Las verdaderas razones **** las que Chávez rompió con las FARC
“Al alejarse de las FARC, no es que Chávez está renunciando a
involucrarse en los asuntos internos de Colombia, sino que se dispone a
hacerlo con otros pretextos, otras acciones y otros aliados”. Asi lo
dice el análisis de Manuel Malaver de esta semana en La Razón.
No parecían cosas de Chávez, pero lo dijo **** todo el cañón: la
guerrilla y las FARC pasaron de moda en América latina y el mundo, y si
a la primera le toca desaparecer como forma de lucha, a la segunda no le
queda otro camino que disolverse y empezar a transitar las vías legales,
electorales y democráticas.
Confesión, tanto más sorprendente, cuanto que venía del mismo
“revolucionario” que en diciembre pasado había pedido el status de
beligerancia para la organización guerrillera, que habló de reunirse con
Marulanda para discutir las nuevas fronteras del subcontinente, y a
principios de marzo guardó un minuto de silencio en honor del
comandante, Raúl Reyes, muerto en territorio ecuatoriano durante un
ataque del Ejército neogranadino.
Pero hubo más, mucho más: Chávez se involucró abusivamente en la
política interna de Colombia al instalar en la cancillería venezolana y
el palacio de Miraflores a miembros del secretariado de las FARC como el
jefe de Bloque del Noroeste, Iván Márquez, convertir a la senadora
Piedad Córdoba en una ****tavoz oficial de su gobierno en las
negociaciones para el logro de un canje humanitario y auspiciar un
intenso tráfico para que guerrilleros, agentes de inteligencia y
representante de las FARC no hicieran distinciones entre el territorio
nacional y el del vecino país.
Recordemos que hubo un momento en que llegó tan lejos en esta
dirección, que el propio presidente Uribe le recriminó públicamente que
se comunicaba, o intentaba comunicarse, vía celular, con los generales,
Freddy Padilla y Mario Montoya, comandante de las Fuerzas Militares el
primero, y comandante del Ejército el segundo, “para alebrestarlos”.
“Venezuela limita al suroeste y al noroeste, no con el estado
colombiano, sino con las fuerzas insurgentes de Colombia, que tienen
otro Estado, que tienen leyes propias, que las aplican y las hacen
***plir”, dijo el 4 de febrero pasado con motivo del 16 aniversario de
la intentona golpista que dio inicio a su carrera política y, conteste
con ello, proclamó su voluntad de establecer una alianza política y
militar con las fuerzas que comandaba Marulanda con miras a derrocar al
gobierno del antioqueño, expulsar a los imperialistas yanquis de
Colombia, y llevar a cabo una revolución socialista siglo XXI que
condujera, a su vez, a la restauración de la Gran Colombia,
Delirio que alcanzó el paroxismo cuando, muerto, Raúl Reyes, en la
frontera colombo-ecuatoriana, Chávez y su aliado de aquel momento, el
presidente de Ecuador, Rafael Correa, acusaron a Uribe de violar la
soberanía de ese país, lo denunciaron ante la OEA con miras condenar su
gobierno y expresaron su decisión de remover cielo y tierra si no se les
ofrecían “satisfacciones”.
Y para revelar que no hablaba en broma, Chávez, ordenó que hasta 10
batallones del ejercito venezolano se movilizaran hacia la frontera en
previsión, tanto de que Venezuela pudiera ser objeto de un ataque
similar, como que de la escalada de insultos, denuncias, ataques y
agresiones se pasara a un rompimiento de hostilidades.
Las preguntas son: ¿Qué ocurrió para que a 6 meses de iniciada la
crisis -y mientras parecía difícil una solución definitiva y se alejaba
la perspectiva de una normalización de relaciones-, el revolucionario
bolivariano cruzara la raya y sostuviera urbi et orbi que la guerrilla
ya no es viable y que las FARC deben disolverse para integrarse a la
vida democrática, electoral y civil?
¿Qué lo llevó a concluir en forma tardía, pero concluir al fin -y
después de comprometerse en el apoyo a una organización terrorista
acusada de crímenes contra la humanidad, y con la cual planeó derrocar
al gobierno de Uribe, expulsar al imperialismo de Colombia, construir el
socialismo y restaurar la Gran Colombia- que se trataba de una alianza
poco menos que inútil, costosa y en dirección contraria a la revolución
colombiana y venezolana, sin futuro, y **** tanto, condenada a ser
derrotada o extinguirse?
¿Fue Chávez engañado **** las FARC, lo manipuló y trasquiló a cambio
de nada, lo trajinó a sus anchas en el tema de la liberación de los
rehenes que Chávez tanto necesitaba para ampliar su influencia en el
continente, aspirar al Premio Nóbel de la Paz y demostrar que pasaba a
ser un factor indesechable en la solución de los grandes problemas
continentales y mundiales?
¿Se le ocultó información en lo relativo a la verdadera situación
política y militar de las FARC, y que, no era solo que no podía
plantearse objetivos para la toma del poder, sino que estaba a punto de
sufrir traumáticas y demoledoras derrotas?
Incógnitas, más que preguntas, que no se resolverán desde un solo
ángulo, y que necesitan más tiempo y nuevos datos para permitirnos salir
del laberinto de las relaciones Chávez-Uribe primero, y de las
relaciones Chávez-Marulanda después.
Y que en muchos sentidos se condicionan, pues sin Chávez es posible
que el fin de la tragedia colombiana se hubiera retardado, sin Marulanda
lo más seguro es que Uribe no hubiera sido electo para un segundo
período, y sin Uribe, Marulanda no estaría muerto, ni Chávez
experimentando una reducción dramática de su influencia internacional y
el riesgo de verla reducida aun más en el ámbito venezolano, **** cuanto
se da **** descontado que perderá las elecciones para alcaldes y
gobernadores de noviembre próximo.
Lo cierto, sin embargo, es que el primer retroceso de Chávez fue
durante la XX Asamblea del Grupo de Río en Santo Domingo, República
Dominicana, cuando el presidente, Leonel Fernández, propuso una
resolución para que los países en conflicto, Venezuela, Ecuador y
Colombia, iniciaran conversaciones para liquidar sus diferencias y
volvieran a las relaciones normales de siempre.
Y el primero en acoger, celebrar y firmar la resolución fue,
Chávez, quien, aparte de correr a abrazarse con Uribe, pasó a
convertirse en un campeón del esfuerzo para que el subcontinente
regresara a la agenda política y económica de rutina.
Exaltación que, cómo se produjo en circunstancias en que Uribe
estaba amenazando con denunciar a Chávez en la Corte Penal Internacional
**** “complicidad con un grupo terrorista”, en tanto se daban a conocer
los archivos encontrados en el computador de Raúl Reyes, dio lugar a la
especie de que el cambiazo del líder bolivariano vino **** la vía de
ganarse a Uribe para que suspendiera la acusación y congelara lo
relativo a la publicación de unos do***entos que ponían en evidencia sus
planes últimos y estratégicos con relación a Venezuela. Colombia, los
Estados Unidos, la revolución y el continente.
Una hipótesis que se vio desmentida **** el hecho de que, si bien
Uribe retiró la acusación del Tribunal de La Haya, ha continuado
publicando los archivos, y sin que Chávez lo haya tomado como pretexto
para romper y reenfrentar a su par colombiano.
Pero lo más significativo, es que el tema de las computadoras, no
ha restringido a Chávez en su reacercamiento a Uribe y su
distanciamiento de las FARC, como acaba de revelarse con el consejo a
favor de la disolución de la organización guerrillera y el anuncio de
que los presidentes se reunirán a más tardar en julio próximo.
Todo lo cual obliga a pensar que fueron otras las causas del
cambiazo y que las mismas podrían encontrarse en el convencimiento de
Chávez de que las FARC no tienen vida mientras Uribe esté en el poder,
de que en efecto las está derrotando, que han perdido toda capacidad
operativa e im****tancia estratégica y lo que queda es ayudarlas a bien
morir.
Para corroborarlo, lo que sucedió durante los meses en que Chávez
decidió apostar con todo a la guerrilla, pero sin que pudiera evitar la
muerte de 5 de sus más im****tantes comandantes( Raúl Reyes, el Negro
Acacio, Iván Ríos, Martín Caballero y Jota Jota), la prisión o deserción
de otros tantos de sus jefes como la comandante Karina y Martín Sombra y
la presión y hostigamiento del ejército contra algunos frente que harán
inevitable la caída de Alfonso Cano, Grannobles y el Mono Jojoy en
cuestión de meses, si no de semanas.
De modo que el momento no estaría indicando sino que sonó la hora
de acercarse y apoyar a la izquierda civilista, democrática y electoral
colombiana, la que se agrupa en el Polo Democrático Alternativo que
encabezan líderes como el alcalde mayor de Bogotá, Samuel Moreno Rojas,
el exalcalde, Luís Eduardo Garzón, el excandidato presidencial, Carlos
Gaviria Díaz, los parlamentarios Gustavo Petro y Germán Reyes, y el
gobernador Antonio Navarro Wolf, que se confiesan chavistas **** cuanto
dicen que el venezolano abrió el camino para que la izquierda tomara
democráticamente el poder y se preparan a luchar en las próximas
elecciones para cerrar el paso al continuismo de Uribe.
Y que antes de Chávez la semana pasada, dicen que los tiempos de
las FARC ya pasaron, que obstaculizan el ascenso al poder de la
auténtica izquierda colombiana, y deben, **** tanto, disolverse,
civilizarse y convertirse en un partido político.
De modo que, al alejarse de las FARC, no es que Chávez está
renunciando a involucrarse en los asuntos internos de Colombia, sino que
se dispone a hacerlo con otros pretextos, otras acciones y otros aliados.
Mientras tanto, encuentra tiempo para empeñarse en una nueva guerra
interna, nacional: la de derrotar a la oposición en las elecciones de
noviembre.
Ojalá esta sea su última derrota antes de abandonar el poder.
**** qué Chávez rompió con las FARC
Manuel Malaver
La Razón
Publicado en: http://www.noticias24.com/actualidad/?p=15218


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