Por Jorge Beinstein /
Rebeli=F3n /
La recesi=F3n se ha instalado en los Estados Unidos, los subsidios
alimentarios que cubr=EDan a unas 26 millones y medio de personas en
2006 subieron en 2007 a 28 millones, nivel nunca alcanzado desde los
a=F1os 1960. Recientemente la OCDE ha revisado a la baja sus previsiones
de crecimiento para la econom=EDa estadounidense asign=E1ndole una
expansi=F3n igual a cero para el primer semestre del a=F1o actual, por su
parte el FMI acaba de hacer un pron=F3stico a=FAn m=E1s grave incluyendo
per=EDodos de crecimiento negativo. Estos organismos ven=EDan bombardeando
a los medios de comunicaci=F3n (que a su vez bombardeaban al planeta)
con pron=F3sticos optimistas basados en la supuesta fortaleza de la
econom=EDa norteamericana; sosten=EDan que no habr=EDa recesi=F3n y que lo
peor podr=EDa ser un crecimiento bajo r=E1pidamente desbordado por una
nueva expansi=F3n... si ahora admiten la recesi=F3n es porque algo mucho
peor est=E1 en el horizonte.
Bajo la apariencia de varias crisis convergentes se despliega ante
nuestros ojos el final de lo que deber=EDamos mirar como el primer
cap=EDtulo de la declinaci=F3n del Imperio norteamericano (aproximadamente
2001-2007) y el comienzo de un proceso turbulento disparado por el
salto cualitativo de tendencias negativas que se fueron desarrollando
a lo largo de per=EDodos de distinta duraci=F3n.
De todos modos las malas noticias financieras, energ=E9ticas y militares
no parecen aplacar los delirios mesi=E1nicos de Washington sino todo lo
contrario, es como si Bush y sus halcones no fueran a dejar la Casa
Blanca dentro de unos pocos meses. Siguen amenazando a gobiernos que
no se someten a sus caprichos, insin=FAan nuevas guerras y afirman
querer prolongar indefinidamente las ocupaciones de Irak y Afganist=E1n,
incluso un ataque devastador contra Ir=E1n todav=EDa es posible. De tanto
en tanto emerge una nueva ola de rumores b=E9licos apuntando hacia Ir=E1n
por lo general originados en declaraciones o trascendidos de altos
funcionarios del gobierno, un ataque contra ese pa=EDs tendr=EDa
consecuencias inmediatas catastr=F3ficas para la econom=EDa mundial, el
precio del petr=F3leo se disparar=EDa hacia las nubes, el sistema
financiero global pasar=EDa a una situaci=F3n ca=F3tica y la recesi=F3n
imperial se convertir=EDa en ultra recesi=F3n encabezada por un d=F3lar en
ca=EDda libre. Tal vez algunos estrategas del Pent=E1gono y del c=EDrculo
de=
halcones mas radicalizados est=E9n imaginando un gran fuego mundial
purificador del que emerger=EDa victoriosa la naci=F3n elegida por Dios:
los Estados Unidos de Am=E9rica. Se trata de una locura pero forma parte
de la configuraci=F3n psicol=F3gica de una porci=F3n importante de la
=E9lit=
e
dominante atravesada por una corriente letal que combina virtualismo,
omnipotencia, desesperaci=F3n y furia ante una realidad cada d=EDa menos
d=F3cil.
En los grandes centros de decisi=F3n econ=F3mica actualmente domina la
incertidumbre que se va convirtiendo en p=E1nico; el fantasma del
colapso comienza a asomar su rostro. Mientras tanto la autoridades
econ=F3micas norteamericanas inyectan masivamente liquidez en el
mercado, otorgan subsidios fiscales e improvisan costosos salvatajes a
las instituciones financieras en bancarrota intentando suavizar la
recesi=F3n sabiendo que de ese modo aceleran la inflaci=F3n y la ca=EDda
del=
d=F3lar: su margen de maniobras es muy peque=F1o, la mezcla de inflaci=F3n
y=
recesi=F3n hace completamente ineficaces sus instrumentos de
intervenci=F3n.
La palabra "colapso" fue apareciendo con creciente intensidad desde
fines del a=F1o pasado en entrevistas y art=EDculos period=EDsticos muchas
veces combinadas con otras expresiones no menos terribles, en algunos
casos adoptando su aspecto m=E1s popular (derrumbe, muerte, ca=EDda
catastr=F3fica) y en otros su forma rigurosa, es decir como sucesi=F3n
irreversible de graves deterioros sist=E9micos, como decadencia general.
Paul Craig Roberts (que fue en el pasado miembro del staff directivo
del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos y editor de Wall
Street Journal) public=F3 el 20 de marzo un texto titulado "El colapso
de la potencia americana""Esperando el arnaged=F3n" a un articulo
referido a la marea irresistible de bancarrotas empresarias
norteamericanas. El 14 de marzo "The Intelligencer""Expertos
internacionales pronostican el colapso de la econom=EDa norteamericana"
donde recog=EDa las opiniones entre otros de Bernard Connelly del Banco
AIG y de Martin Wolf, columnista del Financial Times. donde describe
los rasgos decisivos de la declinaci=F3n integral de los Estados Unidos
(1), el 27 de marzo "The Economist" titulaba titulaba
El 3 de abril Peter Morici en una nota aparecida en "Counterpunch"
se=F1alaba que "es imposible negar que la econom=EDa (estadounidense) ha
entrado en una recesi=F3n cuya profundidad y duraci=F3n son
impredecibles" (2). A modo de conclusi=F3n el 14 de abril Financial
Times publicaba un articulo de Richard Haass, presidente del Consejo
de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos donde se=F1alaba que "la
era unipolar, periodo sin precedentes de dominio estadounidense, ha
terminado. Duro unas dos d=E9cadas, algo m=E1s de un instante en
t=E9rminos
hist=F3ricos" (3).
Una prolongada degradaci=F3n
Para entender lo que est=E1 ocurriendo as=ED como sus posibles desarrollos
futuros es necesario tomar en cuenta fen=F3menos que han modelado el
comportamiento de la sociedad norteamericana durante las =FAltimas tres
d=E9cadas generando un proceso m=E1s amplio de decadencia social.
En primer lugar el deterioro de la cultura productiva gradualmente
desplazada por una combinaci=F3n de consumismo y pr=E1cticas financieras.
La precarizaci=F3n laboral incentivada a partir de la presidencia de
Reagan buscaba disminuir la presi=F3n salarial mejorando as=ED la
rentabilidad capitalista y la competitividad internacional de la
industria, pero a largo plazo degrad=F3 la cohesi=F3n laboral, el
inter=E9s
de los asalariados hacia las estructuras de producci=F3n. Ello deriv=F3 en
una creciente ineficacia de los procesos innovativos que pasaron a ser
cada vez m=E1s dif=EDciles y caros comparados con los de los principales
competidores globales (europeos, japoneses, etc.). Uno de sus
resultados fue el d=E9ficit cr=F3nico y ascendente del comercio exterior
(2 mil millones de d=F3lares en 1971, 28 mil millones en 1981, 77 mil
millones en 1991, 430 mil millones en 2001, 815 mil millones en
2007).
Mientras tanto se fue expandiendo la masa de negocios financieros
absorbiendo capitales que no encontraban espacios favorables en el
tejido industrial y otras actividades productivas. Las empresas y el
Estado demandaban esos fondos, las primeras para desarrollarse,
concentrase, competir en un mundo cada vez m=E1s duro, y el segundo para
solventar sus gastos militares y civiles que cumpl=EDan un papel muy
importante en el sostenimiento de la demanda interna. Recordemos por
ejemplo las erogaciones descomunales motivadas por la llamada
"Iniciativa de Defensa Estrat=E9gica" (mas conocida como "Guerra de las
Galaxias") lanzada por Reagan en 1983 en el momento en que la
desocupaci=F3n superaba el 10% de la Poblaci=F3n Econ=F3micamente Activa
(la=
cifra m=E1s alta desde el fin de la Segunda Guerra Mundial).
Un segundo fen=F3meno fue la concentraci=F3n de ingresos, hacia comienzos
de los a=F1os 1980 el 1 % m=E1s rico de la poblaci=F3n absorb=EDa entre el
7=
%
y el 8 % del Ingreso Nacional, veinte a=F1os despu=E9s la cifra se hab=EDa
duplicado y en 2007 rondaba el 20 %: el m=E1s alto nivel de
concentraci=F3n desde fines de los a=F1os 1920, por su parte el 10 % mas
rico paso de absorber un tercio del Ingreso Nacional hacia mediados de
los a=F1os 1950 a cerca del 50% en la actualidad (4). Contrariamente a
lo que ense=F1a la "teor=EDa econ=F3mica" dicha concentraci=F3n no
deriv=F3 =
en
mayores ahorros e inversiones industriales sino en m=E1s consumo y m=E1s
negocios improductivos que con la ayuda del boom de las tecnolog=EDas de
la informaci=F3n y la comunicaci=F3n engendraron un universo semi virtual
por encima del mundo, casi m=E1gico, donde fantas=EDa y realidad se
mezclan ca=F3ticamente. Por all=ED navegaron (y a=FAn navegan) millones de
norteamericanos, en especial las clases superiores.
Enlazado a lo anterior irrumpi=F3 un proceso, casi imperceptible primero
pero luego arrollador de desintegraci=F3n social uno de cuyos aspectos
m=E1s notables es el incremento de la criminalidad y de la subcultura de
la transgresi=F3n abarcando a los mas variados sectores de la poblaci=F3n,
acompa=F1ada por la criminalizaci=F3n de pobres, marginales y minor=EDas
=E9tnicas. Actualmente las c=E1rceles norteamericanas son las m=E1s
pobladas=
del planeta, hacia 1980 alojaban unos 500 mil presos, en 1990 cerca de
1.150.000, en 1997 eran 1.700.000 a los que hab=EDa que agregar
3.900.000 en libertad vigilada (probation, etc.), pero a fines de 2006
los presos sumaban unos 2.260.000 y los ciudadanos en libertad
vigilada unos 5 millones; en total m=E1s de 7.200.000 norteamericanos se
encontraban bajo custodia judicial (5). En abril de 2008 un articulo
aparecido en el New York Times se=F1alaba que los Estados Unidos con
menos del 5 % de la poblaci=F3n mundial alojan al 25 % de todos los
presos del planeta, uno de cada cien de sus habitantes adultos se
encuentran encarcelados; es la cifra m=E1s alta a nivel internacional
(6).
Militarizaci=F3n y decadencia estatal
Otro fen=F3meno a tomar en cuenta es la larga marcha ascendente del
Complejo Industrial Militar, =E1rea de convergencia entre el Estado, la
industria y la ciencia que se fue expandiendo desde mediados de los
a=F1os 1930 atravesando gobiernos dem=F3cratas y republicanos, guerras
reales o imaginarias, per=EDodos de calma global o de alta tensi=F3n.
Algunos autores, entre ellos Chalmers Johnson, consideran que los
gastos militares han sido el centro din=E1mico de la econom=EDa
norteamericana desde la Segunda Guerra Mundial hasta las guerras
eurasi=E1ticas de la administraci=F3n Bush-Cheney pasando por Corea,
Vietnam, la Guerra de las Galaxias y Kosovo. Seg=FAn Johnson, que define
a la estrategia sobre determinante seguida en las =FAltimas siete
d=E9cadas como "keynesianismo militar", el gasto b=E9lico real del
ejercicio fiscal 2008 superar=EDa los 1,1 billones (millones de
millones) de d=F3lares, el m=E1s alto desde la Segunda Guerra Mundial (7).
Estos gastos han ido creciendo a lo largo del tiempo involucrando a
miles de empresas y millones de personas, de acuerdo a los c=E1lculos de
Rodrigue Tremblay en el a=F1o 2006 el Departamento de Defensa de los
Estados Unidos emple=F3 a 2.143.000 personas. Mientras que los
contratistas privados del sistema de defensa empleaban a 3.600.000
trabajadores (en total 5.743.000 puestos de trabajo) a los que hay que
agregar unos 25 millones de veteranos de guerra. En suma, en los
Estados Unidos unas 30 millones de personas (cifra equivalente al 20 %
de la Poblaci=F3n Econ=F3micamente Activa) reciben de manera directa e
indirecta ingresos provenientes del gasto p=FAblico militar (8).
El efecto multiplicador del sector sobre el conjunto de la econom=EDa
posibilit=F3 en el pasado la prosperidad de un esquema que Scott
MacDonald califica como "the guns and butter economy", es decir una
estructura donde el consumo de masas y la industria b=E9lica se
expand=EDan al mismo tiempo (9). Pero ese largo ciclo esta llegando a su
fin; la magnitud alcanzada por los gastos b=E9licos los ha convertido en
un factor decisivo del d=E9ficit fiscal causando inflaci=F3n y
desvalorizaci=F3n internacional del d=F3lar. Adem=E1s su hipertrofia
otorg=
=F3
un enorme peso pol=EDtico a =E9lites estatales (civiles y militares) y
empresarias que se fueron embarcando en un autismo sin contrapesos
sociales.
La creciente sofisticaci=F3n tecnol=F3gica paralela al encarecimiento de
los sistemas de armas alej=F3 cada vez m=E1s a la ciencia militarizada de
sus eventuales aplicaciones civiles afectando negativamente la
competitividad industrial. Esta separaci=F3n ascendente entre la ciencia-
militar (devoradora de fondos y de talentos) y la industria civil
lleg=F3 a niveles catastr=F3ficos en el per=EDodo terminal de la ex
Uni=F3n
Sovi=E9tica, ahora la historia parece repetirse.
A todo esto se agrega un acontecimiento aparentemente inesperado, las
guerras de Irak y Afganist=E1n y de manera indirecta el fracaso de la
ofensiva israel=ED en el L=EDbano muestran la ineficacia operativa de la
s=FAper compleja (y s=FAper cara) maquinaria b=E9lica de =FAltima
generaci=
=F3n
puesta en jaque por enemigos que operan de manera descentralizada y
con armas sencillas y baratas. Planteando una grave crisis de
percepci=F3n (una cat=E1strofe psicol=F3gica) entre los dirigentes del
Complejo Industrial Militar de los Estados Unidos y de la OTAN (en la
historia de las civilizaciones no es esta la primera vez que ocurre un
fen=F3meno de este tipo).
Ahora bien, la hipertrofia-crisis de la militarizaci=F3n esta
estrechamente asociada (forma parte de) la decadencia del Estado
expresada por el repliegue de su capacidad integradora (declinaci=F3n de
la seguridad social, predominio de la cultura elitista en sus centros
de decisi=F3n, etc.), la degradaci=F3n de la infraestructura y por un
d=E9ficit fiscal cr=F3nico y en aumento que ha derivado en una deuda
p=FAblica gigantesca. Si nos remitimos a las =FAltimas cuatro d=E9cadas
los
super=E1vits fiscales constituyen una rareza, desde los a=F1os 1970 los
d=E9ficits fueron creciendo hasta llegar a comienzos de los 1990 a
niveles muy altos, sin embargo Clinton se despidi=F3 a fines de esa
d=E9cada con algunos super=E1vits que observados desde un enfoque de largo
plazo aparecen como hechos ef=EDmeros. Pero desde la llegada de George
W. Bush el d=E9ficit regres=F3 alcanzando cifras sin precedentes: 160 mil
millones de d=F3lares en 2002, 380 mil millones en 2003, 320 mil
millones en 2005...
Nos encontramos ahora frente a un estado imperial cargado de dudas,
cuyo funcionamiento depende ya no solo del sistema financiero nacional
sino tambi=E9n (cada vez m=E1s) del financiamiento internacional, le
hubiera resultado extremadamente dif=EDcil a la Casa Blanca lanzarse a
su aventura militar asi=E1tica sin las compras de sus t=EDtulos por parte
de China, Jap=F3n, Alemania y otras fuentes externas.
La dependencia energ=E9tica
A lo anterior es necesario agregar la dependencia petrolera, hacia
1960 los Estados Unidos importaban el 16 % de su consumo, actualmente
llega al 65 %. Durante mucho tiempo pudieron importar a precios bajos
pero ahora la situaci=F3n ha cambiado, la producci=F3n mundial de
petr=F3leo=
se esta acercando a su m=E1ximo nivel (dentro de muy poco tiempo
comenzar=E1 a descender) lo cual combinado con el debilitamiento del
d=F3lar esta llevando el precio a niveles nunca antes alcanzados. Y el
remplazo parcial de combustible de origen f=F3sil por biocombustibles
(en el que tambi=E9n est=E1n empe=F1adas la otras grandes potencias
industriales) reduce la disponibilidad relativa global de tierras
agr=EDcolas para la producci=F3n de alimentos lo que provoca la suba
general de los precios de los productos de la agricultura, en
consecuencia el efecto inflacionario se amplifica.
Los Estados Unidos emergieron como un gran pa=EDs industrial porque
desde comienzos del siglo XX fueron tambi=E9n la primera potencia
petrolera internacional. Al igual que Inglaterra durante el siglo XIX
respecto del carb=F3n, gozaron de una ventaja energ=E9tica que les
permiti=F3 desarrollar tecnolog=EDas apoyadas en dicho privilegio y
competir exitosamente con el resto del mundo. Pero a mediados de los
a=F1os 1950 prestigiosos expertos norteamericanos como el ge=F3logo King
Hubbert anunciaron el fin pr=F3ximo de la era de abundancia energ=E9tica
nacional, seg=FAn lo anticip=F3 Hubbert (en 1956) desde comienzos de los
1970 la producci=F3n petrolera estadounidense comenzar=EDa a declinar:
as=ED=
ocurri=F3.
La incapacidad de los Estados Unidos para reconvertir su sistema
energ=E9tico (tuvo casi cuatro d=E9cadas para hacerlo) reduciendo o
frenando su dependencia respecto del petr=F3leo puede ser atribuida en
primer lugar a la presi=F3n de la compa=F1=EDas petroleras que impusieron
la=
opci=F3n de la explotaci=F3n intensiva de recursos externos,
perif=E9ricos,
que fueron sobrestimados. Podr=EDa afirmarse en este caso que la
din=E1mica imperialista forj=F3 una trampa energ=E9tica de la que ahora es
victima el propio Imperio. El estado no desarroll=F3 estrategias de
largo plazo tendientes al ahorro de energ=EDa, lo que probablemente
habr=EDa desacelerado (no evitado) la crisis energ=E9tica actual, no solo
por la imposici=F3n del lobby petrolero sino tambi=E9n porque sus
c=FApulas
pol=EDticas (dem=F3cratas y republicanas) se fueron sumergiendo en la
cultura del corto plazo correspondiente a la era de la hegemon=EDa
financiera, subordin=E1ndose por completo a los intereses inmediatos de
los grupos econ=F3micos dominantes.
Pero tambi=E9n deber=EDamos reflexionar acerca de los l=EDmites del
sistema
tecnol=F3gico occidental-moderno que los estadounidenses exacerbaron al
extremo. El mismo se ha reproducido en torno de objetos t=E9cnicos
decisivos de la cultura individualista (por ejemplo el autom=F3vil) que
definen el estilo de vida dominante y a procedimientos productivos
basados en la explotaci=F3n intensiva de recursos naturales no
renovables o en la destrucci=F3n de los ciclos de reproducci=F3n de los
recursos renovables. Gracias a esa l=F3gica destructiva el capitalismo
industrial pudo en Europa desde fines del siglo XVIII independizarse
de los ritmos naturales sometiendo brutalmente a la naturaleza y
acelerando su expansi=F3n. Ello aparec=EDa ante los admiradores del
progreso de los siglos XIX y XX como la gran proeza de la civilizaci=F3n
burguesa, una visi=F3n m=E1s amplia nos permite ahora darnos cuenta que se
trataba del despliegue de una de sus irracionalidades fundamentales
que los Estados Unidos, el capitalismo m=E1s exitoso de la historia,
llev=F3 al m=E1s alto nivel jam=E1s alcanzado.
Desequilibrios, deudas, ca=EDda del d=F3lar
La p=E9rdida de dinamismo del sistema productivo fue compensada por la
expansi=F3n del consumo privado (centrado en las clases altas), los
gastos militares y la proliferaci=F3n de actividades parasitarias
lideradas por el sistema financiero. Lo que engendr=F3 crecientes
desequilibrios fiscales y del comercio exterior y una acumulaci=F3n
incesante de deudas p=FAblicas y privadas, internas y externas. La deuda
p=FAblica norteamericana pas=F3 de 390 mil millones de d=F3lares en 1970,
a
930 mil millones en 1980, a 3,2 billones (millones de millones) en
1990, a 5,6 billones en 2000 para saltar a 9,5 billones en abril de
2008; por su parte la deuda total de los estadounidenses (p=FAblica m=E1s
privada) rondaba en la =FAltima fecha mencionada los 53 billones de
d=F3lares (aproximadamente equivalente a Producto Bruto Mundial) de esa
cifra el 20 % (unos 10 billones de d=F3lares) constituyen deuda externa.
Solo durante 2007 la deuda total aumento cerca de 4,3 billones de
d=F3lares (equivalente al 30 % del Producto Bruto Interno
norteamericano) (10). El proceso fue coronado por una sucesi=F3n de
burbujas especulativas que marcaron, desde los a=F1os 1990 a un sistema
que consum=EDa m=E1s all=E1 de sus posibilidades productivas.
A partir de los a=F1os 1970-1980 es posible observar el crecimiento
paralelo de tendencias perversas como los d=E9ficits comercial, fiscal y
energ=E9tico, los gastos militares, el n=FAmero de presos y las deudas
p=FAblicas y privadas. Todas esas curvas ascendentes aparecen
atravesadas por algunas tendencias descendentes; por ejemplo la
disminuci=F3n de la tasa de ahorro personal y la ca=EDda del valor
internacional del d=F3lar (que se aceler=F3 en la d=E9cada actual),
expresi=F3n de la declinaci=F3n de la supremac=EDa imperial.
La articulaci=F3n de esos fen=F3menos nos permite esbozar una totalidad
social decadente a la que se incorporan (convergen) una gran
diversidad de hechos de distinta magnitud (culturales, tecnol=F3gicos,
sociales, pol=EDticos, militares, etc.).
Esta visi=F3n de largo plazo ubica a la era de los halcones presidida
por George. W. Bush como una suerte de "salto cualitativo" de un
proceso con varias d=E9cadas de desarrollo y no como un hecho-
excepcional o una desviaci=F3n-negativa. Nos encontrar=EDamos ante la fase
m=E1s reciente de la degradaci=F3n del capitalismo estatista-keynesiano
iniciada en los a=F1os 1970 puntapi=E9 inicial de la crisis general del
sistema. La experiencia hist=F3rica ense=F1a que esos despegues hacia el
infierno casi siempre debutan en medio de euforias triunfalistas donde
detr=E1s de cada se=F1al de victoria se oculta una constataci=F3n de
desastre. La loca carrera militar sobre Eurasia estaba (est=E1 a=FAn) en
el centro del discurso acerca del supuesto combate victorioso contra
un enemigo (terrorista) global imaginario que sumergi=F3 en el pantano a
las fuerzas armadas imperiales, las expansiones desenfrenadas de la
burbuja inmobiliaria y de las deudas eran ocultada por las cifras de
aumento del Producto Bruto Interno y la sensaci=F3n (medi=E1tica) de
prosperidad.
El centro del mundo
Los Estados Unidos constituyen hoy el centro del mundo (del
capitalismo global), su declinaci=F3n no es solo la de la primera
potencia sino la del espacio esencial de la interpenetraci=F3n
productiva, comercial y financiera a escala planetaria que se fue
acelerando en las tres =FAltimas d=E9cadas hasta conformar una trama muy
densa de la que ninguna econom=EDa capitalista desarrollada o
subdesarrollada puede escapar (salir de esa tupida red significa
romper con la l=F3gica, con el funcionamiento concreto del capitalismo
integrado por clases dominantes locales altamente
transnacionalizadas).
Durante la d=E9cada actual la expansi=F3n econ=F3mica en Europa, China
m=E1s=
otros pa=EDses subdesarrollados y el modesto (ef=EDmero) fin del
estancamiento japon=E9s sol=EDan ser mostrados como el restablecimiento de
capitalismos maduros y el ascenso de j=F3venes capitalismos perif=E9ricos
cuando en realidad se trat=F3 de prosperidades estrechamente
relacionadas con la expansi=F3n consumista-financiera norteamericana.
Estados Unidos representa el 25 % del Producto Bruto Mundial y es el
primer importador global, en 2007 compr=F3 bienes y servicios por 2,3
millones de millones de d=F3lares, es el principal cliente de China,
India y Jap=F3n, Inglaterra, el primer mercado extra europeo de
Alemania. Pero es sobre todo en el plano financiero, =E1rea hegem=F3nica
del sistema internacional, donde se destaca su primac=EDa. Por ejemplo,
la red de los negocios con productos financieros derivados (m=E1s de 600
millones de millones de d=F3lares registrados por el Banco de Basilea,
es decir unas 12 veces el Producto Bruto Mundial) se articula a partir
de la estructura financiera norteamericana, las grandes burbujas
especulativas imperiales irradian al resto del mundo de manera directa
o generando burbujas paralelas como fue posible comprobar con la
experiencia reciente de la especulaci=F3n inmobiliaria en los Estados
Unidos y sus clones directos en Espa=F1a, Inglaterra, Irlanda o
Australia e indirectos como la superburbuja burs=E1til china.
Si observamos el comportamiento econ=F3mico de las grandes potencias
comprobaremos en cada caso como sus esferas de negocios superan
siempre los l=EDmites de los respectivos mercados nacionales e incluso
regionales cuya dimensi=F3n real resulta insuficiente desde el punto de
vista del volumen y la articulaci=F3n internacional de sus actividades.
La Uni=F3n Europea est=E1 s=F3lidamente atada a los Estados Unidos a nivel
comercial e industrial y principalmente financiero, Jap=F3n agrega a lo
anterior su hist=F3rica dependencia de las compras norteamericanas, por
su parte China desarroll=F3 su econom=EDa en el =FAltimo cuarto de siglo
sobre la base de sus exportaciones industriales a los Estados Unidos y
a pa=EDses, como Jap=F3n, Corea del Sur y otros, fuertemente dependientes
del Imperio. En fin, el renacimiento ruso gira en torno de sus
exportaciones energ=E9ticas (principalmente dirigidas hacia Europa), su
=E9lite econ=F3mica se fue estructurando desde el fin de la URSS
multiplicando sus operaciones a escala transnacional en especial sus
v=EDnculos financieros con Europa occidental y los Estados Unidos. No se
trata de simples lazos directos con el Imperio sino de la reproducci=F3n
ampliada acelerada de una compleja red global de negocios, mercados
interdependendientes, asociaciones financieras, innovaciones
tecnol=F3gicas, etc., que integra al conjunto de burgues=EDas dominantes
del planeta. El mundo financiero hipertrofiado es su espacio de
circulaci=F3n natural y su motor geogr=E1fico son los Estados Unidos cuya
decadencia no puede ser disociada del fen=F3meno m=E1s amplio de la
llamada globalizaci=F3n, es decir la financierizaci=F3n de la econom=EDa
mundial.
Podr=EDamos visualizar al Imperio como sujeto central del proceso, su
gran beneficiario y manipulador, y al mismo tiempo como su objeto,
producto de una corriente que lo llevo hasta el m=E1s alto nivel de
riqueza y degradaci=F3n. Gracias a la globalizaci=F3n los Estados Unidos
pudieron sobre-consumir pagando al resto del mundo con sus d=F3lares
devaluados imponiendoles su atesoramiento (bajo la forma de reservas)
y sus t=EDtulos p=FAblicos que financiaron sus d=E9ficits fiscales. Aunque
tambi=E9n gracias al parasitismo norteamericano, europeos, chinos,
japoneses, etc., pudieron colocar en el mercado imperial una porci=F3n
significativa de sus exportaciones de mercanc=EDas y de excedentes de
capitales. En ese sentido el parasitismo financiero, producto de la
crisis de sobreproducci=F3n cr=F3nica, es a la vez norteamericano y
universal, la otra cara del consumismo imperial es la reproducci=F3n de
capitalismos centrales y perif=E9ricos que necesitan desbordar sus
mercados locales para hacer crecer sus beneficios. Ello es evidente en
los casos de Europa occidental y Jap=F3n pero tambi=E9n lo es en el de
China que exporta gracias a sus bajos salarios (comprimiendo su
mercado interno).
Lo que se est=E1 hundiendo ahora no es la nave principal de la flota (si
as=ED fuera, numerosas embarcaciones podr=EDan salvarse); solo hay una
nave y es su sector decisivo el que est=E1 haciendo agua.
Horizontes turbulentos e ilusiones conservadoras
Debemos ubicar en su contexto hist=F3rico a las actuales intervenciones
de los estados de los pa=EDses centrales destinadas a contrarrestar la
crisis. En los =FAltimos meses han proliferado ilusiones conservadoras
referidas al posible desacople de varias econom=EDas industriales y
subdesarrolladas respecto de la recesi=F3n imperial pero lo hechos van
derrumbando esas esperanzas. Junto a ellas apareci=F3 la fantas=EDa del
renacimiento del intervencionismo keynesiano: seg=FAn dicha hip=F3tesis el
neoliberalismo (entendido como simple desestatizaci=F3n de la econom=EDa)
ser=EDa un fen=F3meno reversible y nuevamente como hace un siglo el Estado
salvar=EDa al capitalismo. En realidad en las =FAltimas cuatro d=E9cadas
se
ha producido en los pa=EDses centrales un doble fen=F3meno: por una parte
la degradaci=F3n general de los estados que manteniendo su tama=F1o con
relaci=F3n a cada econom=EDa nacional quedaron sometidos a los grupos
financieros, perdieron legitimidad social. Y por otra fueron
progresivamente desbordados por el sistema econ=F3mico mundial no solo
por su trama financiera sino tambi=E9n por operaciones industriales y
comerciales que burlaban los controles (cada vez m=E1s flojos) de las
instituciones nacionales y regionales.
En los Estados Unidos dicho proceso avanz=F3 m=E1s que en ning=FAn otro
pa=
=EDs
desarrollado, nunca fue abandonado el hist=F3rico keynesianismo militar
por el contrario el Complejo Militar-Industrial se hipertrofi=F3
articul=E1ndose con un conjunto de negocios mafiosos, financieros,
energ=E9ticos, etc., que se convirti=F3 en el centro dominante del sistema
de poder apropi=E1ndose groseramente del aparato estatal hasta
convertirlo en una estructura decadente.
En los pa=EDses centrales el estado intervencionista (de ra=EDz
keynesiana) no necesita regresar porque nunca se ha ido, a lo largo de
las =FAltimas d=E9cadas, obediente a las necesidades de las =E1reas m=E1s
avanzadas del capitalismo, fue modificando sus estrategias,
apuntalando la concentraci=F3n de ingresos y los desarrollos
parasitarios, cambiando su ideolog=EDa, su discurso (ayer integrador,
social, productivista-industrial, hoy elitista, neoliberal y
virtualista-financiero).
Es en el mundo subdesarrollado donde el estatismo retrocedi=F3 hasta ser
triturado en numerosos casos por la ola depredadora imperialista, la
desestatizaci=F3n fue su forma concreta de sometimiento a la din=E1mica
del capitalismo global. All=ED el regreso al estado interventor-
desarrollista de otras =E9pocas es un viaje en el tiempo f=EDsicamente
imposible, las burgues=EDas dominantes locales, sus negocios decisivos,
est=E1n completamente transnacionalizados o bien bajo la tutela directa
de firmas transnacionales.
Ahora en plena crisis quedan al descubierto los dos problemas sin
soluci=F3n a la vista del Estado desarrollado (imperialista): su
degeneraci=F3n estructural y su insuficiencia, su impotencia ante un
mundo capitalista demasiado grande y complejo. Es lo que se=F1ala
Richard Haas en el articulo arriba citado aunque sin decir que no se
trata de una reconversi=F3n positiva sobredeterminante del capitalismo
internacional lo que acorrala al estado norteamericano y a los otros
estados centrales sino m=E1s bien de un fen=F3meno mundial negativo que de
manera rigurosa deber=EDamos definir como decadencia global (econ=F3mica-
institucional-pol=EDtica-militar-tecnol=F3gica). Es por ello que el
paralelo ahora de moda en ciertos c=EDrculos de expertos entre la
implosi=F3n sovi=E9tica y la probable futura implosi=F3n de los Estados
Unidos es totalmente insuficiente porque existe entre otras cosas una
diferencia de magnitud decisiva, el hiper-gigantismo del Imperio hace
que su hundimiento tenga un poder de arrastre sin precedentes en la
historia humana. Pero tambi=E9n porque los Estados Unidos no constituyen
"un mundo aparte" (marginado) sino el centro de la cultura universal
(el capitalismo), la etapa m=E1s reciente de una larga historia mundial
en torno de Occidente.
La inmensidad del desastre en curso, la extrema radicalidad de las
rupturas que puede llegar a engendrar, muy superiores a las que caus=F3
la crisis iniciada hacia 1914 (que dio nacimiento a un largo ciclo de
tentativas de superaci=F3n del capitalismo y tambi=E9n al fascismo,
intento de recomposici=F3n barbara del sistema burgu=E9s) genera
reacciones espont=E1neas negadoras de la realidad en las =E9lites
dominantes, los espacios sociales conservadores y m=E1s all=E1 de ellos,
pero la realidad de la crisis se va imponiendo. Todo el edificio de
ideas, de certezas de diferente signo, construido a lo largo de m=E1s de
dos siglos de capitalismo industrial est=E1 empezando a agrietarse.
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jorgebeinstein@[EMAIL PROTECTED]
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