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Fidel Castro relata el 9 de abril
Primicia
¡Fidel Castro habla **** primera vez sobre la participación que tuvo en los
sucesos ocurridos en Bogotá el 9 de abril de 1948!
El relato fue grabado **** Carlos Franqui, Comandante de Sierra Maestra,
director de Radio Rebelde de Cuba y posteriormente del diario Revolución,
de
La Habana, y actualmente exiliado en Francia.
La transcripción está contenida textualmente en el libro de 'Memorias de
Franqui' que acaba de aparecer en París. Los lectores la encontrarán en
las
páginas que siguen.
El estudiante cubano Fidel Castro Ruz, en las calles de Bogotá, el 9 de
abril de 1948.
El testimonio esperado durante 28 años. El 9 de abril y yo, ¡según relato
hecho a Carlos Franqui!
Lo que Bogotá fue en abril de 1948 exactamente. Yo era **** aquella época
una
mezcla de individuo quijotesco, romántico, soñador, con bastante poca
cultura política, un gran deseo de saber y una gran sed de acción. Si de
una
manera perfectamente consciente no comprendía todavía contra qué grande
enemigos iba a luchar, empezaba realmente a avizorarlos. Había en mí
algunas
mezclas de sueños martianos, bolivarianos y de socialista utópico.
**** aquella época me resultaba muy difícil explicarme **** qué la América
que
habían concebido sus grandes y extraordinarios emancipadores se apartaba
tanto de la penosa realidad que presentaban casi una veintena de
republicas
divididas, débiles y empobrecidas.
Había leído muchas biografías de Bolívar y sentía una profunda simpatía
hacia la vida y la obra de aquel hombre extraordinario. Naturalmente que
no
podía entonces analizar sino de una manera muy simple el fenómeno, con una
concepción realmente idealista de la historia. Me imaginaba aquello
resultado de traiciones, las perfidias humanas, políticos corrompidos,
militares ambiciosos, y en cierto sentido trans****taba mecánicamente a la
situación de los distintos países la imagen que tenía del cuadro de
nuestra
propia política nacional, saturada de esos ejemplos. No estaba capacitado
**** aquellos días para comprender el fenómeno imperialista en su forma
cruda
y real, y su influencia decisiva en la suerte de nuestras naciones
latinoamericanas.
Sin embargo, de la lectura y del estudio de los escritos y discursos de
martí -al que también **** aquella época leía incansablemente- y de las
historias recientes de las intervenciones militares de Estados Unidos, no
solo en nuestro país sino en numerosos países latinos para defender allí
los
más bastardos intereses, la colonización de Puerto Rico y el apoderamiento
de una ****ción del territorio que ocupaba el Canal de Panamá, me hacían
sentir cada vez mayores de dominio y de control, eran la causa principal e
esa situación. Claro está que otras potencias imperialistas habían tenido
notoria influencia en los acontecimientos.
América Latina
Me deprimía el cuadro de América Latina, dividida en numerosos Estados y
Republicas débiles y empobrecidas. Tendía muy presente la prédica
incesante
de Martí a favor de la unión de América para defenderse del creciente
expansionismo, del poderío colosal que se desarrollaba en los Estados
Unidos
del Norte. De una manera muy simple, a través de un razonamiento muy
sencillo, yo estaba persuadido de que Estados Unidos era el gran enemigo
de
la Unión y del desarrollo de las naciones hispanoamericanas, que Estaos
Unidos siempre habría todo lo que estuviera a su alcance para mantener esa
debilidad y esa división sobre las cuales ellos realizaban su política de
manejar a su antojo la suerte de nuestros pueblos.
¿A qué lo atribuía? A la maldad de los hombres, no a las consecuencias de
un
sistema, no a las consecuencias de un determinado sistema social, no a un
producto de la historia. Sentía fuertes simpatías **** el pueblo
puertorriqueño, **** sus afanes frustrados de independencia; veía en la
historia del Canal de Panamá un acto e despojo y de piratería contra la
nación colombiana y contra la ****ción de aquella nación constituida **** el
propio pueblo de Panamá; sentía un profundo repudio **** la política brutal
que había despojado a México de una considerabilísima y
extraordinariamente
rica ****ción de su territorio.
**** otra parte, subsistían posesiones coloniales de potencias europeas. Un
número de nuestros países vivían subyugados **** las tiranías militares que
a
nosotros nos recordaban los años sombríos de Batista en sus primeros 11
años
de gobierno.
Y como estudiante que era, pensaba que era necesario comenzar a hacer algo
y
que los estudiantes podían jugar un papel en la lucha contra aquello.
Aquellas cosas en aquel tiempo constituían algo así como un primitivo e
incipiente programa revolucionario.
En Bogotá
Expuse la idea a un grupo de dirigentes universitarios de que la
Federación
Estudiantil Universitaria de Cuba organizara un Congreso Latinoamericano
de
Estudiantes, que coincidiera, precisamente, con la Conferencia de la
Organización de Estados Americanos en Bogotá.
Pero tenía la impresión de que se reunían allí los representantes de los
gobiernos corrompidos, saqueadores, politiqueros venales al estilo de los
nuestros cuando no los emisarios de las satrapías sanguinarias; el propio
repudio que sentíamos nosotros hacia el Gobierno de Grau San Martín,
representante y exponente de la frustración de una increíble
descomposición
administrativa nos daba una idea de quiénes se iban a reunir allí a nombre
de los pueblos. Y **** eso pensamos que debían los estudiantes reunirse
también con mucho más legítimo derecho a nombre de los verdaderos pueblos.
La hostilidad que Estados Unidos manifestaba hacia el movimiento peronista
hacía instintivamente mirar con cierta simpatía hacia Perón, hacia su
movimiento. **** aquellos días circularon entre los estudiantes numerosos
folletos con discursos de Perón dirigidos a los trabajadores, sus alegados
nacionalistas, sus apelaciones a las masas, su lucha contra los oligarcas.
Esos discursos ejercían en nosotros alguna atracción, aunque con muchas
reservas producto del carácter caudillista y militarista con que la
inmensa
mayoría e nuestros periódicos -copiando las consignas de Estados Unidos-
habían estado inculcando durante años en nosotros, lo cual chocaba
ciertamente, **** otro lado, con el apasionado sentimiento
constitucionalista
y democrático de nosotros como estudiantes.
Aún todavía para nosotros la democracia era una mágica palabra. En su
nombre
se había derramado la sangre de millones de hombres en los campos de
batalla
en una guerra cuyas incidencias leíamos con el apasionante interés de los
muchachos **** la historia y **** la época, con toda nuestra simpatía al
lado
de los que luchaban en nombre de esa democracia, horrorizados **** las
barbaries del nazismo. En su nombre se congregaban alrededor de nuestros
Comités universitarios incontables exilados de todos los confines del
Continente.
De la democracia griega habíamos estado leyendo las mayores apologías en
todos los libros de historia de las escuelas y de los institutos, sin que
a
nadie se le hubiese ocurrido indicarnos que aquella democracia se
sustentaba
sobre las espaldas de decenas de miles de esclavos y el trabajo de las
masas
de ciudadanos desprovistos de los derechos a participar en el ágora
pública:
de la misma manera que todavía no comprendíamos que esta llamada
democracia
contem****ánea se asentaba también sobre las espaldas no de decenas de
miles,
sino de millones de hombres igualmente esclavizados en las ciudades y los
campos, cuyos derechos de igualdad y de libertad solo figuraban en los
textos manoseados de nuestras constituciones democrático-burguesas. Pero,
en
fin, estábamos dispuestos a dar la vida **** esa democracia.
En marcha
Hicimos contacto con algunos delegados del Movimiento peronista que ****
aquellos días visitaban a Cuba, quienes se interesaron **** el programa que
nosotros queríamos plantear en la reunión estudiantil, en el que estaba la
lucha contra la subsistencia del coloniaje en Estados Unidos, que incluía
entre otras las Islas Malvinas, en las que estaba interesado el gobierno
argentino. En consecuencia, en coordinación con ellos organizamos el
Congreso. Ellos se comprometieron a movilizar los centros estudiantiles de
las zonas donde tenían más relaciones, nosotros a su vez enviamos
delegaciones a Centroamérica, y partimos hacia Colombia, pasando primero
****
Panamá y Venezuela.
En Panamá nos reunimos con los estudiantes universitarios, que ****
aquellos
días estaban en plena efervescencia a consecuencia de las luchas a favor
de
los derechos de Panamá con relación al Canal, en las que habían resultado
algunas víctimas, entre ellas un joven inválido de un balazo que fue
convertido en bandera de los estudiantes panameños.
Me admiró el fuerte sentimiento antiimperialista de aquel centro
universitario, mucho más desarrollado políticamente que nuestra propia
Universidad de La Habana. Obtuvimos su apoyo para el Congreso.
Durante nuestra estancia en ese país, la cosa que más me impresionó fue el
espectáculo de las calles de la capital, contiguas a la Base Naval, que
desembocaban en la zona del canal, que eran un conjunto interminable de
prostíbulos, cabarets, bares, night clubs, centros de diversión. Aquello
causó en mí una impresión deprimente e inolvidable.
Hice un recorrido **** aquellas calles, y en medio de aquello, que era para
mí la estampa viva de lo que los canales las bases y las instalaciones
norteamericanas significan para los pueblos, y en medio de toda aquella
impresión, una anécdota que venía a gravitar sobre nuestros ya
apesadumbrados ánimos:
Las mujeres cubanas eran tenidas **** las más bellas de todas, de modo que
muchas mujeres de distinta procedencia se hacían llamar cubanas, esto
aparte
de las cientos y tal vez miles de cubanas que allí ejercían la
prostitución,
arrastradas hacia aquella penosa profesión **** traficantes internacionales
de mujeres que llevaban de nuestra isla a Panamá barcazas cargadas de
ellas.
¡Hasta la zona del famosísimo Canal de Panamá iban a parar las hijas de
las
familias humildes que los burgueses cubanos, con su sistema de corrupción,
desempleo, desesperación y hambre, convertían en prostitutas!
¡Cuánto dolor sentí al pensar que solo **** aquellas razones era muy
estimada
y conocida Cuba fuera de sus fronteras! ¡Y así eran conceptuadas en el
exterior **** lo general las mujeres de un país que en los días de la
Revolución que estaba **** venía dieran tan extraordinarias pruebas de
entusiasmo patriótico y virtudes morales!
De Panamá nos trasladamos a Venezuela, conmovida todavía **** el movimiento
revolucionario que derrotó a la tiranía, donde obtuvimos también el apoyo
de
los estudiantes universitarios para la Conferencia estudiantil de Bogotá.
Con Gallegos
Recién había asumido la presidencia el destacado escritor Rómulo Gallegos.
Nosotros tuvimos el propósito de conversar con él, de quien teníamos un
magnífico concepto. A tal efecto le solicitamos una entrevista, la que se
nos concedió para el otro día. Dicha entrevista fue solicitada
directamente
a su familia en una casa que poseían en La Guaira y me impresionó muy
favorablemente la ausencia de centinelas, formalismos y protocolo; fuimos
recibidos de manera simple **** sus familiares, que se comunicaron ****
teléfono con él desde allí, ****que en realidad estaba en Caracas,
concediéndonos la entrevista para el día siguiente, la que no pudo
efectuarse ****que temprano debíamos tomar el avión en el aeropuerto de
Maiquetía hacia Colombia.
En Colombia nos reunimos inmediatamente con lo estudiantes universitarios,
el 80 **** ciento de los cuales militaba n las filas del Partido Liberal
dirigido **** Jorge Eliécer Gaitán. El ambiente era francamente progresista
e
igualmente antiimperialista. El Partido Comunista era una organización que
tenía aproximadamente diez mil miembros, luchaba en condiciones difícil y
no
podía decidir mucho en los acontecimientos.
La idea del Congreso mientras se celebraba la Conferencia tuvo entusiasta
acogida y se dieron a la tarea inmediata de hacer todos los preparativos.
Comenzaron a llegar los representantes de otras universidades, celebramos
varias reuniones preliminares discutiendo el programa, que incluía todos
los
puntos a que me referí anteriormente: la lucha contra las dictaduras
militares, la independencia de Puerto Rico (o nacionalización, no me
acuerdo), cese de los territorios coloniales en la América latina y la
organización de una Federación Latinoamericana de Estudiantes.
Allí se suscitó una pequeña cuestión de jurisdicción. Aun cuando yo no era
presidente de la Federación Estudiantil Universitaria de Cuba, sino solo
de
la Esuela de Derecho de la Universidad de La Habana, y aun cuando en
nuestra
delegación iba también el presidente de nuestra Federación, los delegados
reunidos en aquellas sesiones preliminares me habían designado presidente
de
aquellas reuniones.
Estando ya nosotros allí se integró a nuestra delegación el presidente de
la
Federación Estudiantil Universitaria, joven anodino que en nada se había
interesado **** aquel esfuerzo y solo se incor****ó cuando vio que estaba
marchando exitosamente. Como se creara una situación embarazosa (él tenía
más jerarquía que yo dentro de los estudiantes de La Habana), se planteó
si
debía seguir yo o él presidiendo las reuniones.
Recuerdo haberles explicado a los distintos delegados reunidos allí que yo
no tenía ningún interés **** aquello, que solo me interesaba el éxito de lo
que se estaba haciendo, que yo sabía bien la historia de América, cómo los
hombres que más lucharon terminaron su vida en el olvido, con méritos
infinitamente mayores que los que nosotros pudiéramos alcanzar, que no
esperaba honores en le cargo, no luchaba **** honores en le cargo.
Con Gaitán
Nuestro entusiasmo crecía de punto al expresarnos los representantes de
los
estudiantes colombianos, la posibilidad de que Gaitán inaugurara nuestro
Congreso en la Plaza de Cundinamarca, con un acto multitudinario el mismo
día que se inaugurara la Conferencia de Cancilleres.
Para conocer a Gaitán, y para hacerle la invitación formalmente, los
estudiantes me invitaron a visitarlo en su despacho en su despacho, a
donde
yo me trasladé -no recuerdo exactamente la calle-. Nos recibió en su
oficina
el día 7 de abril, nos entrevistamos con él; nos trató con gran
amabilidad,
nos habló con simpatía de lo que estábamos haciendo. Nos entregó distintos
folletos contentivos de sus discursos, entre ellos una preciosa pieza
oratoria: "Oración **** la paz", que pronunciara en semanas pasadas
recientes, después de un gigantesco desfile de masas, en protesta contra
los
asesinatos que se venían cometiendo en todo el país contra sus
partidarios.
Leí aquel discurso con sumo interés, lo cual junto a las noticias sobre la
fuerza de su movimiento, el triunfo absolutamente mayoritario obtenido en
elecciones parlamentarias recientes, la magnitud de sus actos de masas y
la
simpatía de lo que estábamos haciendo. Nos entregó distintos folletos
contentivos de sus ideas. Lo que proponía aquel hombre, me convenció de
que
representaba en aquel entonces una fuerza realmente progresista en
Colombia,
y que su triunfo sobre la oligarquía estaba **** descontado.
Nos invitó a reunirnos otra vez dos días después a las dos de la tarde:
tres
horas, precisamente, después de su trágico e incalificable asesinato.
Gaitán no solamente tenía un enorme arraigo entre las masas; tenía también
grandes simpatías en el propio ejército de Colombia. Allí estaba surgiendo
considerablemente un factor **** aquellos días: era su defensa de un
teniente
del ejército, que al parecer en un acto de defensa propia había dado
muerte
a un policía (o algo **** el estilo: a un funcionario o a un policía, no
recuerdo exactamente bien).
Como este oficial tenía antecedentes liberales, y al parecer la situación
política estaba influyendo en el proceso, el juicio se convirtió en un
acontecimiento de gran trascendencia. Gaitán era su abogado defensor; las
audiencias eran transmitidas **** radio y escuchadas virtualmente en todos
los cuarteles de la República. Invitados **** los estudiantes asistimos a
una
de las sesiones del juicio. Gaitán, con extraordinaria habilidad, defendía
tanto desde el punto de vista penal como político al acusado, que se había
convertido en algo así como un Dreyfus de los militares.
No es de extrañar, pues, que la oligarquía colombiana, en medio de una ola
de sangre, fraguara el asesinato de aquel formidable adversario al que
realmente temían.
El 9 de abril de 1948
El día 9 de abril salimos nosotros del hotel donde nos hospedábamos a
recorrer la ciudad antes de almorzar, y en espera de la entrevista que
tendríamos **** la tarde. Era como las once de la mañana aproximadamente
cuando gentes como enloquecidas comenzaron a correr **** las calles
repletas
de público, gritando con ojos de indescriptible asombro: ¡Mataron a
Gaitán!
¡Mataron a Gaitán! Y así la noticia se esparció como un reguero de pólvora
**** toda la ciudad.
Apenas en cuestión de minutos comenzó a producirse de una manera
espontánea,
****que aquello no lo podía ni fraguar ni organizar nadie, una
extraordinaria
agitación. Se creó un estado de cólera indescriptible.
Yo me encaminé **** una de las calles hacia la Plaza que está frente al
Capitolio, donde precisamente se celebraba la Conferencia de Cancilleres,
custodiado **** un cordón de policías vestidos de azul, con bayoneta
calada.
La muchedumbre concentrada en el parque se aproximaba al cordón de
policías
que ante el impacto que le produjo aquel movimiento se de****zo en mil
pedazos, penetrando el pueblo en el Capitolio sede de la Conferencia, en
el
que veían tal vez un símbolo que les recordaba un poder odiado.
En aquellos momentos yo, en el medio del parque, contemplaba lo que estaba
sucediendo. Pero muy pronto también la gente comenzó a destruir las
farolas
eléctricas: piedras y cristales saltaban **** doquier. Alguien desde un
balcón trataba de hablar; nadie lo escuchaba ni habría podido escucharlo.
Pronto me di cuenta de que aquello que estaba desarrollándose no conducía
a
nada. Las vidrieras de los establecimientos comenzaban a ser destruidas;
no
se sabía cómo se iba a encauzar todo aquello, pero era evidente que una
insurrección popular estaba en marcha.
De insurrecciones populares de aquellas características, yo no conocía más
que las impresiones que en mi imaginación habían dejado los relatos de la
toma de la Bastilla, y los toques a rebato de los Comités revolucionarios
de
París llamando al pueblo en los días más gloriosos de la Revolución. Pero
allí, en aquel instante, nadie dirigía.
Decidí dirigirme a la casa donde residían dos compañeros más de la
Delegación. Al atravesar una de las calles vi la primera manifestación de
algo que parecía canalizado en alguna dirección: era una enorme
muchedumbre,
algo así como una interminable procesión, que no sé -y dudo que alguien
sepa- cómo se formó, y que avanzaba hacia una estación de policía, que
estaba a varias cuadras de allí. En aquella muchedumbre me enrolé; no
sabía
qué iba a ocurrir cuando alcanzara la estación de policía.
A las armas
Decenas de hombres con fusiles apostados en las azoteas, pero nadie
disparaba. Llegamos a la entrada y las puertas se franquearon. Cientos de
personas se lanzaron dentro buscando desesperadamente armas, y aunque yo
estaba entre los primeros solo pude alcanzar una escopeta de gases
lacrimógenos. Con ella y varias cananas de bala de ese tipo -que me
imaginaba pudieran servir para algo- subí a la planta alta a tratar, si
era
posible, de encontrar más equipo, sobre todo algún equipo de campaña o
algún
arma mejor. Entré en una de las habitaciones; había allí un grupo, que
después comprendí que eran oficiales completamente desmoralizados y
acobardados.
Les pregunté si tenían armas o ropa de campaña, ropa militar; y, ****
cierto,
no se me podrá olvidar que habiéndome sentado en una de las camas en
disposición de ponerme unas botas militares, uno de aquellos oficiales, en
medio de aquel caos, no se le ocurrió otra cosa que gritarme lleno de
preocupación: "¡Mis boticas no! ¿Mis boticas no!
Salí al fin con unas botas, un capote militar y una gorra sin visera.
Mientras tanto, un tiroteo descomunal tenía lugar en el patio. Bajé, y
eran
los primeros hombres del pueblo, armados probando sus armas al aire. En
medio del patio, un oficial armado de un fusil trataba de formar una
escuadra, en medio de un gran desorden. Yo me arrimé allí y también formé
en
la escuadra.
Cuando aquel oficial me vio con tantas cananas y la escopeta de gases
lacrimógenos, se dirigió a mí, y al parecer en realidad ****que tenía
muchos
deseos de marcharse más que otra cosa, me dijo: "¿Qué vas a hacer con todo
esto? Mira, mejor dámelo y yo te entrego el fusil este". Para recibirlo,
en
medio de mucha gente que quería armas, tuve que forcejear duramente. Y así
tuve al fin un fusil con 16 balas.
Salí del edificio y ya estaba en marcha de nuevo la multitud, armada de
mil
maneras distintas: unos con fusiles, otros con machetes, otros con
hierros.
Y aparentemente se dirigía al Palacio presidencial. Varias esquinas más
adelante, se entabla un tiroteo; la muchedumbre, instintivamente,
retrocede,
pero a los pocos segundos como un resorte vuelve de nuevo a avanzar.
En estas circunstancias ocurren las cosas más inverosímiles. Llego a la
esquina donde se había producido el tiroteo, me encuentro a dos hombres
armados de fusiles en una de las esquinas, parando a la gente,
desviándolas
hacia otra dirección, diciendo que solo pasaran los militares. Creyendo
que
eran dos revolucionarios, yo me puse a ayudarlos también. Después llegué
casi a la convicción de que en realidad no eran revolucionarios sino dos
soldados que allí estaban -algo inconcebible e inexplicable- en un intento
de poner un poco de orden dentro de aquella confusión. Aún hoy no estoy
seguro si realmente eran revolucionarios o eran soldados.
Desorden
Al tratar de indagar qué ocurría, me informaron que desde un colegio, una
universidad católica, habían disparado sobre la multitud y se había
originado un tiroteo. Debo confesar que en aquellos tiempos yo -habiéndome
educado durante muchos años en un colegio religioso- me mostraba
incrédulo,
no podía imaginarme a los sacerdotes disparando desde aquel edificio
contra
la gente. Y aún no puedo afirmar a ciencia cierta lo que ocurrió, si
efectivamente se disparó o no se disparó, o si algunos militares o civiles
de la oligarquía dispararon desde allí. Es lo cierto que mientras yo
observaba en medio de la esquina alguien bruscamente me apartó hacia una
pared. Días más tarde, sin embargo, llegué a la conclusión -vistas todas
las
cosas que puede observar- de que en Colombia hay sectores del clero lo
suficientemente reaccionarios como para disparar sin vacilación contra el
pueblo.
Grupos de estudiantes en carros altoparlantes, con los cadáveres de sus
primeros compañeros muertos colocados en el techo, arengaban a la
muchedumbre.
Después de que yo salí, que se produce el tiroteo, estoy en la esquina,
salto para una pared, voy a la otra esquina, allí veo los primeros carros
altoparlantes. Grupos de estudiantes aparecieron: pude identificar entre
aquella gente a algunos estudiantes, me reuní con ellos y comenzaron a
llegar noticias de que una estación de radio, que estaba en manos de los
estudiantes, estaba siendo atacada **** el ejército y necesitaban
refuerzos.
Alguien propuso que nos dirigiéramos hacia allá y allí nos dirigimos.
Cruzamos **** varias calles y acertamos a pasar, entre otros, frente al
edificio del Ministerio de Guerra; **** la calle contraria a la que íbamos
nosotros, marchaba un tanque y una compañía de soldados con cascos; no
disparaban contra nadie, ignorábamos hacia dónde se dirigían y qué actitud
tenían. Llegaron a una gran plaza que está en las cercanías del Edificio
del
Ministerio de Guerra, venían en dirección opuesta.
En ese momento, éramos un grupo de seis o siete. Como medida de
precaución,
nos situamos a la expectativa detrás de unos bancos del parque; mas el
tanque y los soldados pasaron haciéndonos caso omiso. Cruzamos la calle y
nos paramos frente al Ministerio de Guerra.
En aquel momento, aparentemente, el Ejército vacilaba, en una actitud
expectante ante los acontecimientos. Recuerdo que dejándome llevar **** el
entusiasmo me paré en un banco, les dirigí la palabra y les hice una
arenga
a los soldados que estaban enfrente. Y después continuamos hacia el sitio
donde se decía que estaban siendo atacados los estudiantes. Todo esto en
medio de una gran confusión.
Deambulando
Cuando estábamos llegando al final de la cuadra se escucharon algunos
disparos, y era que desde el Ministerio de Guerra habían salido algunos
soldados a perseguirnos a nosotros. Casi no nos dimos cuenta. Ocupamos un
ómnibus y nos dirigimos hacia la zona donde estaba la estación. Eramos
como
siete, pero con tres fusiles nada más.
Llegamos a una ancha avenida, se paró la guagua en una esquina, y los tres
que teníamos fusiles avanzamos hacia la Avenida. Y a unas dos manzanas de
nosotros estaba todo un grupo de caballería que era quien estaba atacando
la
estación. Prácticamente barrieron la avenida aquella a tiros. Nosotros nos
defendimos detrás de unos bancos de aquella avenida, y cuando tuvimos
o****tunidad nos retiramos otra vez hacia la calle, donde estaba la guagua.
Entonces, decidimos ir la Universidad para ver si había algo organizado,
para tratar de informarnos si había algo en la Universidad.
Llegamos a la Ciudad Universitaria e igualmente nos encontramos un gran
caos
allí: nada organizado en ninguna dirección, aunque muchos estudiantes
desarmados, agitados, y allí surgió la idea de salir hacia una estación de
policía. Salimos hacia la estación de policía, aquella fuerza seguía
contando únicamente con tres fusiles. Cuando llegamos a la estación que
íbamos supuestamente a tomar, estaba afortunadamente tomada ya.
Y entonces allí hice el primer contacto con lo que parecía ser embrión de
organización y de dirección en gestación, ****que a la estación llegó un
comandante de Policía, que estaba tratando de agrupar a las fuerzas
revolucionarias que habían ocupado todas las estaciones de policía y
estaban
integradas **** gente del pueblo y muchos policías. Hablé con él
rápidamente,
le expuse algunas ideas acerca de la necesidad de organizar, que si quería
estaba dispuesto a ayudarlo; el hombre aceptó muy gustoso. Me invitó a ir
en
el jeep de él a visitar la jefatura del Partido Liberal en el centro de la
ciudad.
Atravesamos la ciudad en medio de aquel caos, donde no se sabía quién era
el
enemigo y quién no lo era, y llegamos a la jefatura del Partido Liberal.
En la jefatura del Partido Liberal, **** lo que hoy recuerdo, había algunos
hombres tratando de vertebrar la organización, pero me alentaba la idea de
que al fin toda aquella fuerza que surgió de manera espontánea se pudiera
organizar, tuve esperanza de que eso llegara a cristalizar, se veían ya
los
primeros síntomas. No puedo hacerme un juicio de aquellos hombres que vi
allí. Entró en un despacho el comandante, salió otra vez, y volvió a la
estación de policía de donde habíamos partido.
De allí se decidió a ir nuevamente a la jefatura del Partido Liberal; ya
yo
lo estaba acompañando; prácticamente me había convertido en un ayudante
del
jefe de la policía sublevado (...)Hubo un minuto, cuando ya en horas de la
madrugada, tuve tiempo de detenerme a recapacitar y pensar en la
situación,
en que estaba convencido de que aquella tropa estaba perdida, que si la
atacaban iban a perecer todos, que estaba dirigida de una manera estúpida.
Y
entonces me planteé una problema de conciencia: si yo debía seguir ahí.
Pensé en Cuba, en mi familia, en muchas cosas y me pregunté si yo debía
permanecer allí en esa cosa inútil. Y realmente tuve dudas. Estaba
absolutamente desconectado, absolutamente solo en ese momento, ningún
cubano
conmigo. No me unía más con el pueblo de Colombia y con aquellos
estudiantes
que un simple vínculo conceptual, cuestión de conceptos, de ideas.
Y sin embargo la decisión que tomé fue quedarme, ****que me dije: bueno, el
pueblo es igual aquí que en Cuba, que en todas partes; aquí como en todas
partes el pueblo es víctima de los crímenes, de los atropellos, de las
injusticias; aquí como en todas partes la gente sufre, y aquí esta gente
tiene la razón absoluta, y **** lo tanto me quedo (...) La ciudad
virtualmente está ardiendo; humo y fuego **** todas partes (...) Allí nos
encontramos con un delegado argentino que estaba muy asustado (...) le
exigí
que nos llevara en su carro diplomático a la embajada de Cuba (...) En
realidad es increíble que no nos mataran (...) Al atravesar una calle, un
niño desgarrado en llanto se acercó a mí y me dijo: 'Han matado a mi papá.
Han matado a mi papá'.
Era una súplica que a mí me produjo mucho dolor; posiblemente alguna bala
perdida lo había matado, pero fue una de esas cosas de las que dejan una
impresión tan dolorosa de la guerra y del sufrimiento del pueblo.


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