"EEUU no podría seguir en Irak sin las empresas de mercenarios," afirma
experto Jeremy Scahill
Por: Agencias
06 de mayo 2008. - La ocupación de Irak se ha convertido en una pesadilla
para EEUU, pero sin las polémicas empresas de seguridad privadas, como
Blackwater, que han desembarcado en el país árabe, la situación sería
todavía mucho peor para Washington. Tanto, que la derrota sería inmediata.
Así lo cree Jeremy Scahill (Chicago, 1974), probablemente el periodista
que
más ha estudiado el auge de estas empresas que hoy actúan con impunidad en
Irak y sueñan con ocupar mañana el papel de los cascos azules en el mundo
entero.
"Las empresas de seguridad privada han permitido a EE UU doblar sus
efectivos y han estado en el centro de algunos de los peores episodios de
violencia en Irak. Sin estos mercenarios, EE UU no podría continuar con la
ocupación", sostiene Scahill, que se encuentra en Madrid para presentar
Blackwater. El auge del ejército mercenario más poderoso del mundo
(Paidós).
"Actualmente, hay en Irak más de 170 empresas de mercenarios como
Blackwater. La cifra es casi equivalente a los países miembros de Naciones
Unidas. Sin duda hay un esfuerzo para minar el poder de los Estados y la
amenaza es especialmente importante para los Estados débiles", añade.
El libro destripa los secretos de Blackwater, una pequeña empresa
provinciana de Carolina del Norte convertida en pocos años en una
auténtica
multinacional llamada a una misión mucho más ambiciosa que la pacificación
de Irak: la privatización de la guerra. La lógica de este modelo,
impulsado
por George W. Bush, Donald Rumsfeld y Dick Cheney pero gestada ya en la
Administración de Bill Clinton, supone, en opinión de Scahill, una deriva
"peligrosísima": "El control democrático se reduce y se incentiva la
guerra:
los gobiernos no van a necesitar más a su pueblo para luchar; sólo se
requiere dinero. La guerra se convierte en negocio y el negocio es algo
bueno", sostiene el periodista, colaborador habitual de The Nation, uno de
los emblemas de la izquierda estadounidense. Y añade: "Los países ricos
pueden reclutar a pobres de todo el mundo y utilizarlos como carne de
cañón
para conquistar naciones débiles".
Como documenta Scahill, Blackwater recluta en todo el mundo y se nutre de
gente con años de experiencia en contrainsurgencia; proscritos quizás en
el
pasado pero perfectamente reciclados para la "guerra global contra el
terrorismo": chilenos vinculados a Pinochet y surafricanos formados en el
apartheid son ahora la punta de lanza de esta empresa mundial dirigida por
cristianos renacidos. ¿Cambiaría algo una victoria electoral demócrata?
"No;
esta industria cuenta con apoyo bipartidista", concluye rotundo Scahill.


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