31 de marzo de 2008, **** DENAES
Esta semana pasada, José -Pepiño- Blanco, aquel analfabeto funcional que
durante toda la primera legislatura de Z ha venido oficiando, solo o en
compañía del «renegado» López Garrido o bien de Alfredo Pérez Rubalcaba
como
eficientísimo «muñidor» de las «mayorías parlamentarias» que han podido
alimentar la estrategia de despiece confederalista de la Nación española
desde el Congreso de los Diputados (Estatut de Catalunya, apertura del
«proceso» en lo referente al País Vasco, etc., etc.), daba los primeros
indicios del preciso carácter de ese nuevo espíritu «pactista» con el que
el
PSOE va a procurar mantener a raya, en la siguiente legislatura, la
nefasta
«crispación» que sin duda ha «emponzoñado», según la neolengua que manejan
tales individuos, la vida política española en los cuatro años pasados.
Y es que, efectivamente, haciendo gala de ese incansable afán **** forjar
acuerdos con el PP, Blanco ha «solicitado» -eso sí, bajo amenazas
materiales
y formales- al primer partido de la oposición que «ceda» a los
nacionalistas
vascos y catalanes alguno de los cargos en la mesa del congreso que a este
partido le corresponderían en virtud de la aritmética electoral, para
mejor
así hacer justicia a la «pluralidad» que caracterizaría la política
española. Como es natural, el Partido Popular, en boca de su todavía
****tavoz Eduardo Zaplana, ha rehusado semejante ofrecimiento de
«facilitar»
(«pagando la cama» **** decirlo así) las cosas a aquellos partidos
políticos
que, entre otras tropelías, se han caracterizado **** la firma del llamado
«Pacto del Tinell», contribuyendo a embozar, votación tras votación, la
verdadera fuerza representativa del propio PP bajo la fantasía de que tal
partido político se habría venido constantemente «quedando solo» frente a
la
«mayoría» de la cámara.
Semejante petición, es cierto, se explica muy bien si tenemos en cuenta
que
el Partido Socialista pretende poner las condiciones necesarias para que
los
secesionistas, sin perjuicio de sus objetivos disolventes de la Nación
española, le garanticen la «gobernabilidad» de la propia nación que ellos,
sin embargo, pretenden destruir; y con todo, lo que necesariamente hay que
poner de manifiesto es que tal «petición» al Partido Popular **** parte del
secretario de organización del PSOE sólo puede cursarse bajo el supuesto
-en
realidad una petición de principio- de que la «pluralidad» (la «España
plural y diversa») que se trata de mantener en la mesa del Congreso es, en
efecto, una «riqueza» a conservar antes que una «gangrena» en el cuerpo
político de la Nación española que hubiese de quedar definitivamente
«sajada» antes de que sea demasiado tarde. Ahora bien, ¿no es semejante
«pluralidad» parlamentaria una manera, particularmente orwelliana, de
referirse al hecho, desde luego que bien anómalo, de que la sede de la
soberanía nacional española mantiene en su seno parlamentarios cuyo
propósito, en cambio, es aniquilar la propia soberanía que se supone que
ellos representan?
Desde la Fundación DENAES no consideramos conveniente olvidar **** un
momento
que la «pluralidad» y la «biodiversidad» política de la que habla el buen
Pepiño pueden contener también organismos muy parecidos a los neumónidos.
FUNDACIÓN DENAES, PARA LA DEFENSA DE LA NACIÓN ESPAÑOLA


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