23-06-2008
Un re****taje sobre los centros de internamiento para extranjeros
El infierno de los sin derechos en el Reino de España
Sara Prestianni
Il Manifesto
La pasada semana, el Parlamento europeo aprobaba la llamada "directiva de
la
vergüenza" contra la inmigración ilegal con el indecente voto a favor de
todos los europarlamentarios del PSOE, excepción hecha de los señores
Borrell y Obiols, cuya disidencia e "indisciplina" acaso habrá servido
para
salvar algo del honor democrático del socialismo español ante los pueblos
del mundo. No podía venir en momento más o****tuno este re****taje de la
periodista italiana Sara Prestianni sobre los centros de internamiento
para
extranjeros ilegales en España, el infierno de los sin papeles y sin
derechos.
Barcelona, Málaga, Algeciras. Inicialmente eran 8 y han pasado a ser 10
los
"centros de internamiento para extranjeros" que, en realidad, son
prisiones
de máxima seguridad puras y duras, en las que ningún diputado español
tiene
derecho de entrar. Barrotes en las ventanas, tiempos reglamentados y
policías que vigilan las jornadas de los emigrantes, entre los cuales hay
también menores y mujeres embarazadas.
El miércoles 28 de mayo, el ministro español del Interior, Rubalcaba,
anunciaba, al calor de la discusión relativa a la directiva europea sobre
repatriaciones, la modificación de la ley sobre la inmigración, con el
objetivo de prolongar de 40 a 60 días el límite máximo de detención en los
centros de permanencia tem****al españoles. Pero pocos conocen qué es lo
que
está ocurriendo realmente tras los muros de los 10 centros de detención
existentes en el territorio español. Durante los últimos años, tan solo
algunos parlamentarios europeos han recibido la autorización para entrar,
ningún diputado nacional, y tampoco las asociaciones que desde hace tiempo
luchan **** que sea haga la luz sobre las cárceles para emigrantes, han
podido franquear la puerta de los CIE (centros de internamiento para
extranjeros) españoles. En julio de 2007, en el ámbito de la investigación
promovida **** la Comisión Libe sobre las "Condiciones de los ciudadanos de
terceros países hospedados en los centros (campos de detención, centros
abiertos y zonas de tránsito) atendiendo en particular a los servicios
disponibles **** personas con necesidades específicas, en los 25 Estados de
la Unión Europea", logramos franquear el umbral.
Ante nosotros, puras y duras prisiones de máxima seguridad donde los
emigrantes son "acogidos" tras el desembarco en territorio español o
"aguardan" el procedimiento de expulsión. De Madrid a las Canarias, el
escenario se repite: celdas cerradas con llave día y noche, instalaciones
en
pésimo estado, sobre todo en los centros del sur, solo personal
perteneciente al cuerpo de Policía Nacional, una total incomunicación con
el
mundo exterior, un servicio de asistencia psicosanitario ausente o
profundamente deficitario y numerosos testimonios recogidos sobre
violencias
perpetradas contra los emigrantes **** parte de los vigilantes.
Los centros de detención en España eran inicialmente 8, después pasaron a
ser 10, so pretexto de la "emergencia **** invasión" durante el verano del
2006, cuando, como respuesta a la llegada a las costas de las Canarias de
cayucos, que procedían de Senegal y Mauritania, dos campamentos militares
de
la época franquista fueron habilitados como centros de detención, Las
raíces, en Tenerife, La Isleta en Gran canaria.
Nuestras visitas comienzan en el CIE de Barcelona , centro de detención
modelo, abierto en agosto de 2006, tras la clausura de otro, tristemente
famoso, el de La Verneda. El nuevo centro reluce como una patena, las
celdas
están limpias, así como los espacios comunes y el comedor, pero se asemeja
más una cárcel de máxima seguridad que a un lugar de detención **** un
delito
administrativo, como lo es el hecho de no tener papeles.
Las rejas de los ****tones se cierran detrás de nosotros, y el director del
centro, comandante de la Policía Nacional, comienza la visita
ilustrándonos
sobre los dos bloques el masculino y el femenino, que tienen una capacidad
total de 226 plazas. Continuamos con las celdas de aislamiento, previstas
para quien no se com****ta según el reglamento del centro, es decir, en la
práctica, para quien se queja de las condiciones carcelarias o se rebela
ante la expulsión. El nicho de aislamiento tiene tan solo un catre y
ningún
acceso a la luz exterior, solo una pequeña rejilla que da al corredor. Al
lado, han sido habilitadas dos celdas especiales para núcleos familiares,
que se diferencian de las otras **** el hecho de estar provistas de una
pequeña cama para los neonatos y de un pequeño sofá. España, a diferencia
de
Italia, permite la detención de menores, aunque vayan acompañados, y de
mujeres embarazadas, aunque se encuentren en avanzado estado de gestación.
Los emigrantes que están detenidos deben respetar un férreo horario que
jalona su jornada: despertarse a las 8, 30 y desayuno; de las 10 a las 13,
30 permanecen recluidos en el patio o en la sala común, ****que las
habitaciones quedan cerradas; de las 13, 30 a las 16 deben trasladarse
obligatoriamente a la zona de alojamiento, que, acto seguido, es cerrada
con
llave; las visitas están previstas de las 17 a las 19; a las 19,30 cenan y
a
continuación son acompañados a las celdas, que son cerradas con llave a
las
23. En algunos centros, como en el de Madrid, las celdas, cerradas durante
la noche, no están provistas de servicios higiénicos y los detenidos, como
nos cuenta una joven mujer embarazada, se ven obligados a orinar en el
lavabo.
Al llegar a las celdas comunes nos encontramos ante una escena que se
repetirá, inevitablemente, en todos los centros: los emigrantes se
apretujan
junto a los barrotes, gritan, llamando la atención de la única persona que
no lleva uniforme que han visto entrar en el centro, para narrarle las
trágicas condiciones en las que se encuentran. Uno de ellos nos cuenta que
a
penas acaba de desembarcar en España. Salió del Camerún dos años y seis
meses antes -dice-, ha pasado un año y ocho meses viviendo en los bosques
de
Marruecos en condiciones de total precariedad y expuesto a persecuciones y
violencias. No quiere volver a Camerún y no comprende **** qué debe estar
detenido, esperaba que España fuese diferente y que las vejaciones a las
que
ha sido sometido en Marruecos, nuevo gendarme de Europa, hubiesen
terminado.
Pero para comprender lo que es un centro de detención en España es
necesario
bajar al sur y visitar el CIE de Málaga y el de Algeciras. Las dos
ciudades
andaluzas habían sido, durante los últimos años, el principal punto de
llegada a España, antes de que fuese instalado el SIVE, el sistema de
radar
e interceptación marítima, que desplazó las puertas de Europa a las
Canarias. Tras la colaboración de Senegal y Mauritania en las operaciones
de
control de fronteras, en el marco de acción del Frontex, el punto de
partida
hacia Europa se ha vuelto a desplazar nuevamente a Marruecos, a Alhucemas,
y
las costas de la península española vuelven a ser el primer lugar de
llegada
de centenares de emigrantes.
El centro de Algeciras es la antigua cárcel de la ciudad -un viejo
edificio
totalmente abandonado- , el de Málaga, una edificación que data de
principios del siglo XX, utilizada anteriormente como convento de monjas y
a
continuación como cuartel militar, para quedar abandonada luego durante
muchos años, antes de ser habilitada como centro de detención. En ambas
edificaciones el personal pertenece a la Policía Nacional, desde el
director
del centro hasta el médico de turno. El centro de Málaga, cuya clausura ha
sido exigida **** el mismo fiscal del estado es tristemente célebre **** las
denuncias sobre abusos ***uales cometidos **** parte de los policías sobre
las detenidas. A pesar de las graves acusaciones, el centro sigue activo:
con una nueva gestión, las detenidas violadas han sido expulsadas y los
policías han sido trasladados a otro centro. Los emigrantes viven en naves
comunes completamente a oscuras, ****que los enrejados de las ventanas son
tan tupidos que no dejan pasar la luz, el resto del tiempo lo pasan en un
patio de 10 metros cuadrados al que no hemos tenido acceso, **** motivos de
seguridad.
Pero es en el centro de El Matoral, uno de los mayores campos de detención
europeos, cuya capacidad oficial es de 1010 personas (pero que ha llegado
a
contener hasta 2000), situado en Fuerteventura, isla del archipiélago de
las
Canarias, donde las condiciones de detención se degradan más todavía. El
centro está dividido en dos zonas, **** un lado dos grandes naves con una
capacidad para 350 personas cada una, dotadas de un baño y alguna ducha e
inundadas de desperdicios a***ulados durante días. **** otro lado
pequeñísimas celdas, pero dotadas de una veintena de literas cada una, se
alinean una tras otra. En la penumbra, las caras de los emigrantes
encerrados se acercan a las rejas, todos van vestidos de igual modo y
narran
la misma trágica historia de la travesía del mar. Nos cuentan también que
pasan los días encerrados en las celdas, y que salen una vez al día, para
comer. Entre ellos, muchas caras de menores reconocidos como mayores ****
el
test óseo al que han sido sometidos en la jefatura de policía,
inmediatamente después del desembarco. Tendrán el mismo destino que los
demás: la alternativa entre un vuelo a la península para después ser
liberados y convertirse en nuevos clandestinos de Europa o un vuelo con
destino al país de procedencia. Desgraciadamente no les está permitido
elegir entre una u otra alternativa, este poder está en las manos de los
gobiernos europeos y africanos, que firman acuerdos de readmisión y envían
fondos para permitir la repatriación inmediata de los emigrantes que
desembarcan en territorio europeo.
A muchos emigrantes los encontramos en fila ante el ambulatorio, con el
cuerpo torturado **** las heridas infectadas que se han causado durante los
15 días de la travesía en las carretas del mar, quemaduras de carburante o
picaduras de insectos. Solo una monja voluntaria cuya presencia en el
centro
es intermitente, desinfecta momentáneamente las heridas, pero su
contribución resulta limitada frente al número de la población presente.
Al
médico, dicen, no lo ven desde hace al menos una semana. No nos sorprende
en
consecuencia saber que a uno de los jóvenes subsaharianos llegados a
Barcelona tras 40 días de internamiento en las Canarias le tuvieran que
amputar una pierna. La herida producida **** las condiciones de extrema
precariedad del viaje hasta la costa senegalesa, infectada **** el agua
mezclada con carburante durante la travesía se gangrenó hasta el extremo
de
no dejar otra solución que la amputación. Pero los emigrantes del Cíe y
del
Matoral en Fuerteventura, no solo se lamentan de la falta de asistencia.
Hablan también de violencias físicas **** parte de la policía que controla
el
centro, golpes de ****ra reservados a quien se sale de la fila obligatoria
durante la distribución de la comida o a quien, simplemente, trata de
oponerse al viaje de expulsión. Precisamente para evitar este "problema",
nos dice un policía, generalmente no se dice nunca al detenido que va a
ser
expulsado, sino que se prefiere hacerle creer que va a ser trasladado a la
península. Esta práctica es confirmada también **** el director del centro,
quien, como dice la placa exhibida en su oficina, siguió un "curso de
perfeccionamiento" con los carabinieri italianos durante la época del
desembarco de las balsas neumáticas albanesas en Puglia, y parece sentir
una
gran nostalgia de aquel tiempo.
La violencia de la policía que gestiona y controla la institución, es
denunciada también **** los emigrantes del centro de detención de Madrid.
Cuando nos ven llegar se agolpan ante las rejas de la celda común donde se
les obliga a pasar el día entero: encerrados, obligados a pedir permiso a
los policías incluso para poder ir al baño. Entramos, entre los
desperdicios
y el hedor a orina que penetra la garganta, las narraciones se repiten:
arrestos, detenciones arbitrarias, violencias. Las visitas terminan, los
centros se cierran, pero la movilización ya ha comenzado y en España se
preguntan qué es lo que está sucediendo realmente tras los muros de estos
centros que se parecen mucho más a una cárcel de máxima seguridad que a un
centro de detención administrativa. El 21 de junio, los militantes y las
asociaciones españolas se han dado cita ante el centro de detención de
Málaga, para exigir, definitivamente, su clausura.


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