29 de abril de 2008, por DENAES
La actual Ministra de Defensa de España es miembro destacado del PSC
(Partido Socialista de Cataluña, en clara deriva secesionista),
catalanista
convencida, participante asidua en la Diada ("día nacional de Cataluña"
todos los 14 de septiembre, en el último de los cuales se adhirió a
quienes
defendían a Pepe Rubianes, el de la "puta España"), ha asistido a
homenajes
rendidos al separatista Luis Companys, y es nieta de un anarquista del
que,
como Zapatero con su abuelo, está muy orgullosa y del que parece haber
heredado gran parte de su talante ideológico.
A quienes criticaron su nombramiento al frente del Ministerio de Defensa,
en
un Ejecutivo pensado por ZP para pasar a la historia, se les atribuyeron
todo tipo de intenciones machistas con la clara intención, muy propia del
PSOE, de desviar la atención de lo fundamental: a la nueva ministra de
Defensa no le reprochamos que sea mujer, o que esté en su noveno mes de
preñez, sino que sea una declarada catalanista y, para más inri, pacifista
(al menos de boquilla y hasta ahora).
Nuestra ministra no valora en el ejército su labor para la Defensa de
España
respecto de sus enemigos externos e internos, sino su "calidad humana",
sus
sacrificios en defensa de la Humanidad. No en vano ha declarado: "Me
siento
tan catalana como española, igual que la inmensa mayoría de catalanes.
Hablo
catalán con mi madre, castellano con mi padre, las dos lenguas con mi
marido. Me siento hija del mundo y universal". Lo malo es que tales
sentimientos son completamente infundados, semejantes a los que pueda
tener
un piloto de avión que se sienta como un ángel. Poesía barata. Carmen
Chacón
hablará español y catalán, pero no puede hablar dichos idiomas con todo el
mundo (de hecho dentro de poco no podrá hablar español ni siquiera con
muchos españoles, todavía, afincados en Cataluña). Y el hecho de sentirse
española es incompatible políticamente (por mucho que lo desee con todo su
fervor ético) con una supuesta "nacionalidad política catalana" o con ser
ciudadana de cualquier otro país en los que está distribuida "la
Humanidad"
(salvo casos puntuales de doble nacionalidad o pertenencia a dos estados
nacionales).
Esta señora, que dice "conocer el horror de la guerra" y, por ello, cree
conocer "el valor de la paz" no se ha enterado aún de que "la paz", que no
es universal ni perpetua, sino el resultado del orden impuesto por el
vencedor de una determinada guerra (así como otros órdenes son resultado
de
diversas dialécticas).
Esta mujer, por lo tanto, parece que, al menos en el plano representativo
(de lo que dice), es ministra de Defensa de la Humanidad, de "la vida
humana", pero en la práctica -pues tal función es imposible de llevar a
cabo, porque la Humanidad no existe como entidad política- defiende a una
parte de la humanidad frente a otras (recientemente ha defendido los
intereses de los secuestradores del atunero español más que a España en su
conjunto, tal como vimos en el Editorial de ayer).
Se suele dar la paradoja de que quienes actúan por motivaciones éticas
para
salvar a determinados sujetos en peligro de muerte (movidos por la
apariencia falaz de que lo único real e importante son los "individuos"
humanos) en la práctica acaban provocando mayores males, no sólo morales o
políticos (al cuestionar la independencia y soberanía de una nación), sino
también éticos, pues el número de muertes que pueden causar los
chantajistas
aumenta en la misma proporción que su poder, favorecido por quienes ceden
a
su chantaje. Es decir, el mismo hecho de pagar un determinado rescate
(para
salvar a sujetos amenazados de muerte) resulta ser reforzador de su
capacidad de matar, que sólo se verá colmada con el control completo de la
situación, con la imposición de "su paz". Sólo para quienes renieguen de
su
propio poder para imponer un determinado orden (paz) cabe ser pacifista
radical, pero a costa de permitir que se imponga cualquier otro orden, por
injusto o perjudicial que sea para otros grupos o naciones.
Pero, además, dudamos mucho de que, más allá de irenistas deseos, Carmen
Chacón sea pacifista (sumisa) en la defensa de Cataluña. De lo que sí
estamos seguros es de que su pacifismo ha sido muy perjudicial para la
existencia e intereses de España, al menos por omisión de sus obligaciones
como española, más allá de lo que sienta.
FUNDACIÓN DENAES, PARA LA DEFENSA DE LA NACIÓN ESPAÑOLA


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