DEA & CIA Una cofradía de narcotraficantes
****: Moliere
20/02/08
Todo lo sucio, todo lo sórdido está en movimiento alrededor de la droga y
se
guarda bajo las leyes del mercado, es decir de la oferta y la demanda. En
el
mismo pantano chapotean delincuentes, policías militares, empresarios y
políticos, de cuando en cuando, incluso instituciones. Pero ningún secreto
queda completamente oculto **** toda la eternidad, tarde o temprano el velo
se corre y en ocasiones bastante rápidamente.
Michael Levine era un agente de la Agencia Antinarcóticos norteamericana
(DEA) destacado en Buenos Aires, Argentina, con el fin de infiltrarse en
las
organizaciones de tráfico de estupefacientes. En 1989 se jubiló y publicó
dos libros Deep Covert (Supersecreto) y The Big White Lie (La Gran Mentira
Blanca), hace poco tiempo en un foro o charla internacional, recogida y
publicada **** revista española Cambio 16, el ex-agente reveló hechos
sumamente graves.
En su empeño de infiltrarse en la mafia narcotraficante, Levine hizo
amistad
con Macelo lbáñez, brazo derecho de Roberto Suárez. conocido en Bolivia
como
rey de la droga. Obtuvo toda la información sobre la estructura de la
organización clandestina y la remitió a la DEA, pero de allí respondieron
que el nombre de Suárez no aparecía en las computadoras. Era una
ignorancia
muy llamativa... ****que era imposible la omisión de ese nombre.
En una supuesta operación con el cartel de Suárez para la compra de 300
kilogramos de cocaína a principios de 1980, Levine conoció **** boca de
Hugo
Hurtado, otro hombre de Suárez, que se preparaba una "revolución" en
Bolivia, y obtuvo todos los detalles de un golpe de Estado patrocinado ****
el narcotráfico y del apoyo del régimen militar argentino a la aventura.
Lo
comunicó a Wa****ngton y, **** si acaso, salió de Buenos Aires a Puerto
Rico,
adonde lo llamó su compañero de la DEA para informarle que Roberto Suárez
habla puesto precio de 200.000 dólares a su cabeza y que iba a ser
sometido
a investigación **** el Departamento de Seguridad Interna de la DEA, En
lugar
de un reconocimiento de su trabajo, la DEA lo investigaba, posiblemente
para
comprobar si su agente tenía relaciones con alguna organización de la
izquierda o para determinar cuánto sabía.
"A raíz de mi intervención directa en los episodios secretos que
culminaron
en el golpe de Luis García Meza comprendí que el interés de la CIA era
impedir que llegase a la primera magistratura un hombre al que
consideraban de izquierda". (Se refiere a Hernán Siles Suazo, quien había
ganado las elecciones presidenciales y aún no había tomado posesión en
Bolivia.
De esta forma queda revelada la conexión DEA-CIA, en la cual se apadrinó
un
golpe de Estado en América Latina (otro más). Pero no se trataba solamente
de impedir que Siles Suazo ejerciera el poder. El mismo Levine estableció
que la DEA y la CIA ofrecían su protección a traficantes de drogas a
cambio
de cocaína que empleaban para financiar operaciones encubiertas.
El ex agente norteamericano fue explícito: "Cada vez que llegábamos al
tope
de una organización, nos detenían y obligaban a suspender la operación.
Invariablemente ocurría cuando detectábamos políticos, militares y
poderosos
empresarios en las más altas esferas del narcotráfico".
El golpe de Luis García Meza recibió luz verde de la narcohermandad
DEA-CIA
para que asumiera el poder en Bolivia un gobierno narcotraficante que duró
dos años. Además, no cabe duda de que en Estados Unidos no sólo la CIA y
la
mafia trafican con drogas, sino que se inserta también en el negocio la
institución que está llamada a combatir el uso y comercio de
estupefacientes. Como paradoja, en febrero de 1993, se recibe este cable:
"LA PAZ, 10 de febrero (AP).- Estados Unidos redujo la ayuda económica a
Bolivia en 19 millones de dólares, ****que este país andino no ***plió en
1992 con las metas de erradicación de plantaciones de coca". Marcado
contraste. Mientras en un caso alentó un golpe de Estado planeado y
ejecutado **** narcotraficantes, en el otro el gobierno norteamericano
obstruye en Bolivia los planes de lucha contra los estupefacientes sin
mirar
las recias dificultades económicas y sociales que afronta el país.
Ante evidencias tan definitivas, es como para preguntarse si realmente a
Wa****ngton le interesa que se combata al narcotráfico o si prefiere
alimentarlo para que le sirva en las llamadas operaciones encubiertas.
¿Habrá alguien en la DEA o en la CIA que pueda responder?


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