On 28 mar, 05:26, Mam...@[EMAIL PROTECTED]
wrote:
> =C2=A0http://www.patriademarti.com/
>
> EL CHE GUEVARA Y LAS COSAS QUE HACEN LOS PROGRES
>
> **** Carlos Alberto Montaner
>
> La gran regla =C3=A9tica sobre la que se ha edificado la escala de
valores=
> occidentales es la obligaci=C3=B3n de tratar al pr=C3=B3jimo como a uno
mi=
smo.
> Incluso, es posible que esa urgencia de reciprocidad, piedra angular
> de todo c=C3=B3digo moral, est=C3=A9 imbricada en la propia naturaleza
hum=
ana (y
> en la de otros primates, afirman los et=C3=B3logos) y se transmite ****
> medio de nuestro c=C3=B3digo gen=C3=A9tico, como sospechan los
especialist=
as. Yo
> no puedo desear para el otro lo que no quiero para m=C3=AD sin
quebrantar
> una norma moral b=C3=A1sica. En todas las culturas existe un amargo
> reproche para los hip=C3=B3critas y los c=C3=ADnicos que nos recuerda
> constantemente este principio.
> Pero la regla es a=C3=BAn m=C3=A1s amplia, trasciende nuestras acciones,
y=
debe
> condicionar nuestra capacidad de establecer juicios de valor. En las
> viejas clases de aritm=C3=A9tica los ni=C3=B1os sol=C3=ADamos comprobar
si=
las
> divisiones y las multiplicaciones estaban bien hechas mediante la
> llamada =E2=80=9Cprueba del nueve=E2=80=9D. De una forma que en aquella
=
=C3=A9poca nos
> parec=C3=ADa misteriosa, los n=C3=BAmeros estaban sometidos a lo que los
> maestros de entonces calificaban de =E2=80=9Ccongruencia=E2=80=9D.
Probabl=
emente, en
> el terreno de los juicios morales ocurre m=C3=A1s o menos lo mismo: la
> opini=C3=B3n que tenemos sobre ciertos hechos concretos validan o anulan
> nuestros juicios morales abstractos.
>
> En efecto, lo que les da consistencia moral a nuestras valoraciones
> =C3=A9ticas es la congruencia entre los principios abstractos que
decimos
> sustentar y la aplicaci=C3=B3n pr=C3=A1ctica de esos principios ante la
> realidad. Si soy un enemigo de la pena de muerte y creo que debe
> eliminarse de manera total, no puedo aplaudir el fusilamiento de los
> criminales serbios o de mis adversarios. Si me opongo a la
> discriminaci=C3=B3n de las personas **** su raza, preferencias ***uales o
> ideas pol=C3=ADticas, no me es dable apoyar el apartheid sudafricano,
> repudiar a un hijo o a un amigo homo***ual o respaldar las dictaduras
> de Pinochet o de Fidel Castro.
>
> Acerqu=C3=A9monos a un caso concreto.
> El caso del editorial de El Pa=C3=ADs y Che Guevara
> El 10 de octubre de 2007 el diario El Pa=C3=ADs de Espa=C3=B1a
public=C3=
=B3 un
> editorial sobre el Che Guevara. El diario hac=C3=ADa una evaluaci=C3=B3n
d=
e este
> singular personaje a los 40 a=C3=B1os de que fuera ejecutado tras su
> captura en combate **** el ej=C3=A9rcito boliviano. Se titul=C3=B3
Caudillo=
> Guevara y el sentido =C3=BAltimo de quien lo redactara
=EF=80=ADaparenteme=
nte, un
> diplom=C3=A1tico con gran experiencia=EF=80=AD era descalificar la
validez=
de la
> =C3=A9tica de fines. Todo dem=C3=B3crata realmente comprometido con el
Est=
ado de
> Derecho y el respeto **** los seres humanos ten=C3=ADa que suscribir la
> =C3=A9tica de medios. No es verdad que el fin, **** noble que sea,
justific=
a
> todos los procedimientos que se utilicen para alcanzarlo. El conocido
> apotegma maquiav=C3=A9lico suele ser la coartada de los peores
criminales.=
> Dec=C3=ADa El Pa=C3=ADs:
> =E2=80=9CEl romanticismo europeo estableci=C3=B3 el siniestro prejuicio
de=
que la
> disposici=C3=B3n a entregar la vida **** las ideas es digna de
admiraci=C3=
=B3n y
> de elogio. Amparados desde entonces en esta convicci=C3=B3n, y a lo
largo
> de m=C3=A1s de un siglo, grup=C3=BAsculos de las m=C3=A1s variadas
discipl=
inas
> ideol=C3=B3gicas han pretendido dotar al crimen de un sentido
trascendente=
,
> arrebatados **** el espejismo de que la violencia es fecunda, de que
> inmolar seres humanos en el altar de una causa la hace m=C3=A1s
aut=C3=A9n=
tica e
> indiscutible.
> En realidad, la disposici=C3=B3n a entregar la vida **** las ideas
esconde
> un prop=C3=B3sito tenebroso: la disposici=C3=B3n a arrebat=C3=A1rsela a
qu=
ien no las
> comparta. Ernesto Guevara, el Che, de cuya muerte en el poblado
> boliviano de La Higuera se ***plen 40 a=C3=B1os, perteneci=C3=B3 a esa
sin=
iestra
> saga de h=C3=A9roes tr=C3=A1gicos, presente a=C3=BAn en los movimientos
te=
rroristas
> de diverso cu=C3=B1o, desde los nacionalistas a los yihadistas, que
> pretenden disimular la condici=C3=B3n del asesino bajo la del
m=C3=A1rtir,=
> prolongando el viejo prejuicio heredado del romanticismo.
>
> El hecho de que el Che diera la vida y sacrificara las de muchos no
> hace mejores sus ideas, que beb=C3=ADan de las fuentes de uno de los
> grandes sistemas totalitarios. Sus proyectos y sus consignas no han
> dejado m=C3=A1s que un reguero de fracaso y de muerte, tanto en el
=C3=BAn=
ico
> sitio donde triunfaron, la Cuba de Castro, como en los lugares en los
> que no alcanzaron la victoria, desde el Congo de Kabila a la Bolivia
> de Barrientos. Y todo ello sin contar los muchos pa=C3=ADses en los que,
> deseosos de seguir el ejemplo de este mito temerario, miles de
j=C3=B3vene=
s
> se lanzaron a la lun=C3=A1tica aventura de crear a tiros al "hombre
nuevo"=
..
>
> Seducidos **** la estrategia del "foquismo", de crear muchos Vietnam,
> la =C3=BAnica a****taci=C3=B3n contrastable de los insurgentes seguidores
d=
e
> Guevara a la pol=C3=ADtica latinoamericana fue ofrecer nuevas coartadas
a
> las tendencias autoritarias que germinaban en el continente. Gracias a
> su desaf=C3=ADo armado, las dictaduras militares de derechas pudieron
> presentarse a s=C3=AD mismas como un mal menor, cuando no como una
> inexorable necesidad frente a otra dictadura militar sim=C3=A9trica,
como
> la castrista.
>
> **** el contexto en el que apareci=C3=B3, la figura de Ernesto Guevara
> represent=C3=B3 una puesta al d=C3=ADa del caudillismo latinoamericano,
un=
a
> suerte de aventurero armado que apuntaba hacia nuevos ideales sociales
> para el continente, no hacia ideales de liberaci=C3=B3n colonial, pero a
> trav=C3=A9s de los mismos medios que sus predecesores. En las cuatro
> d=C3=A9cadas que han transcurrido desde su muerte, la izquierda
> latinoamericana y, **** supuesto, la europea, se ha desembarazado ****
> completo de sus objetivos y m=C3=A9todos fan=C3=A1ticos. Hasta el punto
de=
que
> hoy ya s=C3=B3lo conmemoran la fecha de su ejecuci=C3=B3n en La Higuera
lo=
s
> gobernantes que sojuzgan a los cubanos o los que invocan a Sim=C3=B3n
> Bol=C3=ADvar en sus soflamas populistas=E2=80=9D.
>
> Ocho d=C3=ADas despu=C3=A9s de publicado el editorial, la direcci=C3=B3n
d=
e El Pa=C3=ADs
> se vio obligada a insertar la siguiente carta de protesta suscrita ****
> 250 redactores del peri=C3=B3dico, cuyos nombres no aparecieron
> consignados:
>
> =E2=80=9CLa Redacci=C3=B3n de EL PA=C3=8DS quiere mostrar su
disconformida=
d con el
> editorial titulado Caudillo Guevara, publicado el pasado d=C3=ADa 10 de
> octubre. M=C3=A1s de dos tercios de los redactores (250) consideran que
el=
> texto publicado no abordaba en su totalidad la figura de un personaje
> como el Che Guevara que, con sus luces y sus sombras, es lo
> suficientemente compleja para haberla tratado como si no hubiera una
> escala de grises.
>
> El Estatuto de la Redacci=C3=B3n contempla la posibilidad de discrepar
de
> un editorial siempre que se logren reunir las firmas necesarias, que
> cifra en un m=C3=ADnimo de dos tercios de los redactores. En ejercicio
de
> este mecanismo de transparencia y democracia interna, =C3=BAnico en la
> prensa espa=C3=B1ola, se ha habilitado este espacio para dejar
testimonio
> de nuestra discrepancia=E2=80=9D.
>
> Curiosamente, El Pa=C3=ADs, un medio de comunicaci=C3=B3n, que, como
todos=
, s=C3=B3lo
> debe estar dedicado a informar, analizar y opinar =C3=BAnicamente bajo
la
> autoridad de la verdad, el sentido com=C3=BAn y la congruencia
=C3=A9tica,=
hab=C3=ADa
> introducido en su reglamento interno una arbitraria disposici=C3=B3n
(=C2=
=BF****
> qu=C3=A9 dos tercios, y no la mitad m=C3=A1s uno o cuatro quintas
partes?)=
que
> abr=C3=ADa la puerta a que una mayor=C3=ADa calificada de redactores
pudie=
ra
> imponer su criterio sin tener en cuenta los datos objetivos y la
> coherencia moral de la posici=C3=B3n adoptada **** el peri=C3=B3dico.
> Te=C3=B3ricamente, las dos terceras partes de los redactores
tambi=C3=A9n =
pod=C3=ADan
> oponerse a la Ley de Gravedad o, como ocurre en ciertas regiones del
> sur de Estados Unidos, a las teor=C3=ADas evolutivas. Es lo que puede
> suceder cuando ciertos hechos o situaciones se someten al m=C3=A9todo
> democr=C3=A1tico, como si la aritm=C3=A9tica pudiera decidir sobre lo
que =
es
> verdad o mentira.
>
> =C2=BFC=C3=B3mo pod=C3=ADa El Pa=C3=ADs condenar sin paliativos los
atenta=
dos perpetrados
> **** los terroristas de ETA, sin matizarlos en una =E2=80=9Cescala de
> grises=E2=80=9D (**** ejemplo, el factor nacionalista de los asesinos, la
> indudable valent=C3=ADa y audacia que exhiben, o el hecho de que
sacrifica=
n
> sus vidas en pos de un ideal), y, simult=C3=A1neamente, presentar al Che
> como un revolucionario cuyos cr=C3=ADmenes merec=C3=ADan cierto respeto
y
> ponderaci=C3=B3n. El Pa=C3=ADs, sencillamente, al enjuiciar la figura
del =
Che
> **** medio del discutido texto, estaba siendo coherente con su propia
> l=C3=ADnea editorial en otros campos similares. Si la =C3=A9tica de
fines =
era
> abominable en el caso de los asesinatos de la ETA, no pod=C3=ADa ser
> justificable en el del Che, responsable de centenares de cr=C3=ADmenes
> perpetrados en nombre de la revoluci=C3=B3n comunista[1]. En realidad,
lo
> que los redactores estaban demandando no era que el peri=C3=B3dico
> balanceara el juicio sobre Ernesto Guevara, sino que vulnerara su
> propia coherencia moral.
>
> **** la otra punta del razonamiento, si esa abrumadora mayor=C3=ADa de
> redactores estaba preocupada, realmente, **** la supuesta falta de
> balance del editorial, =E2=80=9Ccomo si no hubiera una escala de
grises=E2=
=80=9D, =C2=BF****
> qu=C3=A9 no hab=C3=ADa protestado de igual manera cuando el
peri=C3=B3dico=
condenaba
> los asesinatos cometidos **** los terroristas vascos o, **** ejemplo,
> cuando lo que se criticaba eran las torturas cometidas **** los
> soldados norteamericanos a los detenidos en la c=C3=A1rcel de
Guant=C3=A1n=
amo?
> Como ellos no ignoraban, es posible encontrar matices atenuantes
> pr=C3=A1cticamente ante casi cualquier hecho censurable que analicemos,
> desde el asesinato de Federico Garc=C3=ADa Lorca al de Ramiro de Maeztu,
y=
> desde los cr=C3=ADmenes de Hitler a los de Stalin.
>
> La deconstrucci=C3=B3n de Ernesto Guevara
> No vale la pena contar, otra vez, la vida de Guevara. El prop=C3=B3sito
de=
> este ensayo es otro: utilizar sus acciones y afirmaciones para
> construir una especie de test de coherencia moral. Hay, **** lo menos,
> tres buenas biograf=C3=ADas del Che Guevara: la de Pierre Kalfon, la de
Jo=
n
> Lee Anderson y la de Jorge Casta=C3=B1eda. Prefiero la de
Casta=C3=B1eda, =
que me
> parece m=C3=A1s incisiva, pero los tres libros tienen detr=C3=A1s una
larg=
a y
> meritoria investigaci=C3=B3n. Hay, tambi=C3=A9n, otros dos excelentes
ensa=
yos
> biogr=C3=A1ficos ...
>
> leer m=C3=A1s =C2=BB
Como te ci=C3=B1as a ese fotomontaje que ha editado ese neofascista vas
claro


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