Perrita, esta ola de simpatia se va a estampillar en el trasero de tu
querido mesia.
Tanto la Hillary cuanto Obama ya escupiaron en la cara de tu jefe, el
hombre
**** el cual estas trabajando, le madaron a decir que hasta que haya este
paraco en Colombia no van a aprobar a ningun TLC.
Te tocarà buscarte otro empleo ****què la terzera maldicion no es cierta.
No
es dicho que los colombianos sigan poniendose la cuerda al cuello.
S.F.
"Adrey S" <AdrianaFuiYo@[EMAIL PROTECTED]
> ha scritto nel messaggio
news:20385-47AF5027-118@[EMAIL PROTECTED]
semana internacional
El día que me quieras
Las elecciones primarias despertaron una súbita ola de simpatía ****
los EE.UU.
Domingo 10 de febrero de 2008
En los tempranos sesenta, los mexicanos concluyeron que los Estados
Unidos tenían **** primera vez un presidente parecido a ellos: John F.
Kennedy era católico; profesaba su misma fe. No hubo desde entonces
otro con el cual compartieran rasgos en común, más allá de la
cuñada mexicana de George W. Bush (Columba, esposa de su hermano Jeb,
ex gobernador de Florida). Con Bill Clinton tuvieron un romance:
soslayó a la oposición republicana del Capitolio para rescatar al
país de la embriaguez financiera provocada **** el efecto tequila en
1994.
Aquel gesto, así como su política migratoria, debería ser
capitalizado **** su mujer, Hillary, entre los mexicanos que,
nacionalizados norteamericanos, votan en las primarias demócratas. Lo
capitalizó en California y otros estados con población hispana.
Pero, si de identificación se trata, los mexicanos advierten en su
adversario, Barack Obama, un atributo más cercano: tiene la piel de
color canela, como la venerada Virgen de Guadalupe. ¿Para qué te voy
a decir que no, si sí?, suelen decir. Y algunos, sobre todo aquellos
que viven fuera de los Estados Unidos, se inclinan **** él. Créase o
no, las primarias demócrata y republicana hicieron más **** los
Estados Unidos que el aparato gubernamental y propagandístico puesto
al servicio de una causa: mejorar en el exterior una imagen que, durante
la presidencia de Bush, se vio seriamente dañada **** su respuesta al
terrorismo. Una imagen más asociada, desde la voladura de las Torres
Gemelas, con las mentiras de Irak, los horrores de Guantánamo y el
odioso muro que tienden frente a México que con la inmunidad alcanzada
frente a la amenaza de atentados en su territorio. Ningún país
recupera en un mes aquello que perdió en casi ocho años. Lejos
quedó el brillo del siglo XX, denominado siglo de oro. Desde el
comienzo de las primarias, sin embargo, despuntó una tímida señal
de reconciliación externa que encontró eco en una corriente de
admiración y envidia (sí, envidia) **** la corrección de los
debates, los actos, los comicios y los candidatos. Algunos de ellos, a
la luz de los resultados parciales y de sus perspectivas remotas,
despejaron el camino para que otros, como John McCain entre los
republicanos, apunten directamente a las presidenciales del 4 de
noviembre.
Esa generosidad y astucia, poco frecuente en otras latitudes,
despertó, o espabiló, una incipiente ola de simpatía **** los
Estados Unidos, inusual en el gobierno de Bush. Despertó simpatía y,
acaso, envidia. La envidia no siempre es mala: puede ser el deseo
honesto de imitar alguna cualidad que otro posee. Y es, también, la
base de la democracia. Lo dejó escrito Bertrand Russell: decía que
las mujeres compiten entre sí y que los varones, **** regla general,
sólo experimentan ese sentimiento hacia los varones que ejercen su
misma profesión.
La envidia no alentó a Hillary a competir con otras mujeres ni a Obama
a experimentar ese sentimiento hacia sus pares. Las primarias no tienen
***o ni color ni edad, sino diversidad y contrastes. La mera posibilidad
de que una mujer experimentada (Hillary), un joven afroamericano (Obama)
o un veterano de Vietnam en edad de retiro (McCain), senadores todos
ellos, llegue a ser el primer presidente en su tipo de los Estados
Unidos capta la atención internacional. ****que, en realidad, los
norteamericanos no eligen a los dos candidatos a presidente de su
país, sino al presidente del país que, **** varias razones, puede
regir los destinos del planeta. De ahí la trascendencia y, en cierto
modo, la comparación con el proceso, si lo hay, en otros países.
Todo el mundo, en teoría, querría votar a la persona más poderosa
de la Tierra. En momentos excepcionales surgen líderes excepcionales.
A veces, a pesar de la envidia. Russell suponía que Napoleón
envidiaba a César, que César envidiaba a Alejandro y que Alejandro
envidiaba a Hércules, que nunca existió. En una circunstancia
especial, como la que atraviesan los Estados Unidos con su bajo índice
de popularidad **** arrogancia y desdén, una parte del planeta mira con
recelo y la otra mira con envidia las primarias. Y, de pronto, cambia la
impresión. Llueven los elogios.
Sea Hillary, Obama o McCain el sucesor de Bush deberá lidiar con retos
fenomenales, como la economía doméstica, los planes de salud, la
inmigración, el terrorismo, el desenlace de Irak, el desafío de
Irán, el conflicto de Medio Oriente, el caos de Paquistán, el
embrollo de Afganistán, las pretensiones de Rusia, las ambiciones de
China y los estragos del calentamiento global, entre otros. El
supermartes o martes tsunami, con poco menos de la mitad de los estados
del país en juego, resolvió poco y nada. Entre los republicanos,
McCain procura ser el reverso de Bush, **** más que haya propiciado el
refuerzo de las tropas en Irak. Entre los demócratas, Obama pretende
ser el apóstol del cambio, al igual que JFK en su tiempo. Vaya
coincidencia: los mexicanos perciben en él un aire familiar y, a su
vez, el clan Kennedy apoya su candidatura. ¿Para qué te voy a decir
que no, si sí?, pues.
**** Jorge Elías
De la Redacción de LA NACION


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