16 de abril de 2008
Tablas **** repetición
Armando Añel
El ex campeón mundial de ajedrez Anatoli Karpov visita Cuba. Según la
prensa oficialista, el principal objetivo de su viaje es rendir tributo
a José Raúl Capablanca, también ex monarca del orbe, así como cancelar
un sello postal a propósito de la reapertura del club que lleva el
nombre del trebejista antillano. En cualquier caso, el ruso viaja a la
Isla en momentos en que la clase dirigente cubana, tras asumir la muerte
política de Fidel Castro, redecora el escenario de una partida de
ajedrez muy particular.
Se trata de un encuentro enrevesado, en el que las distintas piezas que
conforman el anillo de seguridad del rey (representado **** la vieja
guardia reaccionaria, no más **** su padre putativo) vuelven sobre sus
posiciones, concentradas no ya en alcanzar una victoria, sino en dilatar
el tiempo de juego. En lugar de arriesgar hacia delante, con vistas a
conseguir un resultado honroso, el castrismo intenta sobrevivir en la
inmovilidad o, lo que es lo mismo, en la repetición de movidas.
Celulares autorizados. Hornos microondas autorizados. Guatacas y
azadones autorizados. Hoteles que abren sus puertas al turismo nacional.
Hoteles que cierran sus puertas al turismo nacional. Medidas de quita y
pon que en cualquier país civilizado provocarían la burla de los medios
de prensa, provocan el interés y hasta el alboroto de los medios de
prensa de muchos países civilizados. Entretanto, Raúl Castro y sus
lugartenientes buscan las tablas **** repetición de movidas, un empate
que dilate en el tiempo el actual status quo.
La vieja guardia tiene como objetivo trasladar la decisión de la partida
–de una partida en la que lo que se juega es el futuro de Cuba- a otros
trebejistas y a otro momento, librándose del peso de tener que lamentar
una mala jugada, de la posibilidad de que el anillo de seguridad en
torno al rey se venga abajo a consecuencia de una imprecisión ofensiva
y/o un rapto de temeridad.
Precisamente, Anatoli Karpov fue un maestro en el arte de explotar
pequeñas ventajas posicionales, de maniobrar interminablemente cuando la
derrota aguardaba a la vuelta de la esquina, hasta obtener un empate. En
este sentido, su visita a Cuba constituye la metáfora ajedrecística del
castrismo tardío, que insiste en volver una y otra vez sobre sus
movimientos, sin otro norte que el de dilatar los minutos, los días,
incluso los años. Sin recursos para ganar, pero sin intenciones de
perder (el poder). Jugando a detener el tiempo. Hasta que la muerte
asuma la responsabilidad.
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