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Sin tetas sí hay paraíso

by "Shaman" <shaman91@[EMAIL PROTECTED] > Apr 17, 2008 at 11:39 PM

Sin tetas sí hay paraíso
Por: Marlon Zambrano
17/04/08

De los más de seis mil millones de habitantes del planeta, la electricidad

no ha llegado aún a dos mil millones de ellos; la mitad de la población 
nunca ha realizado una llamada telefónica; mil millones de personas viven 
con menos de un dólar al día; mil quinientos millones no saben leer ni 
escribir; tres mil personas mueren cada día de hambre; la mitad de los
niños 
del África subsahariana y un cuarto de los niños del sudeste asiático
jamás 
han ido al colegio; hay treinta y seis millones de personas infectadas de 
sida y si continúa la tendencia, en el 2008 lo estarán más de cien
millones 
de personas (dos tercios de ellos en África), y la semana pasada una
querida 
amiga entró en crisis cuando descubrió que el sueldo que gana no le
alcanza 
para forjarse un nuevo perfil mediante la ampliación de sus pechos, que ya

son suficientemente expresivos.

El mundo industrializado atraviesa un laberinto: no sabe cómo darle a
todos 
(sus todos) la felicidad que promete el capitalismo en su más reciente
fase, 
el neoliberalismo salvaje, sin que ello signifique terminar de asesinar al

planeta, gracias además a los esfuerzos criminales de Estados Unidos que
de 
paso se niega a admitir el tratado de Kyoto (pese a ser una de las
naciones 
más contaminantes del mundo), una de las últimas esperanzas que tenemos
los 
hijos del siglo XX para soñar con nietos del siglo XXI.

Hoy tengo una familia, un hijo que quiero ver crecer y un sueño a futuro,
y 
con ello creo que me hice mayor y con derecho a preguntarme: ¿cómo hacemos

para acceder todos a la felicidad que nos ofrece el modelo iluminista de
la 
sociedad de consumo, que nos prometió acceso al progreso y a los frutos
del 
mercado?

Por ejemplo, si todos decidimos que tener un carro o dos, pasear los fines

de semana, comer con gula, tener un apartamento en la ciudad y otro en la 
playa, usar más luz, comprar artilugios innecesarios en los centros 
comerciales, son el signo unívoco de la felicidad: ¿alcanzará para todos? 
¿Éste hábitat bastará? ¿La Tierra aguantará semejante presión?

La alarma que reina, muy calladamente porque los medios evitan sembrar el 
caos y contrariar sus designios de consumo, consiste en calcular que si 
todos obtenemos la felicidad, esa felicidad positivista que nos modela la 
TV, este hermoso planeta azul se nos va de las manos en poco tiempo, mucho

menos del que pensamos.

Si esos más de seis mil millones de seres que transitamos este mundo en
sus 
vaivenes, poseemos más y más, y consumimos más y más, y gastamos más y
más, 
y aspiramos a más, y en fin, nos aprovechamos de cada palmo que queda, 
arrasaremos con lo poco que va quedando para perpetuar la especie.

Pero la cosa funciona con una lógica tan abrumadora, que jamás podremos 
entender la idea, a menos que nos esforcemos mucho y espantemos 
definitivamente los fantasmas. La globalización nos convence de un modelo 
único, el de la familia nuclear que se siembra en el estándar de vida 
norteamericano (The American way of life), con su reino de oportunidades,
su 
MTV y sus zapatillas Nike, su McDonald's, su Jeep Cherokee, la casa de dos

pisos y su democracia "representativa"; mientras el mercado nos sirve la 
bandeja para que transitemos airosos al reino del pensamiento
estandarizado 
y el consumo, y de allí el reaggaetón reinará en el gusto universal y
valdrá 
la pena, mientras Silvino Armas y Bethoveen merecerán nuestro desprecio y
el 
olvido, porque no funcionan en el marco de las pautas universales que 
tranquilizan a las bolsas de valores y a los operadores comerciales que
sólo 
le ven sentido a los objetos que poseen cuantía en la dinámica de 
compra-venta.

Resulta que la felicidad que nos vende el grupo de los países más
poderosos 
del mundo (8 incluyendo a Japón) alcanza y sobra para ellos, pero no para 
los otros, porque aunque nos ofrecen el patrón para que lo copiemos a cal
y 
canto mientras cada vez somos más pobres, va y se descubre que el modelito

en cuestión está arrasando con los bosques del Amazonas, está derritiendo 
los glaciares, se está comiendo un trozo de la capa de ozono, está
acabando 
diariamente con especies zoológicas y botánicas, está hambreando al
planeta 
y nos amenaza como una espada de Damocles, mientras todos queremos ser
como 
el rubio americano de ojos azules que en calzoncillos nos vende el perfume

Calvin Klein que cada vez que se esparce por nuestro cuello, emite una 
exhalación tóxica que contribuye a envenenar especialmente a la capa de 
ozono.

¿Entonces qué hacemos? ¿Nos seguimos tragando el cuento o decidimos por
fin 
no dejarnos arrear como los corderos que comulgan con fe ciega ante la voz

única con que la TV confunde a sus audiencias, y la radio, y la prensa? ¿O

nos comprometemos a un nuevo sentido común emancipador, a ver la realidad 
desde otra óptica e introducir en la agenda diaria los problemas globales 
que amenazan a la humanidad?

Como nos gustan las frases hechas, sobre todo bien hechas, comulgamos con
lo 
que dice el sociólogo Imanol Zubero: "el humanismo es la única forma de 
resistencia -me atrevería a decir que la definitiva- que tenemos contra
las 
prácticas inhumanas y las injusticias que desfiguran la historia".

Hoy, cuando Haití sucumbe ante el hambre y plantea una nueva crisis 
humanitaria, mientras la amenaza del calentamiento global y la escasez de 
insumos alimenticios se multiplica sobre el mundo, contamos, al menos, con

la conciencia crítica de quienes se atreven a llamar a las cosas por su 
nombre, como lo están haciendo los líderes progresistas del mundo que han 
señalado al "rey desnudo", aunque intenten silenciarlos con la furia
alevosa 
y suicida de la molienda mediática.

En una vuelta de tuerca maniquea y radical, pero en el fondo lógica, nos 
atrevemos a decir que por cada pecho operado por cuestiones estéticas,
como 
mi amiga que a tiempo no pudo y probablemente no podrá implantarse el 
impúdico silicón de sus lamentos, cabe el hastío y la angustia.

Sin embargo, las voces disidentes y su acceso a vías de comunicación como
la 
Internet y los medios alternativos, como no podían soñar todas las 
anteriores generaciones de tiranos y ortodoxias, nos devuelven el alma al 
cuerpo. Se trata de apropiarse de la herramienta tecnológica con el sigilo

del que desea aprender; experimentar con pasión a través de su universo,
la 
biblioteca infinita que soñó Borges como signo de la inmortalidad, y 
transformarnos en la masa crítica necesaria para acabar con la infamia de 
los poderosos que nos cuentan el cuento a su manera.

Uno que se esfuerza por no sucumbir a las formas seductoras del
capitalismo, 
pero que lo hace a cada rato con estúpida indulgencia, intuye que es
triste 
vivir para competir y cada vez tener más. Uno que ha conocido al monstruo
en 
sus fauces (como dijo Martí) y que ha transitado las contradicciones y 
excesos del llamado "Primer Mundo", puede concluir como cualquier alma 
asustadiza que el que transitamos no puede ser el camino, que debe haber 
otro modelo, alternativo y creativo como casi todo lo que se emprende
desde 
este nicho preñado de cosas por hacer que se llama Latinoamérica, desde
sus 
"otras voces" como diría Mattelart.

A uno, a estas alturas, solo le resta afirmar que sin tetas sí hay
paraíso.




 1 Posts in Topic:
Sin tetas sí hay paraíso
"Shaman" <sh  2008-04-17 23:39:45 

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