Tal vez sea este, sin embargo, el
momento m=E1s critico para quedarse hu=E9rfanos.
NO PARECE que la sucesi=F3n de un liderazgo sobre el que exist=EDa pleno
consenso, al mantener los equilibrios internos, vaya a resultar nada
f=E1cil en la actual coyuntura. Guillermo Le=F3n S=E1enz Vargas, alias
Alfonso Cano, pr=F3ximo a ***plir 60 a=F1os, 30 de ellos en las FARC,
nacido en el seno de una familia de clase media de Bogot=E1 y con
formaci=F3n universitaria, debe enfrentar la pesada sombra alargada de
un campesino que siempre se movi=F3 **** olfato e intuici=F3n, aprendiendo
de sus referentes de aquel 9 de abril de 1948, cuando asesinaron al
pol=EDtico liberal Jorge Eli=E9cer Gait=E1n, lo que encendi=F3 la mecha de
otra etapa muy cruel para Colombia, conocida como la =E9poca de La
Violencia, prolongada hasta 1960.
Nada es igual que entonces, aunque pudiera parecerlo. Hoy hay hasta
tres generaciones muy distintas de combatientes que conviven en las
FARC. Aquellas m=E1ximas de la revoluci=F3n, la justicia social, la
defensa de los excluidos, dieron paso a los asesinatos
indiscriminados, a la toma de rehenes para ser usados como escudos
humanos o a la vinculaci=F3n con las mafias del narcotr=E1fico a la
b=FAsqueda de un negocio altamente lucrativo. Hoy sabemos que Colombia
es el segundo pa=EDs con m=E1s desplazados del mundo, seg=FAn el =FAltimo
informe de ACNUR. Una guerra interna que ya ha dejado a cuatro
millones de personas sin su hogar y sin su trabajo, obligadas a vagar
**** los suburbios de Bogot=E1 en busca de socorro, saltando fronteras,
huyendo del fuego cruzado del Ej=E9rcito colombiano y las FARC, sin
olvidar la violencia de los grupos paramilitares, todav=EDa muy activos,
a pesar de lo que asegura el presidente =C1lvaro Uribe.
LAS POSIBLES negociaciones est=E1n hoy **** hoy rotas, aunque este martes
pasado las FARC aseguraran, sin abandonar su ya cl=E1sica ret=F3rica, que
mantienen su disposici=F3n al intercambio humanitario de guerrilleros
presos **** rehenes secuestrados. Los gestos unilaterales al liberar en
primer lugar a Clara Rojas y Consuelo Gonz=E1lez, y, d=EDas despu=E9s, a
cuatro exparlamentarios, no com****taron ning=FAn avance hacia un proceso
de di=E1logo que hab=EDa generado no pocas esperanzas en todo el mundo. Al
contrario: la fuerza de las armas venci=F3 una vez m=E1s a los esfuerzos
diplom=E1ticos con una acci=F3n torpe e ilegal ordenada **** =C1lvaro
Uribe.
La muerte del entonces interlocutor guerrillero Ra=FAl Reyes no ha
devuelto la libertad ni a Ingrid Betancourt ni a ning=FAn otro
secuestrado. Y ahora resulta que, para el Gobierno, la autopsia al
cad=E1ver de Tirofijo vale casi tres millones de d=F3lares "**** inter=E9s
nacional". =BFQuieren crear un m=E1rtir? En Colombia, el ma=F1ana siempre
resulta ser impredecible.
*Periodista. Director de la Fundaci=F3 Casa Am=E8rica Catalunya.


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