Leonardo A. Cacharuco P. // Epopeya al hambre
Ha aprendido a predecir el ciudadano la desesperanza de llegar a su
morada con pies cansados, piel sudada, rostro insolado y sin aquel no
menospreciado alimento ahora dif=EDcil de conseguir. Heroica la espera
de interminables horas para obtener un litro de sustento no suficiente
para muchos de los que habitan con =E9l, estableciendo turnos para
consignarse un supuesto derecho humano, en imitaci=F3n no deseada de los
reg=EDmenes que con cartillas imp=EDas han dispuesto lo que debe obtener
cada persona, y m=E1s a=FAn, cada familia. Turnos de hambre y saciedad que
con silencio a=FAn se tolera mientras los de la c=FApula afirman que todo
es parte de una mentira c=F3smica incontrolable, que ataca obviamente a
los menos privilegiados, quienes con est=F3magos vac=EDos no comprenden la
carencia, si sus ojos ven con interrogante la naturaleza explotable y
con extra=F1eza productos extranjeros. Ha aprendido el ciudadano a
aceptar el "no hay" como respuesta y ha aprendido a agredir al final
de la cola **** la cuota del kilo que quiz=E1s hoy o ma=F1ana no le toquen,
producto del racionamiento inexplicable no pagable con los verdes
provenientes del barril de la felicidad (de los pocos).
=A1Intestinos pulcros **** hambre!... saltimbanquis de colas para obtener
alimentos en anaqueles vac=EDos. No respeta edades, pasado, presente,
futuro; como epopeya es la historia fant=E1stica e interminable del
hambre de la que ahora sufre mi pueblo, exacerbada con las desatinadas
pol=EDticas variantes que se establecen improvisadamente en cadena
nacional. Con epopeyas s=EDmil el hambre de aquel ni=F1o que bostez=F3
para
alimentarse del aire, poco de lo a=FAn no escaso. Como epopeya de esto,
mis puntos suspensivos...
Leo_andrescp@[EMAIL PROTECTED]


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