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Borges y los piqueteros
**** Mario Vargas Llosa
El Pa=EDs
S=E1bado 12 de abril de 2008
LA biblioteca Miguel Can=E9, en el barrio bonaerense de Boedo, es un
modesto local de techos altos y viejos anaqueles y pupitres de lectura
que se ha convertido en un sitio de peregrinaci=F3n cultural para todo
visitante m=E1s o menos alfabeto que llega a Buenos Aires. ****que aqu=ED
trabaj=F3 Jorge Luis Borges nueve a=F1os, de 1937 a 1946, como humilde
auxiliar de bibliotecario, registrando y clasificando libros en un
estrecho cuartito sin ventanas del segundo piso, donde ahora se exhiben,
en una vitrina, las primeras ediciones de algunos de sus libros.
No hace mucho pas=F3 **** aqu=ED el escritor ingl=E9s Julian Barnes y
dej=F3 estampada su admiraci=F3n **** el autor de Ficciones. Siento de
pronto emoci=F3n imaginando aquellos a=F1os oscuros de ese auxiliar de
biblioteca que, seg=FAn la leyenda, en la hora de tranv=EDa que le
tomaba ir y venir de su casa a su trabajo, se ense=F1=F3 a s=ED mismo el
italiano, y ley=F3 y poco menos que memoriz=F3 la Divina Comedia, de
Dante. Adem=E1s, claro, de darse tiempo para escribir los cuentos de su
primera obra maestra, Ficciones (1944).
Borges es una de las cosas m=E1s notables que le han pasado a la
Argentina, a la lengua espa=F1ola, a la literatura, en el siglo XX. Y es
seguro que esa particular forma de genialidad que fue la suya =96**** lo
exc=E9ntrico de sus curiosidades, su oce=E1nica cultura literaria, lo
universal de su visi=F3n y la lucidez de su prosa=96 hubiera sido
imposible sin el entorno social y cultural de Buenos Aires,
probablemente la ciudad m=E1s literaria del mundo, junto con Par=EDs.
Ambas capitales tienen encima, como segunda piel, una envoltura
literaria de mitos, leyendas, fantas=EDas, an=E9cdotas, im=E1genes, que
remiten a cuentos, poemas, novelas y autores y dan una dimensi=F3n entre
fant=E1stica y libresca a todo lo que contienen: cosas, casas, barrios,
calles y personas.
Mucho de aquella Argentina de lectores voraces y universales, de
cosmopolitas fren=E9ticos y pol=EDglotas desmesurados est=E1 todav=EDa
presente en la desfalleciente Buenos Aires a la que vuelvo luego de
algunos a=F1os: en sus espl=E9ndidas librer=EDas de Florida y Corrientes
abiertas hasta altas horas de la noche, en sus caf=E9s literarios donde
se cocinaron grandes pol=E9micas est=E9ticas y pol=EDticas y cuajaron
esas revistas culturales que circulaban **** toda Am=E9rica latina como
ventanas que nos descubr=EDan a los latinoamericanos todo lo im****tante
que en materia art=EDstica y literaria ocurr=EDa en el resto del mundo.
Las paredes del caf=E9 Margot est=E1n llenas de inscripciones, fotos y
recuerdos de los ilustres escribidores, m=FAsicos y pintores que se
sentaron, bebieron y discutieron hasta altas horas en estas mesitas
fr=E1giles y apretadas donde, con un grupo de amigos, recordamos a
algunas glorias extintas: Victoria Ocampo, Mar=EDa Rosa Oliver, Jos=E9
Bianco. En un rinc=F3n del c=E9lebre Caf=E9 Tortoni hay una mesa con un
Borges de tama=F1o natural, hecho de papel mach=E9. Pero es sobre todo
en ciertas personas donde aquella tradici=F3n civil e intelectual est=E1
a=FAn viva y coleando: despu=E9s de muchos a=F1os tengo la alegr=EDa de
ver al ensayista y fil=F3sofo Juan Jos=E9 Sebreli y unos pocos minutos
de conversaci=F3n me bastan para comprobar, de nuevo, la solidez y
vastedad de su informaci=F3n filos=F3fica, la desenvoltura con que se
mueve **** los mundos de la historia, las ideas pol=EDticas y la
literatura. Como muchos argentinos que he conocido, me da la impresi=F3n
de haber le=EDdo todos los libros.
Borges fue destituido de su empleo en la biblioteca Miguel Can=E9 **** el
gobierno de Per=F3n, en 1946, y degradado, **** su antiperonismo, a la
condici=F3n de inspector municipal de aves y gallineros. El hecho es
todo un s=EDmbolo del proceso de barbarizaci=F3n pol=EDtica que
latinoamericanizar=EDa a la Argentina y revelar=EDa a los argentinos al
cabo de los a=F1os que, en verdad, no eran lo que muchos de ellos
cre=EDan ser
=96ciudadanos de un pa=EDs europeo, culto, civilizado y democr=E1tico,
enclavado **** accidente en Am=E9rica del Sur=96, sino, ay, nada m=E1s
que otra naci=F3n del Tercer Mundo subdesarrollado e incivil.
La involuci=F3n del pa=EDs m=E1s pr=F3spero y mejor educado de Am=E9rica
latina =96una de las primeras sociedades en el mundo que, gracias a un
admirable sistema educativo, derrot=F3 al analfabetismo=96 a su
condici=F3n actual es una historia que est=E1 **** escribirse. Cuando
alguien la escriba, lo que saldr=E1 a la luz tendr=E1 la apariencia de
una ficci=F3n borgiana: una naci=F3n entera que, poco a poco, renuncia a
todo lo que hizo de ella un pa=EDs del Primer Mundo =96la democracia, la
econom=EDa de mercado, su integraci=F3n al resto del globo, las
instituciones civiles, la cultura de brazos abiertos=96 para, obnubilada
**** el populismo, la demagogia, el autoritarismo, la dictadura y el
delirio mesi=E1nico, empobrecerse, dividirse, ensangrentarse,
provincianizarse, y, en resumidas cuentas, pasar de Jorge Luis Borges a
los piqueteros.
Son emblema de la otra Argentina, la que rechaz=F3 el camino de la
civilizaci=F3n y opt=F3 resueltamente **** la barbarie. En sus or=EDgenes
eran, al parecer, desempleados y marginales que sal=EDan a reclamar
atenci=F3n y trabajo de un poder que los ignoraba, de un mundo oficial
sin alma, que daba la espalda a los m=E1s necesitados. Ahora, m=E1s
bien, son las fuerzas de choque del poder pol=EDtico. Han salido con sus
bombos y sus garrotes a enfrentarse a los simpatizantes de los
agricultores que protestaban en la Plaza de Mayo **** los nuevos
impuestos decretados **** el gobierno de Cristina Kirchner para los
productos agr=EDcolas. Y, en efecto, los dispersaron a palazos y a
patadas, en nombre de la revoluci=F3n.
=BFCu=E1l revoluci=F3n? La del odio. Lo explica muy bien el l=EDder
piquetero Luis D'El=EDa, afirmando que la culpa de esta movilizaci=F3n
de agricultores contra el Gobierno la tienen "los blancos". A=F1ade que
=E9l odia a los blancos del Barrio Norte y quisiera "acabar" con todos
ellos [N. de la R.: esto fue rectificado **** D'El=EDa]. Pregunto a mis
amigos argentinos qu=E9 quiere decir el l=EDder piquetero con aquello de
"blancos". ****que, **** donde yo miro, en la Argentina, **** m=E1s
esfuerzos que hago, s=F3lo veo blancos. =BFQuiere acabar, pues, el
piquetero con cuarenta millones de sus compatriotas? No veo argentinos
negros, ni cholos, ni indios, ni mulatos, salvo turistas o inmigrantes.
=BFUnicamente a ellos est=E1 dispuesto D'El=EDa a salvar de sus
fantas=EDas homicidas y racistas?
Unos d=EDas m=E1s tarde, tengo ocasi=F3n de inspeccionar muy de cerca a
un par de centenares de piqueteros que emboscan el autob=FAs que me
lleva de la Bolsa de Rosario al local del Instituto Libertad, que ***ple
veinte a=F1os, un aniversario que un buen n=FAmero de liberales del
mundo entero hemos venido a celebrar. Como quedamos inmovilizados **** la
joven hueste de don Luis D'El=EDa =96o tal vez alguna peor, pues =E9sta
es s=F3lo ultra, y en la Argentina hay ultra-ultra, y m=E1s=96 entre
diez y quince minutos en la Plaza de la Cooperaci=F3n, mientras ellos,
imbuidos de la filosof=EDa de aquel mentor, destrozan los cristales del
autob=FAs y lo abollan a palazos y pedradas y lo maculan con baldazos de
pintura, tengo tiempo de estudiar de cerca las caras furibundas de
nuestros atacantes. Son todos blanqu=EDsimos a m=E1s no poder.
Mis compa=F1eros y yo guardamos la compostura debida, pero no puedo
dejar de preguntarme qu=E9 ocurrir=E1 si, antes de que vengan a
rescatarnos, los aguerridos piqueteros que nos apedrean lanzan adentro
del =F3mnibus un c=F3ctel molotov o consiguen abrir la puerta que ahora
sacuden a su gusto. =BFCelebrar=E9 mis 72 a=F1os =96****que hoy es mi
***plea=F1os=96 tratando de oponer mis flacas fuerzas a la apabullante
furia de esta horda de salvajes? Cuando pasa todo aquello, la joven
periodista ecuatoriana Gabriela Calder=F3n =96es tan me****a que
consigui=F3 encogerse debajo del asiento como una contorsionista=96 me
pregunta muy en serio si estas cosas me ocurren en todas las ciudades
que visito. Le respondo que no, que esto s=F3lo me ha ocurrido en la
querid=EDsima ciudad de Rosario.
Lo es para m=ED, **** los buenos recuerdos que guardo de ella y ****que es
la tierra de mi amigo Gerardo Bongiovanni y de Mario Borgonovo, un
publicista que, cuando se lanza a cantar tangos, hasta los =E1ngeles del
cielo bajan y los diablos del infierno suben a escucharlo.
Gerardo fund=F3, con cuatro amigos, en 1988, la Fundaci=F3n Libertad,
para promover las ideas liberales en su pa=EDs. Veinte a=F1os despu=E9s,
el Instituto es un foco de pensamiento, de debates, de publicaciones, de
seminarios y conferencias que entablan una batalla diaria **** la
modernidad, la tolerancia, el progreso, la democracia y la prosperidad
contra quienes se empe=F1an en seguir haciendo retroceder a la Argentina
hacia lo que Popper llamaba "la cultura de la tribu".
Durante los di=E1logos, mesas redondas y exposiciones de estos d=EDas,
como en la ma=F1ana emocionante de mi visita a la biblioteca Miguel
Can=E9, de Boedo, me digo, esperanzado, que no todo est=E1 perdido, que
todav=EDa el fantasma de Borges podr=EDa despertar a la Argentina de la
pesadilla de los piqueteros.
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El Pais 4-12-08
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