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Observaciones de un =?UTF-8?B?bcOpZGljbw==?=

by PL <pl.nospam@[EMAIL PROTECTED] > Apr 14, 2008 at 12:49 PM

Crónicas
Observaciones de un médico

'La cantidad enorme de dinero que cuesta en Cuba ser un profesional
común'.

Rafael Alcides, La Habana

lunes 14 de abril de 2008 6:00:00

-Usted que escribe, ¿le suena esta frase? "La cantidad enorme de dinero 
que cuesta ser pobre".

-Vallejo, contesté automáticamente volviéndome a mirar. No es una
frase, 
es un verso.

Estábamos a la salida de una shopping de barrio. Yo, con un litrico de 
aceite de girasol de $2.20 (al cambio, la cuarta parte de mi jubilación) 
y el que me preguntaba, con una pastillita de sopa de pollo de diez 
centavos. Era un contem****áneo, tal vez un poquito más acabado que yo.

No sé de dónde sacó que yo escribo, no lo conozco, pero evidentemente
él 
me conoce, y tenía ganas de hablar. Después supe que era médico: ya con

años de jubilado y que ahora venía "escapando" manejándole a una 
muchachita ahí, estudiante universitaria ella con un cuerpecito muy 
responsable, a la cual un español que todavía no la había podido sacar 
del país y que venía a verla dos o tres veces al año y le telefoneaba 
todos los días, la tenía viviendo como una reina: con celular, tarjetas 
de crédito, más el cacharrito (un Fordcito de los '50) que le compró y 
que ella para suerte de él no acababa de entenderlo y además le daba 
pena manejar eso.

Acostumbrada a lo mejor, aquella jovencita sólo compraba en Palco, la 
shopping más exclusiva de La Habana. La de los extranjeros. Allí veía
él 
a los nuevos prohombres cubanos ir con su carrito, de sección en 
sección, cargando sin detenerse a mirar precios: pescado, mariscos, 
carnes, vinos, latería, queso, cereales, suplementos vitamínicos para 
perros desganados. Ni los diplomáticos europeos se pertrechaban mejor. 
Parecía que estuvieran comprando para alimentarse durante lo que les 
quedara de vida, aunque al sábado siguiente —de no estar de gira— los

volvería usted a encontrar allí, el poderoso automóvil allá afuera, 
esperándolos, y ellos adentro llenando el carrito.

Eran cantantes, músicos o pintores famosos. Gentes que todos los meses 
subían a los aviones, se confrontaban allá en el extranjero con los 
mejores de su tiempo y volvían a la patria cargados de dinero y de 
grandes recuerdos. Los pintores ni siquiera tenían que viajar, esos 
engordaban bolsillo y fama aquí mismo, vendiendo lo pintado y lo **** 
pintar. Pero ¿**** qué ellos solamente? ¿**** qué?

Lamentó el caso de un amigo que también habría podido vivir en Palco 
cargando su carrito. **** cada tournée de tres o cuatro meses que le 
hubiesen dejado hacer **** Centroamérica, habría regresado a La Habana 
aquel infeliz con diez maletas atestadas de dólares.

-Pero nunca lo dejaron salir. No era cantante, no era músico. Era sólo 
un cirujano famoso que lo mismo te cambiaba la cara que agarraba las 
tetas viejas de tu mujer y las dejaba nuevecitas. Dicho de otro modo, un 
profesional. Esto es, gente anónima condenada de **** vida a vivir de su 
sueldo y después de su jubilación. O mejor dicho: a fingir que vive de 
su sueldo, o de su jubilación: boxeadores ilustres y peloteros incluidos.

Y esa limitación, seguía diciéndome, ya como si me conociera de toda la

vida, aquel locuaz jubilado metido a chofer de la novia de un empresario 
español, es la que les mete miedo a los muchachos al verse bajando de la 
universidad con un título.

Esa prisión. Saber que ni antes ni después de jubilarse les será 
permitido sacar una muelita en privado, si son dentistas; dar clases **** 
su cuenta en su casa **** las noches, si son profesores, ni realizar con 
fines comerciales ninguna de los actividades propias de sus respectivas 
profesiones. Y a él, **** desgracia, no le habían salido hijos músicos
ni 
pintores, ni escritores siquiera. A él Dios le dio ingenieros y 
arquitectos tristes que soñaban con irse.

**** eso precisamente recordaba el pensamiento, verso o lo que fuera que 
antes me mencionara. Todos los sábados, mirando en Palco a los 
liberados, a los que sí podían ganarse su dinero y gastarlo, ir de aquí

para allá augustos, como si pasaran en cámara lenta con capa de armiño
y 
todo, llenando sus carritos con víveres finos y licores de im****tación 
(como lo haría él mismo si **** fin liberaran las demás profesiones), lo

recordaba. Le venía a la mente. Pero reformado. Él lo pensaba así: "la 
cantidad enorme de dinero que cuesta en Cuba ser un profesional común".

-¿Vallejo me dijo usted que se llamaba el señor que dijo eso?

Dirección URL:
http://www.cubaencuentro.com/es/encuentro-en-la-red/cuba/articulos/observaciones-de-un-medico
 




 3 Posts in Topic:
Observaciones de un =?UTF-8?B?bcOpZGljbw==?=
PL <pl.nospam@[EMAIL P  2008-04-14 12:49:50 
=?ISO-8859-1?Q?Re=3A_Observaciones_de_un_m=E9dico?=
fernando <amaluretaura  2008-04-14 09:36:41 
Re: Observaciones de un =?ISO-8859-1?Q?m=E9dico?=
PL <pl.nospam@[EMAIL P  2008-04-14 21:46:40 

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