****: Cecilia Orozco Tasc=F3n
Marcha de enga=F1ados
Febrero 09 de 2008
Nunca me com=ED el cuento, pero, en vista de que pensar diferente lo ha
vuelto a uno indeseable, acab=E9 **** aceptar, a rega=F1adientes, que la
marcha contra las Farc no era una estratagema, al menos en su origen.
Tanto entusiasmo me llamaba la atenci=F3n, en cualquier caso, ****que los
colombianos no nos hemos distinguido precisamente **** la solidaridad.
Sabemos que aqu=ED a cada cual le vale un higo lo que le sucede al
vecino y que el dolor del otro siempre ha sido asunto de =E9l, no
nuestro. **** eso se han escuchado desagradables insultos contra una
madre cuyo =FAnico delito ha sido el de luchar para que le regresen a su
hija.
Pero bueno, volvamos a la marcha. El presunto objetivo era decirle al
mundo entero que Colombia odiaba a los secuestradores, aunque un
extranjero nunca podr=EDa entender c=F3mo es posible que -volviendo al
tema de la madre insultada- el grueso de los manifestantes rechazaran
a los carceleros y se opusieran al mismo tiempo a los acuerdos para
liberar con vida a sus v=EDctimas, los secuestrados.
Las voces de quienes sospechaban que los grupos uribistas se estaban
apoderando, para sus efectos, de la convocatoria, fueron aplastadas
con =E1cidas cr=EDticas difundidas a los cuatro vientos **** ciertos
canales de informaci=F3n. Incluso, los dirigentes pol=EDticos de la
oposici=F3n, si es que a =E9sta todav=EDa se le puede llamar as=ED,
quedaron=
doblegados **** el peso de una pretendida 'opini=F3n' nacional.
Vimos al Partido Liberal mimetizado, en la caminata, casi sin chistar.
Con la disculpa de que hab=EDa que rodear al Presidente **** los ataques
de Ch=E1vez, C=E9sar Gaviria abandon=F3 su puesto de analista
independiente
y adopt=F3 el cargo m=E1s popular de consejero de Palacio. El Polo se
enred=F3 en sus propias contradicciones **** tratar de mantenerse fiel a
su ideario, sin molestar a los encuestadores. Sus dirigentes
terminaron, unos caminando del brazo del uribismo, otros, sin marchar,
pero eso s=ED, presentes y combatientes.
Unos pocos, poqu=EDsimos, no fueron, a riesgo de su propia conciencia, a
ninguna plaza. No quisieron dejar que los enga=F1aran usando, para ello,
una argumentaci=F3n que resultaba tan obvia -no a las Farc- que no pod=EDa
ser la verdadera. Pues bien, para asombro de la aplastante y peligrosa
mayor=EDa, los disidentes antimarcha parecieron encontrar la raz=F3n
aut=E9ntica sin escarbar mucho: tres d=EDas despu=E9s del acto de masas,
la
U anunci=F3, sin rubor, que empezar=E1 a recoger firmas para lograr una
segunda reforma de la Constituci=F3n que en vista del clima pol=EDtico
existente =A1Sorpresa! No buscar=E1 llevar a la c=E1rcel a los
secuestradores de la guerrilla; no sacar=E1 de la selva a los
secuestrados; no acabar=E1 con la guerra ni con el narcoterrorismo.
Mucho menos con los genocidas del paramilitarismo, pues con ellos ya
estamos en proceso de paz.
La segunda reforma de la Carta tendr=E1 un solo beneficiario: =C1lvaro
Uribe, quien, cuando empez=F3 su primer mandato, no pod=EDa reelegirse.
Quien, cuando inici=F3 su siguiente administraci=F3n, tampoco pod=EDa
aspirar a dirigir un tercer gobierno. Qu=E9 problema hay. Se trata
=FAnicamente de reformar, **** segunda vez, un articulito y el Presidente
continuar=E1 siendo nuestro l=EDder cuatro a=F1os m=E1s. Finalmente, para
es=
o
son las autocracias... y las marchas del mill=F3n de enga=F1ados.


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