Por Vicente Romano /
Rebeli=F3n /
1. Libertad de expresi=F3n /
Casi todas las constituciones de los Estados que se reclaman
democr=E1ticos reconocen el derecho de sus ciudadanos a expresar y
difundir libremente sus ideas y opiniones. La actual Constituci=F3n
espa=F1ola lo hace en su art=EDculo 20. M=E1s a=FAn, en su apartado d)
reconoce el derecho =93a comunicar o recibir libremente informaci=F3n
veraz por cualquier medio de difusi=F3n=94.
Pues bien, si se tienen en cuenta las posibilidades materiales de
ejercer estos derechos, uno no tarda mucho en descubrir que son muy
pocos los que pueden hacerlo. Tan s=F3lo quienes disponen de medios para
expresar y difundir sus opiniones y para acceder a las informaciones.
No es necesario argumentar largo y tendido para afirmar que la
libertad de expresi=F3n y de informaci=F3n se reduce, en las sociedades
burguesas, a la libertad de acceso, tanto a los medios como a las
fuentes de informaci=F3n.
Como se trata de medios, la diferente posesi=F3n de los mismos
constituye la desigualdad. La persona que carece de medios, o, m=E1s
exactamente, de medios de in=ADtercambio comunicativo, no puede hacerse
entender. Es el perjudicado en el intercambio social, si es que llega
a parti=ADcipar en =E9l. Y no se trata de ninguna met=E1fora. Hay que
imaginarse al disminuido f=EDsico o ps=EDquico, al ciego o al
sor=ADdomudo,
al analfabeto, y compararlo con el pol=EDtico, sobre el que se
concentran c=E1maras y micr=F3fonos, cuyas palabras se difunden a los
cuatro vientos y penetran el pensamiento, las emociones y la acci=F3n de
la gente. Si Marx ten=EDa raz=F3n cuando dec=EDa que la emancipaci=F3n era
l=
a
reducci=F3n de las relaciones al hombre, la investigaci=F3n de los medios
resulta entonces una tarea cient=EDfica emancipadora. Su material no
permite m=E1s tratamiento que el de reducir el mundo humano al hombre
mismo, ya que los medios de informaci=F3n y co=ADmunicaci=F3n no se
conciben=
de otra manera.
El estudio de los medios debe entenderse, por consi=ADguiente, como un
campo de trabajo que aspira a una mayor precisi=F3n en la comunicaci=F3n y
a un conocimiento m=E1s pro=ADfundo de sus causas. Su objetivo estriba en
descubrir las condiciones de la libertad, o falta de libertad,
concreta de los seres humanos en la comunicaci=F3n p=FAblica.
Hoy d=EDa la comunicaci=F3n se ha convertido en un sector estrat=E9gico de
la econom=EDa, la cultura y la pol=EDtica. Y, como en las dem=E1s
industrias, durante los =FAltimos decenios se ha efectuado un acelerado
proceso de concentraci=F3n que ha dejado la comunicaci=F3n y la
informaci=F3n en manos de unos cuantos productores privados que pueden
contarse con los dedos de una mano, y sobran dedos. Baste recordar los
nombres de R. Murdock, Berlusconi o Polanco, que el 95% de las
im=E1genes difundidas por los medios de comunicaci=F3n las suministra una
agencia yanqui o que el 90% de los conocimientos almacenados en los
bancos de datos son de propiedad privada usamericana.
En suma, que estos pocos tienen el poder de definir la realidad para
los muchos, de decirles lo que pasa, lo que es bueno y malo, lo que
hay que hacer y no hacer, c=F3mo hacerlo, etc. Este poder de fijar el
programa social de cualquier comunidad es la clave del control social.
Lord Nordcliffe, due=F1o de uno de los consorcios m=E1s poderosos de
peri=F3dicos de principios del siglo XX, lo explicaba as=ED, sin pelos en
la lengua: "Dios ense=F1=F3 a los hombres la lectura para que yo pueda
decirles a qui=E9n deben amar, a qui=E9n deben odiar y lo que deben
pensar."
Y lo que nos cuentan suele ser casi siempre la historia de los otros,
no la nuestra. Y si estamos ocupados en vivir la historia de los dem=E1s
no tenemos tiempo de preocuparnos de la vida propia. Pues si nos
ocup=E1semos de ella y descubri=E9ramos c=F3mo la determinan otros, no nos
quedar=EDamos de brazos cruzados e intentar=EDamos cambiarla a mejor.
Como se sabe, bajo las condiciones del capitalismo, la libertad se
entiende fundamentalmente como libertad de comprar y vender. La
libertad de circulaci=F3n es para las mercanc=EDas, sobre todo las suyas.
Pero no as=ED para las personas, que si quieren moverse tambi=E9n se
convierten en mercanc=EDas. Eso es lo que ocurre con el tr=E1fico entre lo
que pol=EDticamente se conoce como el Norte y el Sur.
La ret=F3rica de la libertad se ha utilizado en la historia para
justificar la represi=F3n de las libertades. La tan cacareada =93sociedad
de la informaci=F3n=94 a la que, seg=FAn nuestros pol=EDticos nos llevan
las=
TIC, se ha traducido en la =93sociedad de la manipulaci=F3n=94, como la
denomina Juli=E1n Marcelo. El libre flujo de las comunicaciones se
aplica =FAnicamente a las suyas, a sus pel=EDculas y a sus agencias de
noticias, lo mismo que a sus residuos t=F3xicos, sus medicamentos y sus
semillas transg=E9nicas. Libertad para la contaminaci=F3n de las mentes,
de los cuerpos y de la naturaleza. Se obstaculiza o se impide el
acceso a quienes necesitan conocimientos que sirvan a su emancipaci=F3n
y desarrollo espirituales y materiales. Y se proh=EDben las
informaciones que cuestionen el sistema de dominio.
De ah=ED que, al mismo tiempo, se ejerza un control r=EDgido de la
producci=F3n de informaci=F3n. As=ED, el ej=E9rcito usamericano s=F3lo
permi=
te
que informen de sus acciones periodistas previamente seleccionados por
ellos, encastrados en su maquinaria de guerras, los embedded
journalists.
A finales de la d=E9cada de 1970 la UNESCO encarg=F3 a una Comisi=F3n,
presidida por el irland=E9s Sean McBride, el estudio de los problemas de
la comunicaci=F3n en el mundo. El Informe McBridela Asamblea General en
1980. Poco despu=E9s, el Gobierno estadounidense, encabezado a la saz=F3n
por Reagan, retir=F3 a su pa=EDs de dicho organismo por interpretar que la
reclamaci=F3n de los pa=EDses pobres del Tercer Mundo a disponer de sus
propias fuentes de informaci=F3n y a producir los conocimientos y medios
necesarios para satisfacer las necesidades de sus sociedades era una
limitaci=F3n al libre flujo de la informaci=F3n y la comunicaci=F3n. Se
consideraba que este af=E1n era lesivo para los intereses nacionales de
los EUA, es decir, para los oligopolios de su industria de la
comunicaci=F3n. La difusi=F3n de este informe en ingl=E9s est=E1
oficialment=
e
prohibida en los EEUU. se present=F3 a
Pero hoy, desaparecida la guerra fr=EDa tras el derrumbe de la URSS y de
la casi totalidad de pa=EDses comunistas, aparecen nuevas formas de
restricci=F3n. Ante la poca credibilidad que le merece a la opini=F3n
p=FAblica del mundo, el Gobierno de los EEUU, los poderes f=E1cticos del
fascismo sin rostro amable, reaccionan con c=EDnica sinceridad. Las
frecuentes intervenciones de los soldados y marines yanquis en todo el
mundo, y muy en particular las =FAltimas de Afganist=E1n e Iraq, han
levantado una inquietante ola mundial de antiamericanismo. De ah=ED que
el brazo armado del imperialismo, el Pent=E1gono, haya orquestado una
concomitante =93ofensiva psicol=F3gica=94 para contrarrestarla. Por si
fuera=
poco con sus emisoras de La Voz de Am=E9rica, sus agencias de noticias,
su retah=EDla de organismos e instituciones de exportaci=F3n cultural del
american way of life, sus numerosos instrumentos para el dominio y
colonizaci=F3n de las conciencias, el Pent=E1gono se arranca ahora con la
creaci=F3n de las IO (Information Operations). Dirigidas por la Oficina
de Influencia Estrat=E9gica, estas operaciones tienen la tarea de crear
noticias falsas, mentir y desinformar a los medios y militares amigos
y enemigos. El jefe de todos estos especialistas en guerra psicol=F3gica
y relaciones p=FAblicas, el general Simon Worden pretende realizar
campa=F1as negras de desinformaci=F3n y blancas de informaci=F3n selectiva
para que se publique en todo el mundo. =93En situaciones de crisis=94,
reza la directiva, =93las Operaciones de Informaci=F3n cumplir=EDan una
funci=F3n disuasoria y flexible para comunicar nuestros intereses
nacionales.=94 Y m=E1s claro a=FAn: =93Las IO pueden aplicarse para
consegui=
r
resultados f=EDsicos y psicol=F3gicos de apoyo a los militares.=94
Nada nuevo en el mundo. Hace casi doscientos a=F1os, el general alem=E1n
K. Clausewitz dijo ya en su famoso tratado De la guerra que la mayor=EDa
de las noticias son falsas.
La Primera Guerra del Golfo iba a ser el primer conflicto b=E9lico
televisado y luego result=F3 ser invisible por la ausencia de im=E1genes
del mismo. Hoy, la estrategia del Pent=E1gono y de la Administraci=F3n del
Llanero Solitario con respecto a la Segunda ha cambiado. Haciendo gala
de una prepotente sinceridad se han lanzado a la compra abierta de
periodistas en distintos pa=EDses para que den una versi=F3n favorable de
sus tesis e intereses, sinceridad que es de agradecer. Pero no podr=E1n
informar de todo. Se les proporcionar=E1n 19 reglas de obligado
cumplimiento period=EDstico. Entre ellas:
*No informar de las bajas estadounidenses.
*Los jefes de unidad podr=E1n vetar o embargar los trabajos de prensa.
Por otro lado, los grandes diarios de los EUA colaboran en esta
campa=F1a de desinformaci=F3n y confusi=F3n con titulares sensacionalistas
y=
falsos rumores, ampliando as=ED la histeria de los ataques terroristas
con armas qu=EDmicas y biol=F3gicas. Esta histeria le sirve a la
Administraci=F3n Bush para limitar asimismo la divulgaci=F3n de los
conocimientos cient=EDficos, con la excusa de que podr=EDan caer en manos
de terroristas que, por lo dem=E1s, no pagar=EDan ningunas royalties.
En suma, que el propugnado libre flujo de las informaciones y
conocimientos no deja de ser un cruel sarcasmo. Por eso vale la pena
recordar las palabras de A. Einstein a prop=F3sito de Por qu=E9 el
socialismo:
Bajo las condiciones actuales, los capitalistas privados controlan las
principales fuentes de informaci=F3n (prensa, radio, ense=F1anza). Por eso
es sumamente dif=EDcil y, a decir verdad, totalmente imposible en la
mayor=EDa de los casos, que el ciudadano individual llegue a
conclusiones objetivas
Se sobornan periodistas para que publiquen reportajes falsos sobre las
bondades de la invasi=F3n de Iraq. Hasta se les proporcionan las
cr=F3nicas ya redactadas en =E1rabe en una oficina del Pent=E1gono. Se
organizan programas de formaci=F3n para periodistas extranjeros en
varias universidades usamericanas provistos de cuantiosas becas, etc.
A los periodistas y medios independientes, no sumisos, que quieran
hacer uso de la tan cacareada libertad de informaci=F3n se les declara
la guerra abierta. Una m=E1s de sus muchas guerras a---- Y no en sentido
figurado. Se les ataca a ca=F1onazos, como en el caso del Hotel
Palestina de Bagdad, donde muri=F3 el periodista espa=F1ol Jos=E9 Couso a
consecuencia de los disparos de un tanque yanqui. La justificaci=F3n de
semejante salvajada, todav=EDa impune, fue que los soldados se sent=EDan
amenazados por los disparos provenientes del hotel. Y ten=EDan raz=F3n,
los =FAnicos disparos eran los de las c=E1maras que registraban su
barbarie. Los relatos de los supervivientes son espeluznantes, como
los de la italiana Sregna.
Se bombardean emisoras de radio y televisi=F3n, los transmisores de
Internet, como se hizo con Belgrado durante la guerra contra
Yugoslavia, y se hace ahora contra las instalaciones del canal =E1rabe
Al Jazeera. Los testimonios son tan abundantes que no pueden ignorarse
sino a mala voluntad.
A pesar de todos estos esfuerzos, su descr=E9dito aumenta de d=EDa en
d=EDa.=
Millones de personas se manifiestan contra la esclavitud porque
sospechan que la violencia f=EDsica y simb=F3lica contra las personas se
acerca a su fin. El capitalismo acelera su disoluci=F3n en tanto en
cuanto pone en el mercado t=E9cnica medial, armas de fuego,
socializaci=F3n destructiva.
En vez de libertad para consumir productos y estilos de vida yanquis,
es menester una definici=F3n de libertad que se centre en los derechos
humanos, la libertad del racismo, sexismo, enfermedad, hambre,
degradaci=F3n ambiental y otras muchas formas de opresi=F3n. La verdadera
tarea de la libertad no est=E1 en hacer la guerra, en agotar los
recursos, en alimentar el voraz apetito del capitalismo, del Baal
capitalista, sino en combatir estas pr=E1cticas opresivas e inhumanas
donde quiera que se manifiesten.
2. El terrorismo medi=E1tico
La comunicaci=F3n es necesaria para la verificaci=F3n del conocimiento y
el acuerdo en la modificaci=F3n de las condiciones sociales. Pero los
pocos que detentan el oligopolio de la industria de la comunicaci=F3n no
est=E1n interesados en la ampliaci=F3n de conciencia ni en la creaci=F3n
de
unas condiciones sociales que aumenten la calidad de vida de los
muchos a costa de reducir o eliminar sus ingentes beneficios. De ah=ED
que tanto los contenidos de sus mensajes como la forma de presentarlos
est=E9n dise=F1ados para obstaculizar u ocultar el conocimiento. Y el
principal instrumento utilizado es el leguaje. El empleo deliberado
del lenguaje para la confusi=F3n de las conciencias y la ocultaci=F3n de
la realidad es lo que se suele entender por manipulaci=F3n.
El uso manipulador del lenguaje es tan antiguo como el dominio de unos
seres humanos sobre otros.
Todos los dominadores, magos, religiosos, pol=EDticos, econ=F3micos,
intelectuales, etc., utilizaron las palabras para confundir,
aterrorizar, ocultar y mantener la ignorancia sobre las verdaderas
relaciones de dominio y explotaci=F3n.
El lenguaje, como el terrorismo, va dirigido a los civiles y genera
miedo, ejerce violencia simb=F3lica o psicol=F3gica. Produce efectos m=E1s
all=E1 del significado. Las palabras son como min=FAsculas dosis de veneno
que pueden tragarse sin darse uno cuenta. A primera vista parecen no
tener efecto y luego, al poco tiempo, se manifiesta la reacci=F3n
t=F3xica
El arma m=E1s letal es el lenguaje. Sin palabras no hay guerra.
El objetivo estriba, naturalmente, en que tan s=F3lo se conozca una
versi=F3n de los hechos, o sea, la comunicaci=F3n unidireccional y
unilateral, irreversible. Pero, por su definici=F3n, la comunicaci=F3n
contiene el elemento de la reciprocidad, de la dicci=F3n y la
contradicci=F3n, de compartir el conocimiento. Por eso contradice la
voluntad autoritaria, la cual recurre al uso de la fuerza, de la
violencia f=EDsica. Reciprocidad significa franqueza, apertura para los
otros. En la comunicaci=F3n abierta se concreta el conocimiento y el
raciocinio. La violencia, ya sea f=EDsica o psicol=F3gica, lo deforma,
puesto que no pregunta por lo falso y lo correcto. No son medios de la
violencia f=EDsica, no son bombas, pero convierten a los seres humanos
en cosas, y la pol=EDtica que se transmite a trav=E9s de ellos est=E1
sometida a la coacci=F3n que los medios ejercen sobre los fines.
Cuando o=EDmos la palabra violencia pensamos inmediatamente en la
violencia f=EDsica, esto es, en la aplicaci=F3n de m=E9todos violentos
para
imponer la voluntad propia. Pero tambi=E9n se ejerce violencia cuando se
falsea y tuerce la realidad hasta el punto de obligar a las personas a
actuar en contra de sus intereses. Se habla entonces de violencia
psicol=F3gica o simb=F3lica, esto es, de la capacidad para imponer la
validez de significados mediante signos hasta el punto de que otra
gente se identifique con ellos. Este tipo de violencia adopta
m=FAltiples formas, mucho m=E1s frecuentes que la violencia f=EDsica. Son
m=E1s sutiles, menos evidentes, indirectas. Adem=E1s, cuando se aceptan
d=F3cilmente los significados y valores de los poderosos no hay que
pagar sueldos, uniformes ni armas de un cuerpo represor m=E1s caro e
inc=F3modo.
El capitalismo necesita la dominaci=F3n psicol=F3gica del individuo y la
manipulaci=F3n de su conciencia. As=ED lo integra a su sistema de valores.
Mientras la gente acepte este sistema social no es necesario someterla
con polic=EDas, tanques ni ej=E9rcitos. Como la coacci=F3n abierta ser=EDa
inaceptable, y como s=F3lo una peque=F1a parte de la elite puede ser
sobornada con recompensas tangibles, el Estado tiene que convencer a
la inmensa mayor=EDa de los ciudadanos de la inevitabilidad y virtud de
sus acciones mediante la ideolog=EDa.
La manera m=E1s efectiva para ocultar los actos de violencia psicol=F3gica
y f=EDsica de un sistema social que genera angustias, incertidumbre por
el futuro, precariedad en el empleo, discriminaci=F3n de todo tipo,
etc., es crear un discurso que mantenga el miedo y haga creer a la
poblaci=F3n que no hay otra alternativa que la resignaci=F3n. Es decir, el
discurso de la mentira y del enga=F1o. Como ya apunt=F3 G. Orwell, los
actos de violencia pueden hacerse m=E1s aceptables mediante eufemismos
como =93seguridad=94, =93libertad=94, =93democracia=94, =93guerra
limpia=94,=
etc. El
lenguaje se convierte as=ED en una especie de placebo, la gente se
siente mejor. Pero las bombas mutilan los cuerpos sin distinguir si
son amigos o enemigos, ni=F1os o soldados.
Hay que intoxicar mucho las mentes para admitir que la guerra es una
acci=F3n humanitaria, que la destrucci=F3n de vidas y haciendas, el
envenenamiento de tierras y aguas con uranio empobrecido, el empleo de
napalm, agentes qu=EDmicos, bombas =93margarita=94, llamadas as=ED porque
arrasan una milla cuadrada sin dejar siquiera hierba, y tantas otras
armas de destrucci=F3n masiva aplicadas por los EE. UU, contra las
poblaciones de Jap=F3n, Vietnam, Yugoslavia, Afganist=E1n, Irak, etc., son
instrumentos de la libertad y la democracia. Para aterrorizar a la
propia poblaci=F3n con la amenaza del =93=E1ntrax=94, una bacteria que
puede=
curarse con un sencillo tratamiento de antibi=F3ticos.
La fascinaci=F3n de la violencia responde a la filosof=EDa del =E9xito
social a cualquier precio, del individualismo y ego=EDsmo primitivos
frente a la cooperaci=F3n y la solidaridad propias de la especie humana.
Lo que predomina en la pantalla, ya sea en los informativos o en la
ficci=F3n, es el derecho del m=E1s fuerte, no los ideales democr=E1ticos
de
igualdad y dignidad humana.
Donde rige la violencia no impera el derecho. Es posible que la
violencia simb=F3lica del derecho resulte la m=E1s fuerte, pero las leyes
las leen y ense=F1an muy pocos, mientras que millones y millones viven
diariamente la victoria del m=E1s fuerte en el marco de sus cuatro
paredes.
Por lo que respecta a los medios audiovisuales, la violencia se
presenta tanto en los programas de actualidad (boletines de noticias,
temas del d=EDa, documentales) como en los de ficci=F3n (series,
telefilmes y pel=EDculas). Los formatos de los informativos se
clasifican en abiertos o cerrados. Un formato es abierto cuando
proporciona espacio en donde se puede cuestionar y contestar la
perspectiva oficial y en donde se pueden presentar y examinar otras
perspectivas. Las ambig=FCedades, contradicciones y conclusiones o
posibles desenlaces generados en el programa quedan sin resolver.
Ejemplos: pel=EDculas individuales o documentales de autor. Un formato
es cerrado cuando opera dentro de los t=E9rminos de referencia
establecidos por la perspectiva oficial. Las im=E1genes, argumentos y
pruebas est=E1n organizados para converger en una sola interpretaci=F3n
preferida y se marginan o excluyen otras conclusiones. Ejemplos:
boletines de noticias, series de acci=F3n. Abierto y cerrado son
conceptos est=E1ticos en funci=F3n de que el programa ofrezca uno o m=E1s
puntos de vista.
Estas constricciones conducen a una forma de noticias que se presenta
como informe objetivo e imparcial del acontecer. Los boletines de
noticias (telediarios) tienden a presentarse en un estilo que oculta
el proceso de selecci=F3n y decisi=F3n que subyace tras la informaci=F3n y
que apenas deja margen para el comentario o la argumentaci=F3n. Las
opiniones que se presentan son casi siempre las de los detentadores
del poder en las principales instituciones: ministros y pol=EDticos de
los partidos mayoritarios; miembros destacados de la polic=EDa y de la
judicatura; dirigentes sindicales y de las organizaciones patronales;
portavoces de los grupos de presi=F3n y de intereses, como iglesias y
organizaciones profesionales. El resultado es que los boletines de
noticias y telediarios, que es la fuente exclusiva de informaci=F3n de
la mayor=EDa de la poblaci=F3n, constituyen una de las formas m=E1s
"cerradas=A8 de presentaci=F3n y opera por lo general en t=E9rminos de la
perspectiva oficial.
La mayor=EDa de las noticias sobre violencia las proporcionan las
autoridades y se refieren a las respuestas gubernamentales a la
violencia. Pero rara vez se explican los objetivos subyacentes de la
violencia, y casi nunca se justifican. No se discuten los motivos ni
las condiciones sociales que los provocan. La informaci=F3n se presenta
descontextualizada, esto es, incomprensible. Se ofrecen unas cifras,
pero se callan otras. As=ED, por ejemplo, el n=FAmero de muertes
provocadas por la violencia terrorista en Am=E9rica Latina entre 1968 y
1981 ascendi=F3, seg=FAn datos de la CIA, a 3.668. Pero se oculta que esa
cifra no es m=E1s que el 4% de los 90.000 "desaparecidos"
latinoamericanos durante el mismo periodo.
El lenguaje sigue siendo uno de los principales instrumentos de la
violencia simb=F3lica. Las palabras y los conceptos se utilizan
conscientemente para violentar la capacidad cognitiva de las grandes
masas de la poblaci=F3n, para confundir las mentes, y en =FAltima
instancia para imponer significados que se contradicen con la
realidad. Pi=E9nsese, por ejemplo, en el empleo de la "represi=F3n"
utilizada por el gobierno de Israel contra los palestinos y
justificada como "prevenci=F3n". La lista de ejemplos podr=EDa extenderse
ad nauseam . Baste recordar la discriminaci=F3n que se ejerce contra la
mujer a la hora de emplear las mismas palabras o conceptos a personas
de uno u otro sexo: fulano y fulana, hombre p=FAblico y mujer p=FAblica,
etc. Hasta el mismo Diccionario de la Real Academia de la Lengua
practica la violencia de g=E9nero en las definiciones de sus entradas.
El lenguaje importa, y c=F3mo lo utilizan los medios. Si se puede
violentar al p=FAblico, esto es, si se le puede persuadir hasta el punto
de que se identifique con los significados oficiales, se le puede
movilizar para que apoye y acepte la transferencia de fondos del
wellfare (bienestar) a la seguridad y al warfare (guerra), equivalente
al eslogan nazi de mantequilla por ca=F1ones.
S=ED, se requiere un uso perverso del lenguaje para hacer creer estas
cosas.
El t=E9rmino terrorismo merece menci=F3n aparte. Hoy no existe medio de
comunicaci=F3n escrito, radiado o televisivo que no hable de =E9l todos
los d=EDas. Ni pol=EDtico que no lo mencione en todas sus manifestaciones
p=FAblicas. Se trata de una palabra omnipresente en el discurso pol=EDtico
de estos =FAltimos a=F1os, hasta el punto de convertirse en objeto de la
pol=EDtica, de la acci=F3n militar y en obsesi=F3n p=FAblica. Hoy va
indisolublemente unido a las nociones de =93seguridad=94, =93libertad=94,
=93fundamentalismo=94 y otras.
En el lenguaje pol=EDtico existe desde la =E9poca del =93terror=94 de la
Revoluci=F3n Francesa. Pero no se puso de moda hasta la segunda mitad
del siglo XX, con los actos de violencia protagonizados por los
independentistas argelinos en Francia, por el Frente de Liberaci=F3n de
Palestina, el IRA, ETA, las Brigadas Rojas en Italia, la RAF en
Alemania, etc. Aunque tambi=E9n las organizaciones fascistas como la OAS
francesa, el sionismo, la CIA y el exilio cubano de Miami han llevado
y llevan a cabo acciones terroristas. El concepto de terrorismo se
suele asociar con la violencia de determinados grupos y organizaciones
radicales de izquierda o del fundamentalismo isl=E1mico contra el
Estado, o, mejor dicho, contra un determinado tipo de Estados, contra
lo que se denomina =93Occidente=94, =93sistema de vida occidental=94,
etc.,
encarnado en los EEUU, Inglaterra, Israel y sus amigos, por decirlo en
el lenguaje habitual.
Es en los EEUU donde se ha venido aplicando el t=E9rmino durante los
=FAltimos 50 a=F1os hasta allegar a la actual =93guerra al terrorismo=94
decretada por la actual banda de fundamentalistas que rige los
destinos de este pa=EDs y pretende regir los del resto del mundo.
Sin embargo no existe todav=EDa una definici=F3n clara de
=93terrorismo=94,
aunque todo el mundo cree saber qu=E9 es. El Diccionario de la Real
Academia de la Lengua lo define como =93dominaci=F3n por el terror=94.
Para
el Webster=92s es el =93uso sistem=E1tico del terror como medio de
coerci=F3=
n,
atm=F3sfera de amenaza o violencia=94. La definici=F3n que se aplica en la
llamada =93guerra mundial contra el terrorismo=94 es ambigua y
tautol=F3gica: terrorismo es lo que hacen los terroristas. Mas,
=BFqui=E9nes=
son los terroristas? Los que cometen actos de terrorismo, nos dicen.
=93Terrorismo es una barbarie moderna que llamamos terrorismo =93 (Georg
Shultz). =93Terrorismo es un ataque a nuestro modo de vida=94 (Donald
Rumsfeld). =93Terroristas son los enemigos de la libertad=94 (Congreso de
los EUA).
Los representantes de los 25 pa=EDses integrantes de la Uni=F3n Europea y
de otros 10 de la ribera sur del Mediterr=E1neo, reunidos en Barcelona a
finales de noviembre de 2005 en la Cumbre Euromediterr=E1nea, tampoco se
pusieron de acuerdo en una definici=F3n de terrorismo. El general Leonid
Ivashov, jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas rusas en el
momento de los atentados del 11-S, y que, por tanto, vivi=F3 los
acontecimientos desde dentro, discrepa radicalmente de sus colegas
yanquis. En la Conferencia Axis for Peace 2005 afirm=F3 categ=F3ricamente
que el terrorismo internacional no existe, y que los atentados del 11
de septiembre de 2005 fueron un montaje. No se trata m=E1s que de un
terrorismo manipulado por las grandes potencias, y no existir=EDa sin
ellas. En vez de fingir una =93guerra mundial contra el terrorismo=94,
ser=EDa mejor restablecer el derecho internacional y la cooperaci=F3n
pac=EDfica entre los Estados y sus ciudadanos, recomienda este general.
La histeria desatada tras los atentados del 11-S en Nueva York y
Washington, alimentada por el gobierno, sus =93expertos=94 y los medios
masivos de comunicaci=F3n ha cambiado los protagonistas del mal. Si
antes los malos eran los comunistas, los rojos, los j=F3venes rebeldes,
ahora es el fundamentalismo isl=E1mico.
Los ide=F3logos de esta =93guerra al terrorismo=94, guiados por la idea
del
=93choque de civilizaciones=94, entre el =93Oriente=94 isl=E1mico y el
=93Occidente=94 cristiano (sociedad capitalista) recurren al lenguaje del
terrorismo para encubrir la defensa del sistema y sus privilegios. No
parecen haber aprendido de la historia. En este sentido, la ret=F3rica
del terrorismo tiene mucho que ver con el lenguaje colorista utilizado
antes para designar a los enemigos del sistema: =93terror rojo=94,
=93peligro amarillo=94, etc. La noci=F3n de terrorismo se restringe a la
oposici=F3n a la pol=EDtica de los EEUU y sus aliados, que quedan as=ED
exentos de cometer ellos mismos actos terroristas. Una de las t=E1cticas
fascistas consiste en presentar las mentiras como verdades, los
asesinatos como respetables (selectivos).
Sin embargo, cualquier definici=F3n de =93terrorismo=94 puede aplicarse a
las acciones de los Estados Unidos. =BFEmpleo de la violencia para
conseguir fines pol=EDticos? Ah=ED est=E1 la guerra de Vietnam. =BFAyuda
mercenaria contra Estados soberanos y gobiernos democr=E1ticamente
elegidos? Ah=ED est=E1n la contra nicarag=FCense, las numerosas invasiones
y=
ataques militares contra M=E9xico, Rep=FAblica Dominicana, Cuba, Hait=ED,
Panam=E1, Granada, etc. Entre 1945 y 2003 los EEUU intentaron derrocar a
m=E1s de 40 gobiernos extranjeros y aplastar a m=E1s de 30 movimientos
nacionalistas. Durante ese periodo bombardearon alrededor de 25 pa=EDses
causando la muerte a varios millones de personas y condenando muchos
m=E1s a la agon=EDa y desesperaci=F3n. =BFViolencia de gobiernos contra su
propia poblaci=F3n? V=E9ase la represi=F3n de tantos dictadores entrenados
y=
apoyados activamente por los EEUU. =BFViolencia contra civiles
inocentes? Las 400.000 toneladas de bombas de NAPALM y los 11.200.000
galones (1 gal=F3n =3D 4,5 litros) de agente naranja lanzados en Vietnam
siguen matando. Seg=FAn la agencia Reuter, los militares usamericanos
que arrasaron Faluya urgieron a la poblaci=F3n civil a que abandonase la
ciudad. Pero a continuaci=F3n pregonaron que su objetivo eran todos los
varones entre 18 y 45 a=F1os de una poblaci=F3n de 100.000 habitantes.
=BFEs=
esto terror? Se cort=F3 el abastecimiento de agua a Faluya, Tell Afar y
Samarra, a 750.000 civiles en total. =BFEs esto terror? La cantidad a=FAn
desconocida de bombas de uranio empobrecido arrojadas en Yugoslavia e
Irak, de racimo en Afganist=E1n, de f=F3sforo blanco en Faluya, y as=ED
sucesivamente, no s=F3lo destruyen vidas humanas, sino que tambi=E9n
esquilman bosques, tierras y aguas. De bombardeos tipo carpet bombings
se acus=F3 precisamente al mariscal Goering en los procesos de
Nuremberg, adem=E1s de ser una violaci=F3n de la IV Convenci=F3n de
Ginebra,=
Protocolo I, de 1947.
Seg=FAn los medios dominantes, los terroristas son =93cobardes=94,
calificativo que no se ajusta a hombres y mujeres que sacrifican
voluntariamente sus vidas por sus ideales. Por eso hay que fumigar sus
madrigueras para sacarlos a la luz del d=EDa y exterminarlos como si
fuesen ratas. O =93desecar los pantanos donde viven como si fuesen
reptiles=94 (Rumsfeld). De nuevo el simbolismo vertical de los valores.
Arriba el bien (nosotros), abajo el mal (ellos). S=F3lo los de arriba,
superiores en inteligencia (luz), moral y fuerza, pueden vencer a los
de abajo, inferiores, en las tinieblas, arrastrados, y d=E9biles. Los
seres superiores, siempre erectos, descargan su furia desde arriba,
desde el cielo. Cabe que sus acciones provoquen alg=FAn mal menor. Como
la limitaci=F3n de las libertades individuales, los asesinatos
pol=EDticos, el derrocamiento de gobiernos, la tortura, la contrataci=F3n
de criminales, el mill=F3n de iraqu=EDes muertos por los efectos de la
guerra, esto es, las enfermedades debidas a la destrucci=F3n de las
plantas potabilizadoras, los hospitales, las centrales el=E9ctricas, la
falta de alimentos y medicinas, etc. Eso son =93da=F1os colaterales=94.
La violencia salvaje, t=EDpica del poder totalitario, deja su impronta
en el lenguaje de los militares yanquis. As=ED, el general de los
marines John Sattler afirma que la ofensiva contra Faluya =93ha partido
los ri=F1ones a los insurrectos=94, expresi=F3n que ya pronunci=F3
Mussolini=
a
prop=F3sito de Grecia. He aqu=ED algunos nombres dados a sus operaciones
militares:
=93Tormenta del desierto=94, durante la cual enterraron vivos a 300.000
soldados iraqu=EDes en la primera Guerra del Golfo.
=93Cortina de acero=94, operaci=F3n militar durante la segunda semana de
noviembre de 2005, para sellar la frontera con Siria y destruir los
pueblos y aldeas de la misma, par=E1frasis del =93tel=F3n de hierro=94
empleada por Churchill tras la II Guerra Mundial.
Sus bases llevan nombres como =93Campo Asesino=94, =93Campo de los
Cazadores=
de Cabezas=94,=94Base de Operaciones Avanzadas Drag=F3n de Acero=94,
=93Operaci=F3n Rel=E1mpago=94, =93Operaci=F3n Matador=94, =93Brigada del
Lob=
o=94,
=93Escuadrones de la Muerte=94, etc.
El colmo de esta perversi=F3n lo manifiesta el Pent=E1gono cuando califica
de =93acto de guerra=94 el hecho de que tres de los encarcelados de
Guant=E1namo se suiciden al no poder aguantar las torturas a los que
llevan sometidos desde hace varios a=F1os, o el sarcasmo cruel de los
sionistas de Israel cuando descargan los obuses de su aviaci=F3n contra
unos ni=F1os palestinos que juegan en su trocito de playa y lo
justifican con la falacia de que el ob=FAs asesino no era suyo. =BFQui=E9n
lo puso entonces en el avi=F3n y qui=E9n apret=F3 el gatillo?
El lenguaje militar penetra todas las acciones y programas
gubernamentales. La expresi=F3n guerra a=85 se ha convertido en un
comod=EDn=
de las campa=F1as pol=EDticas, sobre todo en =E9poca de elecciones
La =FAnica guerra a la pobreza consiste en cambiar las condiciones que
la crean, cambiar el modo de vida, de despilfarro, de pensar, de
distribuir la riqueza. Todo esto se opone a la guerra.
Puede decirse que la econom=EDa mundial, organizada seg=FAn las
necesidades del gran capital, es el =FAltimo productor de terror para
poblaciones enteras a lo largo y ancho del planeta. =BFHay algo m=E1s
aterrador que el hambre y la desesperanza?
Los llamados medios de comunicaci=F3n de masas apenas mencionan estos
hechos, sobre todo los usamericanos. De ah=ED que su pueblo sea uno de
los peor informados del mundo. El 11 de septiembre de 2001, fecha de
los terribles atentados de Nueva York y Washington, donde murieron
3.000 personas ocurrieron tambi=E9n estas cosas que recopil=F3 y public=F3
poco despu=E9s un grupo anarquista brasile=F1o:
35.615 ni=F1os murieron de hambre (datos de la Fao), =BFd=F3nde?, en los
pa=EDses pobres.
Programas especiales de TV: ninguno
Art=EDculos de peri=F3dicos: ninguno
Mensajes del presidente: ninguno
Actos solidarios: ninguno
Minutos de silencio: ninguno
Duelos por las v=EDctimas: ninguno
Foros organizados: ninguno
Mensajes del papa: ninguno
Cambios en las acciones de la Bolsa: no les preocup=F3
Euro: sigui=F3 su camino
Nivel de alerta: cero
Movilizaciones del ej=E9rcito: ninguna


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