El asesinato de Raúl Reyes **** el cobarde Álvaro Uribe
****: Roberto Gutierrez - Director de ANNCOL
02/03/08
Es un lugar común citar aquélla frase de que a veces, la realidad parece
seguir a la ficción. Pero es que al seguir las distintas informaciones que
han surgido durante el día no he podido dejar de establecer ciertos
paralelismos entre nuestra realidad colombiana y la última "de vaqueros"
hollywoodense. Las distintas coberturas noticiosas nos lo han dejado muy
claro: en la madrugada del 1º de marzo, el campamento donde pernoctaba el
comandante Raúl Reyes fue arrasado desde el aire, utilizando bombas
arrojadas desde aviones Super Tucan.
Las fotografías publicadas unas horas después **** el sitio web del diario
El
Tiempo sirvieron como latigazos para aplacar a la jauría de "lectores",
que
si juzgamos **** los comentarios diariamente vertidos en el sitio son más
bien morbosas bestias sediantas de guerra, entrenadas **** el engaño
mediático para el propósito de pedir más sangre, pero además muestran una
realidad bien distinta al show mediático montado **** el señor Santos y
compañía cuando ufano, con el brillo del asesino en el ojo, miraba a las
cámaras luciendo su sonrisa animalesca y nauseabunda, la misma de la hiena
que se relame las babas después de darse un buen banquete.
Si tuviésemos que adivinar lo sucedido sobre el terreno **** la actitud
prepotente y altanera del señor Santos y los oficiosos Generales que le
acompañaban mientras se daban palmaditas en la espalda y se felicitaban
uno
al otro, creeríamos estar frente a los vencedores de una épica batalla,
una
de ésas donde los contendientes miden sus fuerzas, sus recursos y su
inteligencia, y donde el vencedor es aquél que al final superó al enemigo
**** méritos propios. Eso es un espejismo.
La cruda realidad de las cosas, es que la Seguridad Democrática no alcanza
para tales consideraciones. Sólo llega hasta donde los satélites gringos
son
capaces de ver, y hasta donde los sobornos con cantidades estratosféricas
pagados a un traidor pueden convencer. No hay combate, no hay riesgo, ni
hay
honor. En el campamento guerrillero, nadie tuvo siquiera la o****tunidad de
defender su vida. ****que para estas tareas sólo disponemos de unos botones
que algún funcionario de la CIA o la NSA puso a nuestro alcance, y una
cuenta de banco alimentada desde las mismas arcas de la narcoparapolítica.
En otras palabras, una vulgar operación de "apunta y dispara", en nada
distinta a los asesinatos selectivos que tan diestramente ejecutan los
agentes del Mossad en el medio oriente, o a los bombardeos indiscriminados
que tantas víctimas civiles han causado en Irak.
La verdad es que el "más grande golpe militar contra las FARC" se reduce
al
pago de un soborno, y al rastreo de un dispositivo electrónico usando la
teconología que alegremente nos ha pro****cionado el Plan Colombia y que
****
cierto, manejan los técnicos gringos. Luego de eso, un batallón completo
de
nuestras valientes y honorables fuerzas armadas no se arriesgaría a atacar
a
un grupito de 18 hombres dormidos, no con el fin de exterminarlos sino con
el de detener y presentar a la justicia al "cabecilla número 2 de las
FARC",
lo cual según el propio presidente era uno de sus más anhelados deseos.
En lugar de eso, decidieron que lo más conveniente era recurrir a las
lecciones aprendidas de los nazis en Europa, o a los norteamericanos en
Vietnam: bombardea todo, y todo lo que se mueva. Hazlo sin piedad, y en
una
de esas hasta tenemos suerte. Y la tuvieron. Felicitaciones, cobardes.
Pero
**** favor, no tengan el cinismo de llamarse héroes.


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