Detalles del testimonio que involucra a Uribe con masacre de El Aro
Por: El Nuevo Herald (Gonzalo Guillén y Gerardo Reyes)
30 de Abr de 2008. El ex paramilitar colombiano Francisco Enrique Villalba
Hernández declaró ante la Fiscalía General de Colombia en febrero pasado
que
el presidente Alvaro Uribe y su hermano Santiago participaron en la
planeación de una masacre en el norte del departamento de Antioquia, según
una copia del testimonio obtenida por El Nuevo Herald. Parte de la
confesión
de Villalba, cuya credibilidad Uribe atacó esta semana, fue utilizada por
la
Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para condenar a Colombia
por
esa masacre, ocurrida en el caserío El Aro en 1997, según un extenso fallo
de ese tribunal hace dos años.
Villalba no comprometió al mandatario ni a su hermano en los testimonios
ante la CIDH, pero su relato fue parte de las pruebas que sirvieron al
tribunal para concluir que en la matanza de El Aro agentes de la fuerza
pública colaboraron con grupos de las Autodefensas Unidas de Colombia
(AUC)
para asesinar a sangre fría a por lo menos 15 campesinos "en estado de
indefensión, despojando a otros de sus bienes y generando terror y
desplazamiento'', según el fallo, de 160 páginas.
El mismo fallo cita un testimonio en el sentido que la gobernación del
departamento de Antioquia, entonces a cargo del hoy presidente Uribe, se
negó a prestar protección a los habitantes de El Aro al enterarse que el
ataque paramilitar era inminente. "Ante esta situación, como dos meses
antes
de la toma, la Junta de Acción Comunal de El Aro pidió protección a la
gobernación [de Antioquia], la cual no fue otorgada'', expresa la
sentencia
del CDIH.
Testimonio de Villalba
Hasta ahora sólo se conocían indirecta y fragmentariamente alguno aspectos
de la declaración de Villalba ante la fiscalía colombiana revelados por
Uribe sorpresivamente durante una entrevista radial esta semana para
rechazar los señalamientos del ex paramilitar. Pero El Nuevo Herald obtuvo
una copia completa de la declaración que, en efecto, contiene reiterados
testimonios de Villalba de que Uribe, cuando era gobernador del
departamento
de Antioquia, se codeaba con los máximos jefes de las AUC y dio carta
blanca
para llevar a cabo la masacre.
"[Alvaro Uribe nos dijo] que lo que hubiera que hacer que lo hiciéramos'',
declaró Villalba al describir una reunión en la que participaron líderes
de
las AUC, militares y los hermanos Alvaro y Santiago Uribe. La declaración
de
19 páginas de Villaba describe con nombre y pormenores una estrecha
relación
de complicidad y camaradería entre autoridades militares y policiales con
los cabecillas de los escuadrones de la muerte.
Villalba denunció la muerte de funcionarios de la fiscalía que
investigaban
la masacre, el asesinato de activistas de derechos humanos que colaboraban
con las autoridades en el esclarecimiento de los hechos y tres atentados,
uno de ellos con cianuro que le pusieron en una bebida de malta. La
declaración contiene por los menos dos inconsistencia: que uno de los
militares que Villalba mencionó como participante en una reunión a finales
de 1997 había fallecido en abril de ese año y que la fecha de la masacre
no
fue en noviembre, como él sostuvo, sino en octubre de ese año.
Cuando los paramilitares llegaron a El Aro, un caserío de unos 500
habitantes en una zona montañosa del norte del departamento de Antioquia,
llevaban una lista de sus víctimas, relató Villalba al diario El
Colombiano
de Medellín. A unos los mataron de un tiro en la nuca, bocabajo, en la
plaza
del pueblo; también ultimaron a un joven de 14 años, pero en el caso del
dueño del almacén de abarrotes Marco Aurelio Areiza Osorio, un comerciante
de 64 años, apreciado en la región por su generosidad, los paramilitares
se
ensañaron con una pasmosa frialdad.
Según los testimonios obtenidos por Human Rights Watch y periodistas
colombianos, le ordenaron al comerciante que preparara un sancocho, y
después que lo sirvió lo amarraron a un naranjo y, vivo, le sacaron el
corazón, luego los ojos y después le arrancaron los testículos. Algunos
niños que se escondieron cerca a la plaza lo vieron todo: "El bujaba
[mujía]
duro y luego chillaba como un niño'', le dijo uno de los menores a los
periodistas Carlos Giraldo y Miguel Garrido, de El Colombiano.
Los paramilitares ingresaron a El Aro el sábado 25 de octubre, un día
antes
de elecciones municipales. La toma del pueblo duró unos cuatro días,
durante
los cuales unos 120 paramilitares con uniformes de las AUC asesinaron
campesinos, violaron mujeres, saquearon negocios y robaron unas 900
cabezas
de ganado, según documentos judiciales. Villalba, de 36 años, confesó que
había participado en ésta y otras masacres de las AUC.
Tres meses después de los hechos de El Aro, se presentó ante las
autoridades
judiciales porque estaba cansado de tantas muertes y se habían planeado
atentados con los que no concordaba, dijo. Hoy cumple una pena de 33 años
de
prisión en la penitenciaría La Picota de Bogotá. Según sus declaraciones a
la policía, el Ejército y las AUC planearon la toma de El Aro para
escarmentar a los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de
Colombia (FARC) y rescatar a unos ocho ganaderos y comerciantes que los
rebeldes tenían secuestrados.
Villalba aseguró que tres días antes de la incursión en El Aro hubo una
reunió en una finca de un hacendado --que no identificó-- en el municipio
de
La Caucana, en el noroeste de Antioquia. Al encuentro asistieron además de
mandos militares de la IV Brigada y de la policía, cabecillas de las AUC y
los hermanos Uribe, agregó. "Estuvo también Santiago Uribe y Alvaro Uribe,
que era gobernador cuando eso'', dijo el testigo.
A la pregunta de si conocía anteriormente a los Uribe, Villalba respondió
que en el caso de Alvaro no, pero que Santiago "siempre fue conocido en la
organización porque todavía tiene un bloque de Autodefensas en Santa Rosa
de
Osos''. Villalba afirmó que se enteró de quién era Uribe después de la
masacre cuando el entonces gobernador se presentó en la misma finca a
felicitarlos por el éxito de la operación.
"Supe que era Alvaro Uribe porque él se presentó, habló con nosotros y
dijo
que la operación había sido un éxito, que los secuestrados habían salido
sanos y salvos'', dijo Villaba. "Ahí llegó con un escolta, de apellido
Serna'', agregó. Los ocho secuestrados fueron liberados.
Esta semana Uribe aseguró que jamás he estado en La Caucana.
Villaba declaró a la fiscalía que años después vio de nuevo al escolta
Serna, pero esta vez como guardia del Instituto Nacional Penitenciario
(INPEC), en la cárcel de La Picota de Bogotá. Serna lo reconoció y lo
saludó, agregó. En la reunión previa a la masacre estuvieron presentes los
cabecillas de las AUC Carlos Castaño, entonces máximo jefe de la
organización y quien fue asesinado; Salvatore Mancuso, segundo al mando, y
otros que identificó con los alias 'Noventa'', "Cobra'', el Negro Ricardo
y
Junior.
También acudió un hombre a quien identificó, vacilando, como José Ardila,
de
las organizaciones de autodefensas campesinas legalizadas por el gobierno
y
conocidas como las Convivir.
Al referirse al paradero de Ardila, Villalba dijo: "[Ardila] estaba
declarando en contra de Alvaro Uribe, a él lo sacaron de la cárcel, estaba
condenado a 60 años y lo desaparecieron, no sé dónde estará''.
Mancuso fue condenado por la justicia colombiana a 40 años de prisión por
la
masacres de El Aro y La Granja. En esta última fueron torturadas y
asesinadas cinco personas el 11 de julio de 1996. Según el declarante,
Alvaro Uribe "fue invitado por Carlos Castaño'' a la reunión previa a la
masacre y luego presentado por Mancuso ante los asistentes.
En esa reunión Uribe habló en público, detalló Villalba. "'Alvaro Uribe
decía recomendaciones, que los secuestrados, que todos salieran salvos y
que
lo que hubiera que hacer que lo hiciéramos'', dijo el testigo. En cuanto a
la finca donde se realizaron las reuniones, el ex paramilitar señaló que
"a
mano izquierda hay unos corrales y una caballeriza, esa finca no tenía
nombre pero todavía existe, nosotros llegamos un día antes [de la
reunión],
con mis 22 hombres''.
Villalba declaró ante Carlos A. Camargo Hernández, fiscal noveno
especializado de la Unidad Nacional de Fiscalías de Derechos Humanos y de
Derecho Internacional Humanitario, que el encuentro ''fue de día, empezó
como a las 10 de la mañana y terminó [a las] 3 de la tarde, después que
almorzaron y todo''.
Según el testigo, Mancuso y Castaño llegaron "en un helicóptero gris,
pequeño, [que] bajó a la finca directamente'' y en la zona 'habíamos (sic)
como 100 hombres [de escuadrones de la muerte] con los del pueblo y los 22
que yo tenía''. Cuando el fiscal le preguntó si los escuadrones de la
muerte
recibieron ayuda de de la fuerza pública, Villalba declaró: "Sí doctor, de
la IV Brigada [de Ejército]. Lo digo porque antes de la masacre hubo una
reunión; hubieron (sic) retiradas de tropas de los retenes [de control
militar en el área], suspendido los retenes de tropa en la carretera''.
Villalba le dijo al fiscal que con anterioridad a sus declaraciones de
febrero de este año había entregado a la justicia detalles de ésta y otros
masacres a funcionarios del Cuerpo Técnico de Investigaciones de la
Fiscalía
General de Medellín. También declaró sobre la participación de los
hermanos
Uribe, de lo cual quedaron grabaciones en cintas magnetofónicas, indicó.
Pero "las grabaciones resultaron en manos de Mancuso'', explicó Villalba,
y
los funcionarios del CTI fueron asesinados en septiembre de 1999. 'A ellos
los mataron en Medellín, los mató la gente de la banda de La Terraza y a
mí
me mandaron que me callara'', dijo. La Terraza es una enorme agencia de
asesinos a sueldo de Medellín que ha operado bajo la dirección de
poderosos
narcotraficantes y paramilitares.
Sobre la reunión en la que participaron los hermanos Uribe Vélez, dijo
Villalba, también habló varias veces con el director del CTI de Medellín,
"un señor de gafitas, joven, y le comenté lo de [la reunión] de La Caucana
y
no dijo nada, se quedó callado''.
El testigo aseguró que también habló sobre estos temas con María Teresa
Gallo, fiscal especializada de terrorismo y derechos humanos. "Me prometió
muchas cosas, como cambio de identidad, sacarme de la cárcel y mandarme a
otro país'', dijo.
En enero de 2007 Villalba es trasladado a Medellín para declarar contra el
militar Juan Manuel Grajales por otra masacre cometida por paramilitares
en
noviembre de 1997 en La Balsita, municipio de Dabeiba, Antioquia. En esa
oportunidad fueron asesinadas 15 personas y entre los responsables,
asegura,
"también estaba el hermano de Alvaro Uribe, Santiago, que prestó como 20
pelados [sicarios] para eso''.
Villalba tiene una segunda condena de 37 años de prisión por la masacre de
La Balsita. Los ''pelados'' que habría prestado el hermano del presidente
Uribe, pertenecían a la banda paramilitar Los Doce Apóstoles, que según
varias versiones judiciales comandaba directamente Santiago Uribe.
Villalba
afirmó que el 13 de febrero de 1998 decidió entregarse voluntariamente a
la
Fiscalía, pues militares activos, narcotraficantes y paramilitares
planeaban
varios crímenes con los que no estaba de acuerdo.
Los planes se cumplieron. Según el testigo, este grupo asesinó al
periodista
y humorista Jaime Garzón, al abogado Jaime Umaña y al defensor de derechos
humanos Jesús María Valle Jaramillo.
Valle había advertido desde 1996 que narcotraficantes, militares y
escuadrones de la muerte se disponían a cometer la masacre de El Aro. En
respuesta, el hoy presidente Uribe, entonces gobernador de Antioquia,
acusó
públicamente a Valle de ser enemigo de las fuerzas armadas y el ejército
lo
enjuició por calumnia. Luego fue asesinado en Medellín.
A Valle, dice Villalba, "lo mató la banda de La Terraza y a mí me mandaron
a
que me callara [...] lo mandaron a matar por las investigaciones que
llevaba
sobre la masacre del Aro. Era uno de los que me ayudaba porque supo cuando
yo me entregué y me iban a matar para que no dijera nada''.
El fiscal que estaba encargado de la investigación de Valle, tuvo que
salir
del país, dijo.
Además del presidente Uribe y su hermano Santiago, en los expedientes
judiciales figuran el ex general Carlos Alberto Ospina --comandante de las
fuerzas armadas durante el primer gobierno de Uribe--, quien en el momento
de los hechos era comandante de la Cuarta Brigada de Ejército, acantonada
en
Medellín, y el general de Ejército Alfonso Manosalva Florez, quien según
testigos como Villalba y Mancuso entregó a los escuadrones de la muerte la
lista de las personas que debían matar en La Granja y El Aro.
El presidente Uribe señaló como una de las inconsistencias de la
declaración
de Villalba que la afirmación que Manosalva estaba presente en una reunión
en noviembre de 1997 con líderes paramilitares cuando éste había fallecido
en abril de ese año.
Villalba relató que ha sido víctima de tres atentados. El primero ocurrió
en
la cárcel de la ciudad de Palmira después de haber hablado con la fiscal
Gallo. "Un muchacho de las autodefensas, Edison Parra, [condenado por un
homicidio en el Llano, me dio una puñalada del lado izquierdo, a la altura
del pecho''.
Dos meses después, "en el mismo patio me hicieron otro atentado con
cianuro
en una Pony Malta [marca de bebida de malta]. Me la hizo Edwin Tirado,
también de las AUC, que ahora está en la cárcel de Montería, él era un ex
trabajador de Mancuso''. "Los atentados se los atribuyó a Mancuso, en esos
días yo estaba declarando contra la Fuerza Pública'', agregó.


|