Al principio de la revolución terrorista militar y comunista cubana, se
llevó a cabo una campaña estúpida de ensalzar la imagen del escritor
cubano José Martí, como el paradigma de todo lo mejor de Cuba. Se
reprodujeron bustos y hasta en los baños públicos había cabezas
decapitadas e hidrocefálicas del patriota. Las cabezonas son en realidad
una copia de una deformación fotográfica de una foto tomada desde
arriba. Ni Martí era cabezón ni tenía sangre de santo para que le
pusieran flores.
El resultado de aquella repugnante campaña del régimen comunista fue que
la juventud aburrida de tanta babosería seudo religiosa le cogió
repulsión a lo martiano.
Hoy, en el exilio, cientos de cubanos padecen de la misma babosería en
los medios, principalmente en Radio Mambí, donde Pérez Roura con buena
intención (el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones),
ha hecho del pobre poeta objeto de detonantes y constante repeticiones
con el estilo de la Sonia Benguría, declamadora cursi del pasado, y de
alabanzas al señor, una y otra vez, todo el día, toda la noche, para
celebrar el nacimiento, la muerte, los amores tórridos, etc. del
patriota cubano, víctima del picuismo mesíanico.
Y están logrando que la gente, especialmente joven, rechacen
erróneamente a Martí, **** las tonterías que de él se dicen y repiten y
repiten y repiten...
¿Qué hay de malo en esto si no es más que cursilería barata? Hay mucho
de malo. En los Estados Unidos se admira y respeta a George Wa****ngton,
pero también se les da crédito a todos los demás patriotas, Jefferson,
Benjamin Franklin, Lincoln, etc.
No es cierto que Martì fuera el cubano más grande que haya dado Cuba.
Decir eso es una falta de respeto a todos los que han luchado, han sido
presos o asesinados -- en vano -- **** tener en Cuba a un país civilizado
y democrático.
Es una ignominia para todos los grandes cubanos de ayer y de hoy, a los
genios musicales, compositores, médicos, científicos, que permanecen
prácticamente en el anonimato **** culpa de la concentración en la
adoración de un solo hombre, germen del amor a los dictadores y al
totalitarismo rampante ya engranado **** la religión monoteísta en el
corazón de los cubanos. Hay que amar a un dios al que no se le discute.
Hay que seguir a un líder al que no se le puede discutir.
Igual pasa en toda la América Latina con los bolívares, los Pancho
Villas, los sanmartines que inventan fuera de contextos los demagogos
políticos de esas tierra de masas ignorantes y confundidas.
¡Qué pena!


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