Unas fotos del Embajador cubano en Caracas, Germán Sánchez Otero
“disfrutando del Caribe venezolano **** los predios oceánicos de Tarek
William Saab” hace que Pedro Lastra reflexiones sobre la dolce vita de
los “revolucionarios”.
Esta es su columna:
¿Qué im****ta que los cubanos de a pie no se hayan comido un bistec
en toda su vida, reciban un huevo a la semana y ganen 7 u 8 dólares
mensuales, si la nomenklatura que ostenta el Poder total y totalitario
de la isla del Doctor Castro puede disfrutar de las mieles y delicias de
la fortuna? Ministros, comandantes y embajadores no viven de un huevo
frito al mes. Ni se conforman con medio vaso de leche a la semana. No se
diga de Fidel Castro, gourmet notable que se hace servir a la mesa las
langostas y las tortugas, las centollas y los carabineros más exquisitos
del planeta. Sobran a su mesa los mejores quesos y vinos de Francia. Y
del caviar de Beluga, el Dom Perignon, las ostras del Caribe: su mesa es
pantagruélica. De ellas han disfrutado príncipes y presidentes, premios
nóbeles y grandes novelistas, altos dirigentes de las guerrillas
latinoamericanas, modelos y actrices de fácil convencimiento
revolucionario.
Tanto habrá disfrutado de su paladar y abusado de su gastro
intestinal, que hoy se mantiene con líquidos alimenticios pasados **** la
censura farmacéutica y carga una ominosa mochilita con las escuálidas
heces de que es capaz. ¿Justo precio a sus iniquidades? Bien dicen que
el infierno está sobre esta tierra y que la hora del juicio final tiene
un anticipo en nuestras horas de agonías.
Toda esa película de terror me ha pasado **** la memoria al ver las
fotos del jerarca cubano Sánchez Otero, embajador y sátrapa
plenipotenciario en Caracas, disfrutando del Caribe venezolano **** los
predios oceánicos de Tarek William Saab.
Es cierto: no anda montado en uno de esos yates con helipuerto, un
Hummer y un Roll Royce convertible sobre cubierta, de los que disfrutan
los jeques y magnates del mundo imperial y capitalista. De esos que un
Diosdado Cabello, un Wilmer Ruperti, un César Gil, un Víctor Vargas o un
Gustavo Cisneros se pueden permitir sin que se les encoja el bolsillo.
Ni siquiera en uno de esos yatezotes al alcance de un Jorge Rodríguez,
un Antonini Wilson, un Maionica o un Franklin Durán.
Pero de que lleva casi una docena de años hartándose de la dolce
vita rojo-rojita, no cabe la menor duda. Es el premio a la obsecuencia,
al lambeculismo, al lacayismo ante los déspotas y tiranos como Castro. O
como Chávez, si a ver vamos. ¿O cree usted que Diosdado Cabello hubiera
pasado de un apartamento en el Parque Central y un Malibú del 76 si no
hubiera mediado el golpe de estado del 4-F y la estupidez ciudadana del
98?
Posiblemente no veremos la foto de Sánchez Otero en pijama de
presidiario. Pero que Diosdado & Cia. se cuiden las espaldas. Su destino
podría llegar a tener insólitos paralelos con el de un Vladimiro
Montesinos, que de ser el peruano más poderoso después de Fujimori, hoy
vegeta en una limeña prisión de alta seguridad. INTERPOL mediante. Como
diría Rubén Blades: “la vida nos da sorpresas, sorpresas nos da la vida”.
La dolce vita del Embajador cubano en el Reino del Rey Hugo
Pedro Lastra
Publicada en:
http://www.noticias24.com/actualidad/?p=14277#comment-1033690


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