28 de abril de 2008, por DENAES
El sábado 26 de abril a las 17:00 horas, pasada una semana desde su
abordaje
por una partida de piratas somalíes, el pesquero español «Playa de Baquio»
pudo por fin tomar rumbo, salvo, a las islas Sheychelles. Tal «feliz»
desenlace del secuestro del barco, según informaba de inmediato en rueda
de
prensa la vicepresidente del Gobierno María Teresa Fernández de la Vega
acompañada por otras ministras paritarias, se debió eminentemente a la
intensa labor diplomática llevada a término por el Ejecutivo español así
como, según añadía la propia vicepresidente, a la fenomenal coordinación
que
el Gobierno de España habría tejido durante los últimos días con las
autoridades del país africano. Con todo, y sin dejar naturalmente de
enfatizar la importancia de tales esfuerzos diplomáticos, no quiso la
misma
Fernández descartar, a preguntas de un periodista presente en la
conferencia
de prensa, el supuesto pago de un rescate a los piratas, un rescate que
algunas fuentes habrían cifrado en la módica cantidad de un millón y medio
de dólares.
Pues bien, lo que creemos que es preciso hacer notar en este contexto es
que
si efectivamente esto fuese así, si tal rescate se hubiera en efecto
pagado,
contribuyendo con ello el gobierno de España -a cargo, dicho sea de paso,
del erario público- a la «causa» de los piratas africanos, no cabría -nos
parece- seguir considerando por más tiempo como «feliz» el desenlace del
episodio somalí salvo en un sentido estrictamente ético (el concerniente a
la conservación de la individualidad corpórea de los tripulantes del
pesquero español frente a su eventual destrucción a manos de sus
secuestradores), puesto que semejante muestra de la alta «diplomacia» por
parte del Gobierno de España, sin perjuicio de haber, sin duda,
contribuido
a la salvación del «Playa de Baquio», ¿no estaría al mismo tiempo
comprometiendo, creemos que de manera harto contundente, la posición del
resto de la flota pesquera española en la misma o en otras partes del
mundo?
Con ello, dada la eventualidad del pago del rescate que, insistimos, de
momento no ha sido descartada por el Ejecutivo, la «amenaza» formal de los
piratas somalíes sobre un barco de pesca español se habría convertido en
un
«peligro» para la totalidad de la flota en virtud, por lo demás, de la
cobardía o de la estupidez (y en todo caso, desde luego, la complicidad
objetiva con una banda de ladrones) propia del gobierno de ZP.
Los piratas africanos no comprometen de momento, con sus fechorías, a la
nación española en un sentido directamente político, y sin embargo,
creemos
que puede y debe preguntarse qué tipo de «mensajes» está enviando nuestra
patria a quienes sí que amenazan políticamente su unidad o la soberanía
sobre su territorio mediante el expediente de plegarse, aterrorizada, a
las
exigencias de un grupo de facinerosos a los que, al parecer, el máximo
timonel de nuestra nave estima apropiado entregar un millón y medio de
dólares.
FUNDACIÓN DENAES, PARA LA DEFENSA DE LA NACIÓN ESPAÑOLA


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