La Colombia que marchó, la que no marchó y la que marchó contra los que
marcharon
****: Fredy Muñoz Altamiranda
05/02/08
Hay, **** lo menos, dos colombias. Una que marchó y otra que no. Una que
votó
y seguiría votando **** mantener a un paramilitar y narcotraficante como
Álvaro Uribe en la presidencia, y otra que continuará oponiéndosele, a
pesar
de que le asesinen a sus hijos, le roben sus tierras o la dejen sin
trabajo.
Hay una Colombia de sentimientos patrióticos virtualizados, muchachos y
muchachas de "bien" que a diario se indignan, a través de Facebook, de la
violencia nacional, mientras envían a sus listas de correos y círculos de
amistades electrónicas, razones **** las cuales sentirse orgullosos de lo
que
creen que es Colombia: Juanes, Shakira y Montoya.
En la otra Colombia hay **** lo menos sesenta mil familias que aún esperan
que los paramilitares amigos del gobierno mafioso de Uribe les digan dónde
enterraron los pedazos mutilados de sus víctimas. En qué fosa común, de
qué
hacienda, de cuál congresista uribista, están los despojos de miles de
hombres, mujeres, jóvenes y niños que hacían parte de la otra Colombia, la
que no marchó.
Como tampoco marcharon los campesinos asesinados **** la Brigada Móvil
número
XV del ejército colombiano, que según contó uno de los propios asesinos a
la
Procuraduría General de la Nación, el sargento Alexander Rodríguez, eran
tiroteados para hacerlos pasar **** guerrilleros y reclamar cinco días de
descanso **** cada muerto.
La Colombia de las universidades privadas, de los empleos bien remunerados
en almacenes, compañías, centros comerciales, bancos y empresas prósperas
de
la mafia, la Colombia propietaria, la que dice poder viajar ahora ****
carretera en sus camionetas blindadas a visitar sus fincas de recreo en
tierras exclusivas del país, robadas a campesinos o a indígenas y hoy
custodiadas **** paramilitares, esa Colombia si marchó.
Los jóvenes de barrio que reciben clases en las universidades públicas,
con
un pasaje de bus en el bolsillo y un desayuno casero en el estómago, los
chicos y chicas que han leído más de un buen libro sobre la historia y el
origen de nuestra violencia, los que insisten en la democracia
participativa
y los cambios estructurales de un país tomado **** el paramilitarismo, los
que no le comen cuento ni a Uribe ni a sus asesores cínicos, esos no
marcharon.
En mi tierra, la Costa Atlántica, los uribistas pretendieron aprovechar la
asistencia del pueblo a la programación multitudinaria del Carnaval de
Barranquilla, para hacerle creer a los navegantes de internet que esa
manifestación cultural centenaria y rica era producto de sus convocatorias
virtuales. Pero sólo pudieron hacer un rápido y deslucido desfile de
carros
lujosos, de electores de Uribe que suspendieron la parranda **** quince
minutos, y salieron a darle una vuelta a la cuadra, a sonar sus bocinas y
tomarse una foto con el teléfono celular para montarla en los ****tales de
"Facebook" y decir que "millones de colombianos marcharon".
Pero hubo una Colombia, entre estas dos de las que he hablado, que también
marchó, para exigir la solución política negociada al conflicto armado, un
intercambio humanitario de prisioneros, y la paz con justicia social que
mantiene en armas a otra Colombia. Y que si esa otra Colombia armada salió
a
marchar, lo hizo **** las montañas y las selvas del país, a combatir, como
lo
hacen a diario, a mercenarios gringos, a oficiales y soldados,
compatriotas
cuya única alternativa de trabajo remunerado ha sido la guerra; y a los
nuevos paramilitares que negociarán con Uribe nuevos beneficios, en un ya
lanzado tercer mandato.
Una Colombia que marchó (pero no **** seguirle el juego a "Facebook", la
extensión de la CIA cuyos 16 socios son agentes de inteligencia estatal
estadounidenses) en Wa****ngton coreaba: "¡Uribe, paraco, el pueblo está
verraco!".
En Bogotá jóvenes del Sur de la ciudad marcharon a la usanza de las tribus
urbanas, pidiendo paz, pero también justicia para sus amigos asesinados
****
los paramilitares en complicidad con la policía, y mostrados luego como
delincuentes dados de baja o resultado de ajustes de cuentas entre bandas,
cuando realmente eran adolescentes irreverentes, en resistencia al control
social de los paramilitares en sus barrios.
La Colombia que marchó lo hizo convencida de que reelegirán a Uribe para
cuatro años más de gobierno mafioso y paramilitar. Muchos quizás no sean
conscientes de eso.
La Colombia que marchó contra la marcha de Uribe lo hizo, en buena parte,
para no ser tomados como amigos de los "violentos", pero en otra para
expresar salidas distintas al unanimismo guerrerista.
Y la Colombia que no marchó espera que los huesos de sus familiares
aparezcan, o que alguien diga, "Yo los maté" como ya ha hecho el
narcotraficante, paramilitar y elector de Uribe, Hernán Giraldo con 37
asesinatos, entre ellos el de Martha Lucía Hernández Turriago, ex
directora
del Parque Tayrona, y el del estudiante Hugo Maduro, ex miembro de la
Juventud Comunista, y hoy una cifra más en la estadística de un exterminio
que no cesa.


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